Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Milagros
Eduardo García Gaspar
24 marzo 2005
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Nuestros tiempos han sido calificados de materialistas y sin embargo, con periodicidad aparecen reportes de sucesos que son calificados de milagrosos. La palabra milagro tiene muchas posibles interpretaciones.

Podemos usarla para describir un suceso en extremo poco probable, como ganar la lotería estatal. Con la palabra es posible expresar sucesos portentosos, prodigiosos, extraños y en general, poco frecuentes. Uno de esos usos es el religioso, cuando un suceso es atribuido a la intervención de Dios.

Dios mismo entra en nuestras vidas y realiza un acto que es difícil de comprender, por ejemplo, sanando a alguien a quien los médicos han dado un diagnóstico terminal. La actitud ante los milagros varía dependiendo de la mentalidad y las creencias personales.

Si una persona no cree en Dios, ni en ninguna divinidad, será alguien que lógicamente rehuse creer en los milagros. Creer en ellos significaría aceptar que Dios existe y eso no van con él.

Del otro lado, está el deísmo que, abiertamente o no, puede sostener la persona. En esencia el deismo implica creer en Dios, pero en uno alejado, que no se mete en nuestras vidas y al que no puede conocerse. Es igualmente lógico que esta persona no crea en los milagros, pues según ella, Dios no interviene en nuestra existencia.

Otra posición es la del teísmo, por la que sí se cree en Dios como un ser superior, el mayor de todos, que ama a sus criaturas, las oye y, sobre todo, está interesado en su creación.

El cristianismo es de esta manera de pensar por razones obvias: Cristo vino al mundo por amor a las personas. El teísta necesariamente cree en la posibilidad de los milagros como algo que sorprende pero que es natural que exista. Para él, sería imposible que los milagros no existiesen. Esto lleva a una paradoja.

Para el cristiano sería un suceso en verdad portentoso que los milagros no existieran. Y para el no creyente o el deísta sería algo inexplicable que ellos sucedieran. Para uno los milagros son parte de la vida y para otro sería milagroso que existieran.

No importa cómo lo entiendan cada uno de ellos, un milagro es algo que percibimos con nuestros sentidos y que no podemos explicar por medios usuales, accesibles a la razón.

Por eso es que los milagros deben ser examinados extensivamente. Nuestros sentidos nos pueden engañar con facilidad. Algún creyente con grandes deseos puede ver milagros donde no existen y un no creyente aunque los vea, los negará.

Nuestra mente, más aún, buscará explicaciones, uno para aceptarlos sin límite y otro para negarlos con cualquier explicación. No es un terreno fácil. La cosa se complica con otra variable.

Si Dios creó al mundo bajo ciertas leyes físicas, biológicas, químicas, un milagro puede entenderse como la violación de esas leyes y argumentarse que Dios no puede violar las leyes que él mismo ha creado.

Este argumento es muy usado para negar los milagros y ha convencido a muchos. Sin duda es de peso, pero tiene una falla, pues supone que tenemos un conocimiento perfecto de esas leyes de la creación, cosa que es fácilmente demostrable como falsa.

Nuestro conocimiento de la naturaleza es imperfecto sin duda y no puede concluirse que los milagros son imposibles por esta razón. C. S. Lewis trata el tema admirablemente con un ejemplo de los evangelios, el del agua convertida en vino. ¿Contradice eso las leyes químicas?

El agua riega la tierra, en la tierra crece la uva, con la uva se hace vino. Jesucristo en su primer milagro siguió ese mismo proceso, aunque lo hizo en un instante. ¿Lo podemos entender completamente?

No lo creo. Pero podemos creerlo o no. Es una opción personal. Mi punto aquí es simple. No descartemos la posibilidad de los milagros sobre bases endebles como nuestro nivel de conocimiento. No lo conocemos todo para asegurar que no existen.

Y, la verdad, no son sucesos ilógicos o irracionales, sino nada más difíciles de entender y, creo sinceramente, suceden a diario, en pequeña y gran escala.

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