Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Padres Deben Decidir
Selección de ContraPeso.info
10 marzo 2005
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Asuntos
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Contrapeso.info presenta una idea de Tait Trussel, ex editor de la revista Nation’s Business y ex vicepresidente de American Enterprise Institute en Washington, D.C. Aunque Trussell se centra en la experiencia norteamericana, sus palabras son universales: el derecho de los padres a educar a sus hijos y la inconveniencia de que esa educación sea decidida por burócratas en el gobierno.

Damos las gracias al Acton Institute por la amable cortesía de permitirnos traducir esta pieza y publicarla.

Algunos “ismos” son odiosos, como el totalitarismo. Otros residen en nuestro corazón, como patriotismo. Un menos conocido, pero crucial “ismo” es el “parentalismo liberal.”

Es una frase acuñada por el profesor Stephen Gilles de la Quinnipiac University School of Law en Hamden, Connecticut.

La frase pertenece a la tradición de la libertad de los padres para seleccionar cómo desean ellos que sus hijos sean educados. Cuando a los padres no se les permite decidir la educación de sus hijos, o son demasiado apáticos para hacerlo, el gobierno toma las riendas.

El resultado puede ser contrario a los deseos de la mayoría de los padres, como en la situación actual en la que Dios ha sido totalmente prohibido en las escuelas públicas norteamericanas.

El concepto de parentalismo liberal sostiene que los padres son los más aptos para decidir cómo crecerán sus hijos —particularmente, cómo serán educados. Ninguna entidad gubernamental, sin importar sus grandes dotes intelectuales, tiene la motivación ni la preocupación que sí poseen los padres del niño.

Esta es la esencia del parentalismo liberal. El concepto del profesor Gilles fue ratificado por la Suprema Corte de EEUU en 2002 en el caso Zelman contra Simmons-Harris, el que aprobó decisivamente la elección de escuelas en los más amplios términos.

La corte dijo que en efecto, la eficiencia competitiva y la libertad educativa son tan inseparables como la harina y un pastel —por usar una comparación casera.

No importa cómo se le llame —parentalismo liberal o libertad educativa—, el papel vital de los padres en la educación tiene raíces profundas en nuestra historia y tradición religiosa. En los salmos se recuerda al hijo que escuche la instrucción del padre y las enseñanzas de la madre, y que al hijos se le debe disciplinar para que traiga paz y deleite al alma de los padres.

Quienes se oponen a la libertad educativa ansían mostrar que el control paternal es una noción nueva y no patriótica. Algunos piensan que la libertad de selección ha emergido repetínamente en tiempos recientes. Pero durante un largo trecho de la historia norteamericana, las instituciones educativas fueron voluntarias; esfuerzos cooperativos, que involucraban a padres, profesores, instituciones religiosas, instituciones caritativas y algunas veces, al gobierno local.

La escuela pública norteamericana creció en el inicio de una ola de inmigración que cruzó toda la nación durante el siglo 19. Fue entonces cuando los políticos pensaron que el control gubernamental de la educación era la manera de asimilar a los hijos de los inmigrantes, al mismo tiempo que evitar los conflictos acerca de los subsidios a las escuelas religiosas.

Los críticos y quienes lo ignoran no admiten o no se dan cuenta que los EEUU tienen una larga y legítima historia de valorar y preservar la libertad de selección educativa. Las 8,000 escuelas católicas, por ejemplo, son el legado de esa tradición, aunque los padres que han seleccionado a las escuelas privadas hayan también sido obligados a sostener a las escuelas públicas por medio de sus impuestos.

Aunque la selección de escuela es legal, ella sirve sólo a un muy pequeño número de estudiantes. Muchos estados norteamericanos tienen escuelas concesionadas y más de un millón de niños son educados en su casa.

Pero quienes no pueden soportar esta libertad educativa están tratando de asfixiar la tendencia hacia la elección de los padres. Buscan, por ejemplo, entrampar a las escuelas concesionadas en una maraña de regulaciones, que podrían influir en todo, desde la facultad hasta el currículum. En California se ha hecho casi imposible que los padres eduquen en casa a sus hijos.

El estado, conocido por sus extrañas costumbres, requiere que los estudiantes aprendan solamente de un tutor con credencial, de una escuela aprobada por el estado, o de un programa de estudio en casa supervisado por el distrito escolar público.

Desgraciadamente, siempre habrá algunos padres a quienes poco importe lo que a sus hijos les suceda. Ellos ven a la escuela como el sitio que les quita a los hijos que son un estorbo para ellos complacerse en seguir sus inclinaciones ilegítimas.

Los hijos van a la escuela con actitudes similares, distorsionadas. Pero lo que más han querido los padres a través de los años es opciones educativas para sus hijos, de acuerdo con creencias y tradiciones morales, religiosas y culturales.

Quieren ellos protección constitucional, como la libertad de expresión, asociación y religión. Pocos norteamericanos quieren al gobierno metido en los detalles íntimos de la vida familiar o en normas educativas dirigidas a homogeneizar a los estudiantes. Los padres tienen el deber moral de usar con responsabilidad a la libertad tomado buenas decisiones para sus hijos.

De su parte, el gobierno tiene un deber, el de proveer un espacio necesario para ejercitar esa libertad. El permitir el florecimiento de una variedad de instituciones educativas está acorde con los profundos deseos y las creencias de una población diversa. Es lo “liberal” que debe hacerse.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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