Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Violación
Leonardo Girondella Mora
3 mayo 2005
Sección: DERECHOS, Sección: Análisis
Catalogado en:


En septiembre de 1994, Wendy McElroy, una mujer violada, publicó un artículo en la revista LIberty bajo el titulo “The new mithology of rape. No woman is safe when personal responsability is undermined.”

Los conceptos de McElroy, a 11 años de distancia, son necesarios de recordar en latitudes en las que lleva ya tiempo de promoción la idea de la que ella trata. En este análisis usaré los conceptos de McElroy y su orden de exposición, y haré comentarios propios.

La razón de ser de mi análisis está en exponer la causa por la que creo que un pequeño segmento de mujeres activistas del feminismo ha equivocado su punto de partida en el análisis de la situación de la mujer actual.

Concretamente me refiero al tema de la violación, una falta aborrecible cuya definición ha sufrido una muy desafortunada distorsión —de tal tamaño que ha dejado de ser entendida como lo que en realidad es.

Los 60, los 70 y los 80

En los años 60 pudo ya hablarse abiertamente de violación, un tema oculto antes, pero abierto a partir de ese entonces. Agradablemente, esos años quitaron de las mentes la idea de que sólo a las chicas malas les podía suceder eso.

Las mujeres, todas, estaban expuestas a ese peligro, que provenía de seres trastornados que no eran fácilmente reconocibles en la primera impresión. Esta compasión por las mujeres que pasaban por el trance de haber sido violadas les ofreció ayuda y apoyo.

La autora del artículo hace referencia a esto y, habiendo sido ella misma una víctima, señala que supo asimilar la idea de que no había sido su culpa. Todo muy bien. Los años 60 abrieron el tema y lo hicieron adecuadamente, entendiendo a la violación como lo que es. Pero las cosas fueron diferentes en las dos décadas siguientes.

La violación fue considerada de otra manera muy distinta. Ya no era un terrible ataque de una persona sobre otra —la violación se politizó y se le colocó como un concepto que explicaba las relaciones de dominio de los hombres sobre las mujeres.

Un texto de las New York Radical Feminists (citado en “Rape: the first sourcebook for feminists” de Mary Ann Manhart) llegó a decir que

“… El hombre siempre está intranquilo y se siente amenazado por la posibilidad de que las mujeres un día reclamen su completo derecho a la existencia humana, por lo que él ha encontrado formas de esclavizarla, mediante la familia, que la ata a él como mujer y madre de sus hijos…”

El cambio es notable en la definición de la idea de una violación.

De ser un acto negativo cometido por una persona sobre otra, en esos años se convirtió en una confabulación social que entendía a la familia misma como un arreglo maquiavélico que significaba la violación de la mujer. El texto citado continúa con

“… Él la ha mantenido débil y dependiente, forzándola a trabajar cuando necesitaba su labor, aislándola (física y mentalmente) y, como prueba final del poder masculino y de la degradación femenina, como una posesión, una cosa, un pedazo de carne, él la ha violado.”

La alteración del concepto de violación era total, lo que ese texto confirma al decir a continuación que “El acto de la violación es la expresión lógica de la relación esencial existente ahora entre los hombres y las mujeres.”

La violación ya no era un crimen cometido por un individuo contra otro y quiso convertirse en un concepto para ser usado en el análisis de las relaciones entre todos los hombres y todas las mujeres.

La autora del libro citado es clara al respecto cuando habla de una transformación revolucionaria que

“significa una transformación de la familia, del sistema económico y de la psicología de los hombres y las mujeres, de manera que la explotación sexual junto con la explotación económica se vuelva imposible e incluso inimaginable.”

Las similitudes con los programas marxistas son asombrosas. Así como la lucha de clases explicaba relaciones económicas y llevaba a un futuro inevitable, ahora la violación había sido convertida en un concepto de lucha también, de lucha contra la explotación que todos los hombres hacían de todas las mujeres.

El detestable crimen que convertía en víctima a una persona individual había sido convertido en un concepto de lucha revolucionaria que debía cambiar la estructura entera de la sociedad —con la familia entendida como un instrumento de explotación.

El conflicto de clases sociales, era ahora el choque de las clases sexuales —los hombres considerados como una clase social perpetuaban su dominio sobre sobre otra clase social, las mujeres.

Eso era la violación y no su definición tradicional. La modificación tuvo sus fuertes consecuencias. El cambio sufrido en la definición del término violación es portentoso y, probablemente, no percibido como tal —un delito castigado por la ley ha sido trasformado en un concepto que llama al cambio de la sociedad entera.

