Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Machismo por Discutir
Eduardo García Gaspar
11 febrero 2005
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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El 17 de enero, el Boston Globe reportó la noticia del presidente de Harvard provocando una tormenta. La razón, sus declaraciones en una conferencia. Dijo que hay razones innatas por las que las mujeres tienen menos éxito que los hombres en el campo de las ciencias.

Naturalmente le cayó encima una serie de protestas que clamaban ofensa hacia las mujeres.

En América Latina eso sería llamado “machismo” y también habría habido una serie de airadas muestras de desacuerdo. No doy la razón a Lawrence Summers, el presidente de Harvard, pero sí señalo que las protestas y las acusaciones emocionales en nada ayudan a entender el fenómeno de áreas de especialidad en las que un sexo tiene mayor participación.

Una de las explicaciones ofrecidas fue la de una menor proporción de mujeres dispuestas a trabajar en campos que significan al menos 10 horas de labor al día; algo que ya ha sido señalado, por ejemplo, en el Reino Unido, con los doctores.

Otra explicación puede tener que ver con cualidades genéticas no consideradas, que hacen a los sexos tener diferentes habilidades. No son temas sencillos. No son explicaciones definitivas. Pero, sin duda, no en todas las actividades hay un número igual de mujeres que de hombres.

En algunas hay muchas más y en otras muchas menos, y eso es una realidad innegable. El intentar explicar esos hechos, sin duda, equivale a crear hipótesis de muy diversos tipos.

Una de ellas es la discriminación, con las mujeres siendo rechazadas sistemáticamente a pesar de poseer exactamente las mismas habilidades y disponibilidades. Pero puede haber otras explicaciones y el explorarlas no lastima, ni debe impedirse.

Hay grupos de población con mayor facilidad matemática, con mayor cantidad de escritores, con mayor cantidad de psiquiatras. La diversidad es la regla y sería absurdo que toda profesión tuviera un número proporcional de cuanta categoría social pudiera ocurrirse.

Añado a esto un par de experiencias recientes, de personas a las que escuché narrar la misma historia. La de una mujer que se dispone a dar una conferencia y pide opinión a un hombre sobre las ayudas visuales que usará; el hombre le hace los comentarios pedidos por ella y ella se siente agredida calificándolo de “machista.”

El asunto es serio y no merece ser llevado a la categoría de lo políticamente correcto porque eso significaría la imposibilidad de discutirlo. Vaya, si en la ciencia se dijera que unas sustancias son femeninas, unos compuestos son masculinos, y se partiera de la hipótesis de que sus diferencias deben ser ignoradas, ya no habría avance.

El punto al que deseo llegar es triple. Sé que hay tres realidades innegables.

Una es que ambos, hombres y mujeres, somos esencialmente iguales; los dos hijos de Dios, para usar la concepción cristiana, y sin diferencias entre los sexos.

Dos es que en la realidad hay actividades en las que se dan desproporciones de muchos tipos, de edades, de habilidades, de sexos.

Y, tercero, el tema puede y debe ser discutido sobre bases racionales, como cualquier otro.

Lo que repruebo es la actitud de quienes, cuando se trata el tema, saltan y comienzan a escupir epítetos e insultos, o bien a esgrimir teorías incomprensibles de discriminación oculta o mini-discriminaciones, como escuché decir hace poco.

Hablar de posibles explicaciones es una actitud que lleva a encontrar realidades; negarse a escucharlas clamando injusticia es una actitud que cierra las puertas al avance. Recuerda, todo esto, las discusiones marxistas de antaño, en las que los partidarios del comunismo solían, como su maestro, desechar los argumentos en su contra insultando a sus opositores.

Una consecuencia de esto fue la imposibilidad de avance y reforma del marxismo. Algo similar puede estar sucediendo en este terreno, denominado ahora bajo el manto de “estudios de género” y que desafortunadamente se alimenta de la hipótesis de que hay discriminación por causa de sexo.

Si esa hipótesis se probara falsa, todo la especialidad se caería por los suelos y sus autores que quedarían sin materia por investigar. En lugar de estudiar el tema, por tanto, se está más inclinado a apoyar una hipótesis descartando otras.

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