Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Las Decisiones Lógicas
Eduardo García Gaspar
20 enero 2005
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hay cerca de un centenar de empresas de América Latina listadas en la Bolsa de Valores de Nueva York. Recientemente dos de ellas han decidido salir de ese mercado. Desc e Imsa. Muchas razones puede haber de ello. Una, sin duda es el costo de mantener la cotización en esa bolsa, que es de varios millones de dólares al año.

Otra puede ser la de ahora mejores condiciones nacionales. También, puede deberse a leyes más complejas acerca de reportes y operaciones. Para esas dos empresas, en pocas palabras, fue de mayor conveniencia estar fuera de esa bolsa de valores, como también lo ha sido para otras el sencillamente salirse de toda bolsa, entrar a ellas.

Decisiones como las de esas dos empresas o decisiones totalmente opuestas de otras compañìas muestran el gran secreto de los mercados voluntarios. Detrás de esa breve noticia y detrás de la visita que esta semana usted haga a un supermercado, está el milagro diario del que rara vez nos damos cuenta: los enormes logros que se tienen cuando las personas se comportan de manera espontánea y persiguen sus propios fines.

Porque al final de cuentas el que usted quiera obtener un ingreso es lo que hace posible que otro también (insisto, también) se beneficie. Observar un centro comercial, como Las Condes en Santiago, o como Valle Oriente en Monterrey, es estar en presencia de una maravilla que damos por descontado.

Hay allí, miles de bienes y servicios, disputando la preferencia de los clientes y elevando el bienestar de quienes hacen intercambios, es decir, compra-ventas.

La coordinación de actividades para colocar, por ejemplo, una camisa en una tienda es un milagro diario. Basta pensar en la cantidad de actividades que han tenido que realizarse para hacer posible que esa camisa llegue allí, quizá desde Sri Lanka. P

iense usted en la tela nada más, en el algodón cultivado que se convirtió en hilo que fue tejido; las máquinas que hicieron posible eso; las maquinas que hicieron esas máquinas; los metales que fueron extraídos para hacer esas máquinas; los transportes de hilos, tijeras, botones, lo que usted se le ocurra.

Usted lleva puesta una maravillosa muestra de coordinación de trabajos de miles de personas diferentes que de seguro no se conocen entre sí. Pensar en estas cuestiones se lo debemos a Adam Smith, su obra, y las ideas de personas anteriores a él, como los escolásticos tardíos españoles. En los mercados que vemos a diario sucede lo mismo que en los mercados de valores.

¿Quién fija los precios? Nadie en particular, sino los compradores y vendedores que se ponen de acuerdo. ¿Quién gana? Ambos. Sí, los dos ganan. Usted termina con la camisa que quiere y el vendedor con el dinero que desea, para luego hacer lo que quiera con ese dinero, tal vez comprar varias cervezas. Unos salen de los mercados, como esas dos empresas. Otros entran.

Todo sucede sin parar, sin una dirección establecida por alguien en particular. Así es que se crea y tiene éxito el iPod de MacIntosh, aceptado por millones; al igual que se sufren fracasos como Newton, la computadora manual de esa misma empresa, hace varios años.

Toda esta maravilla sucede porque tomamos decisiones lógicas, que son las que creemos mejores para nosotros en lo personal. Pueden ser decisiones de comprar un buen vino argentino en México, o bien donar dinero para las víctimas de Asia.

Los mercados son mecanismos o procesos muy finos y elaborados, basados en pocas reglas muy sencillas, como el actuar libremente y el respetar leyes de sentido común. Un mercado espontáneo produce maravillas, pero es frágil y delicado. No acepta intromisiones sin consecuencias graves. Por eso llama mucho la atención esa tendencia de las autoridades gubernamentales para entrar a “mejorar” lo que no conocen.

Una tendencia, por cierto, que es causa central de la situación en América Latina. Los gobiernos de esta región, mucho me temo, no han leído los libros adecuados. ¿Quién sino esas mismas empresas para decidir su retiro de esa bolsa? ¿Quién sino usted mismo es el mejor para decidir qué comprar y vender?

Cuando las autoridades piensan que ellas pueden tomar mejores decisiones que usted, ese maravilloso mercado espontáneo que producía riqueza deja de hacerlo y necesariamente se convierte en un monstruo que produce lo contrario, pobreza.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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