3 reclamos y sus críticas

En la parte siguiente de su artículo, McElroy usa las ideas de Susan Brownmiller en su libro muy influyente “Against our will” en el que se sostiene precisamente la noción señalada: el mecanismo de dominación de un sexo sobre otro es lo que se llama violación, desde los tiempos de Neanderthal.

Brownmiller sostiene tres puntos a los que la autora critica.

• El primero de ellos es indicar que la violación es un brazo del patriarcado. Es decir, la violación es la opresión sobre las mujeres y no hay mucho más qué decir al respecto, por lo que sería absurdo intentar hacer estudios analíticos acerca de los motivos de la violación —sólo puede haber uno, el del dominio y deseo de someter a la mujer.

Sería disparatado intentar explicar a la violación por motivos como el consumo excesivo de alcohol, o una mente enferma, o una personalidad violenta. Ninguna de esas explicaciones vale —la causa ha sido determinada por anticipado, es el deseo de dominio de todos los hombres sobre todas las mujeres.

La posición es insostenible. Un simple examen de sentido común encontrará que existen multitudes de posibles causas de otros delitos, como el asesinato por ejemplo.

Las personas pueden matar por dinero, por amor, por celos, por arrebatos, por envidia —las violaciones son igualmente complejas en sus motivos y eso no puede ignorarse. ¿Es razonable quitar de la lista de motivaciones al placer sexual como causa de violaciones para sólo enfocarse a un deseo de dominio de una clase social sobre otra?

La simplificación es tan extrema que resulta ridícula. Por irracional que parezca, la idea penetró y aún quedan fuertes remanentes de ella. Pocas personas reaccionarán en contra de quienes afirmen en “estos días que la cultura actual está llena de demostraciones de motivación ideológica que promueven climas intencionales de hostilidad sexual cuyo último fin es el imperio de un género sobre otro, lo que constituye una cultura de violación sistemática”— como escuché no hace mucho en un soberano ejemplo de basura académica.

La consecuencia de pensar así es terrible, pues al descuidar un análisis racional de un abominable acto de agresión todo lo que se logra es dejar libres a los verdaderos culpables y con eso elevar los riegos de violación.

• El segundo de los puntos es la aseveración de que se ha construido una psicología masiva de violación a las mujeres por parte de los hombres —equivale a señalar una culpa colectiva, algo muy del gusto marxista, y que acusa a todos los hombres sin excepción de ser violadores.

Sí, ésa es la aseveración hecha en realidad: todos los hombres son violadores y no hay excepciones, como bien se demuestra en la historia desde las épocas de las cavernas. Las estadísticas vienen a cuento en este punto.

¿Pueden ser realmente todos los hombres violadores reales? Las cifras del FBI presentadas por McElroy indican que una de cada cuatro mujeres en EEUU será víctima de violación o intento de violación para cuando lleguen a los 25 años.

Lo que la autora señala es que aún así, con esas cifras, eso significa que no todos los hombres son violadores, incluso contando que cada violación es producida por un hombre diferente —lo que es falso, pues hay violadores en serie.

Aún así, con pruebas que demuestran que al menos el 75% de los hombres no son violadores, se insiste en ello, asegurando que sus agresiones se cometen sin tener conciencia.

• El tercer punto es el de aseverar que la violación es parte de la vida normal. La norma es que existan violaciones en todo momento. La conclusión es obtenida de manera muy cuestionable, pues estudiando períodos de guerra y violencia, cuando existen violaciones en gran número, se saca la conclusión de que eso es lo normal en tiempos de tranquilidad y paz.

Redefinición de violación

La transformación del concepto equivale a una redefinición que hacer ver a la actividad sexual como una violación. En el libro “The psychology of the rapist and his victim” de Lilia Melani y Linda Fodaski, citado por McElroy se dice que

“Una vez que aceptamos la relación de agresión y sumisión; una vez que reconocemos la fuerza o lucha como una parte integral del cortejo sexual (como en una batalla de los sexos) se concluye que el acto sexual en sí mismo es solamente una expresión menos enfática de todos los elementos que forman la violación criminal.”

Ahora, es claro, el acto sexual en sí mismo es una violación, independientemente de la voluntad de las partes. Todo lo que rodea al acto sexual y que tiene la posibilidad de “lastimarla o degradarla” durante el acto e incluso “después”, como dice Liz Kelly en “Surviving sexual violence”, citada por la autora, es una violación.

En otras palabras, el mero arrepentimiento de la mujer posterior a una acción voluntaria indicaría la existencia irrebatible de una violación. Bajo esta redefinición, el sentimiento subjetivo de ser amenazada es suficiente para calificar a cualquier acción como una violación —ya no será necesario demostrar resistencia o mostrar señales de golpes, lo único que basta es el sentimiento subjetivo y personal.

Esto es lo que ha hecho cambiar las palabras y utilizar el término abuso, no la palabra violación. Y cualquier trato podrá entonces ser considerado abuso. La distinción debe ser enfatizada. Una violación es la realización de un ataque sexual sobre una persona que se rehusa a ese acto y se le obliga por la fuerza o con amenazas a realizarlo.

Claramente una de las partes rechaza la acción y esa acción se refiere al acto sexual. Hay una gran diferencia real entre usar la fuerza y las acciones seductoras que puede incluir una relación entre hombre y mujer, las que pueden terminar en un acto sexual voluntario por ambas partes —negar la distinción entre fuerza y consentimiento es ridículo y se reduce a un sencillo “sí o no” por parte de la mujer en este caso. Pensar así tiene consecuencias y no son positivas.

A las mujeres se les crea una mentalidad alejada de la realidad, por la que no saben distinguir lo que es una violación de lo que no lo es. Les produce una mentalidad en la que cualquier gesto o palabra o movimiento corporal puede ser interpretado por ellas como una agresión sexual —un abuso del que fueron inocentes víctimas.

También, se les produce una mentalidad en la que ellas perciben que nada de lo que ellas hagan produce un riesgo de violación —pueden comportarse, vestirse y hablar de cualquier manera ignorando que este es un mundo imperfecto en el que los riesgos existen.

Más aún, se les crea a las mujeres la noción de que todos los hombres son de un sólo tipo y que desean una misma cosa, de que en ellos no hay cabida a sentimientos de amor, compasión o amistad. Y además, se impide el análisis de la conducta de los violadores, lo que produce que conozcamos menos del tema y estemos en una posición de desventaja para combatirlo.

Otra consecuencia de este cambio de sentido en lo que constituye una violación es una serie de artículos, escritos y análisis en extremo absurdos, que se recrean produciendo conceptos de análisis que explican situaciones de abuso sexual o explotación machista.

Esta redefinición ha caído en terreno fértil, en mentes que han acomodado a la conducta machista latina como una expresión de actos de violación e intentan explicar cualquier conducta como una manifestación oculta de machismo reprimido, inconsciente, de los hombres como una clase social.

La posición llega a extremos que son extravagancias intelectuales. Por ejemplo, en una situación de oficina, en la que una mujer pide una opinión a un hombre acerca de un trabajo realizado por ella y ante la que el hombre puede tener varias reacciones.

• Decir que es un trabajo que tiene errores y que debe ser corregido.

• Decir que es un trabajo bien hecho y que no necesita correcciones.

• Decir que no puede revisarlo ahora por falta de tiempo.

En las tres opciones se pueden encontrar interpretaciones machistas.

Señalar errores podría interpretarse como un ataque que se propone mostrar la inferioridad femenina. Señalar que es un trabajo bien hecho podría verse como una reacción en la que no hay críticas y que eso se debe a que siendo un mal trabajo no se esperaría más de una mujer. Y decir que no se dispone de tiempo podría ser percibido como una acción de indiferencia ante las mujeres.

No hay escapatoria posible ante esta forma equivocada de entender las relaciones entre hombres y mujeres. Pero la peor de la consecuencias es una mencionada antes, la anulación de la posibilidad de analizar el tema de manera racional.

Algunas de las activistas simplemente se limitan a argumentar que existe discriminación contra la mujer porque no hay igual cantidad de mujeres que de hombres en alguna profesión —reclaman ellas que para no haber discriminación debería haber igual número de personas de cada sexo.

La explicación de esa realidad es sectaria: se debe a discriminación consciente e intencional y con eso se evita la opción racional de un estudio con criterios científicos al respecto. En terrenos médicos esto es el equivalente de negar la investigación de virus y bacterias para limitarse a decir que todo es un complot de la naturaleza.

Es, como se ha dicho, la conversión de un delito abominable en un asunto político que se une a una agenda política que persigue un cambio revolucionario al estilo marxista, usando a la lucha de los sexos como elemento de entendimiento de la sociedad y la historia.

La violación no es nada de eso, es una acción que se caracteriza esencialmente por la existencia de fuerza o coerción usada por una persona individual sobre otra persona individual.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras