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Más o Menos Gente
Selección de ContraPeso.info
1 mayo 2005
Sección: Sección: AmaYi, SOCIEDAD
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El tema de la sobrepoblación mundial ha sido motivo de preocupaciones sinfín desde la publicación de la triste predicción de Malthus, famosa por no haberse cumplido y por seguir teniendo adeptos que diseñan todo tipo de medidas para reducir el número de nacimientos. La hipótesis de esas medidas es que una población numerosa tiene consecuencias negativas.

¿De verdad las tiene? No necesariamente y de hecho puede ser lo contrario. Una población abundante puede ser fuente de progreso y de felicidad personal, mucho más allá de la elevación del ingreso personal. La idea es fascinante y Landsburg la explora especulando sobre las consecuencias integrales y benéficas de una población mayor.

La obra consultada para esta carta  ha sido la de Landsburg, Steven E (1997). FAIR PLAY : WHAT YOUR CHILD CAN TEACH YOU ABOUT ECONOMICS, VALUES, AND THE MEANING OF LIFE. New York. Free Press. 0684827557, chapter 13, People wanted, pp. 143-160. Como siempre, AmaYi® recomienda la lectura de la obra completa.

El autor da inicio a este capítulo de su obra con una idea en extremo simple: si se acepta que las personas resuelven problemas eso significa necesariamente que si hay más personas se tendrán soluciones a más problemas. La evidencia diaria es prueba de esa idea.

La razón por la que vivimos mejor que nuestros abuelos y por la que nuestros nietos vivirán mejor es que cada generación aprovecha gratuitamente la inventiva de las generaciones que le precedieron.

El aparato que produce progreso es el adelanto tecnológico, lo que no necesariamente significa sólo máquinas diseñadas por ingenieros, sino también adelantos como mejores sistemas legales, más eficientes rotaciones de cultivos y demás.

Y lo que mueve a ese aparato de progreso es la gente que tiene ideas. Cuantas más ideas se tengan, mayor será el adelanto.

Hay estudios que prueban que el crecimiento de la población produce adelanto tecnológico, que el adelanto tecnológico genera crecimiento económico y que el crecimiento económico produce crecimiento de la población.

Es un círculo virtuoso por una razón: las comunidades más prósperas pueden sostener a más niños.

Esto es igual a decir que las poblaciones más numerosas desarrollan más adelantos tecnológicos, igual que los colegios con más alumnos tienen mejores equipos deportivos.

Sin embargo, el impacto de un buen deportista es limitado, mientras que los efectos de los inventos hechos por las personas se distribuyen entre todos, ahora y en el futuro.

Incluso los efectos de una mayor población son más que proporcionales. Una comunidad del doble de tamaño debe tener en teoría el doble de generadores de ideas, pero posiblemente produzca más por dos razones.

Una es la retroalimentación entre esos “genios” que inspirándose unos a otros producirán seguramente un número mayor.

La otra es la existencia de mercados mayores para las invenciones, lo que es un incentivo para trabajar más.

Ahora Landsburg habla del progreso. Si se supone un crecimiento real de entre el 1 y el 2 por ciento anual, eso tiene efectos grandes.

Si alguien tiene ingresos de 50 mil dólares al año, con un crecimiento de ese tipo, sus hijos ganarán 73 mil y sus nietos, 106 mil.

Pero un ingreso mayor no es la única manera de elevar el estándar de vida, pues el progreso que se ha tenido también tiene beneficios en tiempo libre y calidad de los bienes disponibles. Se reconoce que a pesar de algunos vaivenes, el crecimiento económico ha sido una realidad durante los últimos doscientos años.

Se reconoce también que el crecimiento ha sido alimentado por el adelanto tecnológico.

Por eso podemos pensar que se ha renovado eso que alimenta al crecimiento: cada nueva generación aprovecha las ideas de las anteriores y genera nuevas ideas que serán usadas por las siguientes generaciones.

Desde luego, continúa el autor, ante lo dicho habrá comentarios de incredulidad que muestren realidades de países con abundantes poblaciones y que se encuentran en situaciones económicas de pobreza.

Esos casos, dice, con situaciones en los que poblaciones numerosas no tienen las ventajas que eso significa.

La razón por la que una población muy numerosa vive en la pobreza es sencilla de explicar: el gran potencial del talento de esa población está limitado por políticas gubernamentales que imponen frenos a las oportunidades de comercio entre la gente y a los incentivos para el uso del talento personal.

Desde luego, donde se anulan las ventajas de poblaciones numerosas, sólo se tienen sus desventajas.

Las poblaciones numerosas implican no solamente prosperidad, sino también bendiciones a las personas. Allí se tienen más opciones de amistad y de encontrar compañeros.

Entre esas bendiciones están los hijos, a quienes amamos a pesar de su nula capacidad para tener ingresos propios.

Un mundo con una población numerosa es un lugar con diversidad en opciones de cultura, comida, arte, amistades. Las opciones diversas son posibles y viables por ese número grande de personas.

Quien habla de las ventajas de vivir en una gran ciudad y menciona posibilidades de teatro, museos y demás, lo que está diciendo en el fondo es que le agrada vivir en lugares con gran concentración de personas.

Se conoce de sobra la predicción de Malthus: un crecimiento poblacional llevará necesariamente a la humanidad a un escenario de hambre y miseria. Eso no ha sucedido, porque en esa predicción no se consideró algo que es esencial.

Malthus y quienes creen en su idea han partido de una hipótesis falsa.

Ellos creen que cuando una persona reclama una parte de los recursos existentes, eso produce un empobrecimiento del resto de las personas, lo que es erróneo. Para ver el error, tan sólo hay que entender que la persona produce recursos, lo que no empobrece a nadie.

Más aún, la persona intercambia recursos con otras personas, lo que tampoco empobrece a nadie.

El resto de lo que se recibe la persona sólo puede ser una herencia. Únicamente en el caso de la herencia se empobrece a otros, pero no a todos, sino nada más a los parientes que reciben menos que en el caso de no ser la persona también heredera.

El punto equivocado es creer que una población muy numerosa implica que si una persona no hubiera nacido el resto de la gente tendría una proporción mayor del resto de los recursos. Pero eso es falso.

El hecho de que una persona nazca tiene efecto en las rebanadas del pastel del resto de la familia nada más, pues el resto de la sociedad queda exactamente igual.

Son los padres quienes toman la decisión entre tener muchos hijos entre quienes se reparten recursos escasos, como dinero y atención; y tener menos hijos para que a cada uno le toque una mayor parte de esos recursos.

Hay padres de familia que optan por una de esas opciones y otros por otra. Esa es una decisión personal que no representa conflicto alguno a resolver. Más aún, es una celebración de la diversidad.

Hay alarmistas profesionales que plantean el problema de cuántas personas puede soportar la tierra, pero no es esa la pregunta correcta. No hay necesidad de preocuparse por eso.

Lo que hay que hacer es poner atención en el punto de qué tantas personas pueden ser sostenidas con mi parte de la tierra y con eso decidir el tamaño de la propia familia.

Cuando nace una persona, ella implica costos y beneficios. Los costos son las demandas que esa persona hace de los recursos existentes. Pero también ella produce beneficios, que son las contribuciones que hace al cúmulo de ideas, de diversidad, de amor, de amistad.

Hay que examinar lo que los padres piensan cuando están decidiendo tener un hijo. Desde luego, no van a pasar por alto el asunto de los costos, pues eso les impacta sólo a ellos.

Los beneficios no son tan claros como los costos, pero uno de ellos es muy natural: la alegría que los hijos producen en los padres. El resto de los beneficios están muy distribuidos y son vagos.

Si el hijo produce un gran invento, millones de personas se verán beneficiadas, e incluso si tan sólo es una persona que sonríe, eso producirá aunque sea una pequeña alegría en muchas personas.

Estos beneficios son poco claros y lo que único que sabemos de ellos es que producirán efectos en otros, por lo que los padres no piensan mucho en ellos.

En resumen, los padres al decidir tener un hijo ven con claridad todos los costos, pero vagamente perciben los beneficios y aún así deciden tener hijos. Eso es a nivel familiar, pero a nivel social, cada hijo debe ser una ganga, pues sus costos son absorbidos por su familia y sus beneficios se distribuyen en todas partes.

Desde luego, está la excepción de los niños que se convierten en delincuentes, pero el saldo final es positivo.

A partir de aquí, Landsburg entra en un terreno fascinante, que parte de una idea sencilla. Los hijos son algo bueno y si eso es cierto, debe verse la razón por la que no se tienen más de ellos.

Debe partirse de un punto anterior, los costos. Cuando los padres están decidiendo tener un hijo adicional, quizá el cuarto, o el quinto, sin duda ellos deben ser más conscientes de los costos que eso tiene que de los beneficios.

Cuando se toma una decisión en la que se está más consciente de los costos, el lógico que esa decisión sea más conservadora y se incline fuertemente del lado de tener menos hijos de lo que es deseable. Esto produce una población que crece muy poco.

Visto desde un punto de vista económico, esos padres producen menos hijos. Las personas siempre festejan cuando se les avisa del nacimiento de los hijos de otros.

Los terceros se benefician de la existencia de esos hijos que no son de ellos, pues pueden beneficiarlos sin que tengan que absorber ninguno de sus costos. Sin que otros subsidien a quienes tienen hijos, el resultado neto es que tenemos menos hijos.

Los padres tomaron una decisión al tener cierto número de hijos examinando sus propios intereses, lo que tiene efectos en la propia familia.

Es una decisión familiar, por lo que no es comprensible que existan organizaciones que pretenden influir en eso limitando el número de hijos, cuando un mundo con gran cantidad de personas es uno en el que hay más prosperidad, más oportunidades de amistad, más personas con nuestros mismos intereses y con más oportunidades para encontrar al ser amado.

Es el mundo que se le debe a nuestros hijos.

El tema tiene otro ángulo. Hasta aquí el autor ha defendido la idea de tener más hijos por el beneficio que ello tiene en otras personas. Pero es necesario examinar la idea de tener más hijos por el beneficio a esos mismos hijos.

Esto manda la discusión hacia el tema de los derechos de los no nacidos, pero eso no es suficiente, pues es necesario ir más allá y tratar el tema de los no concebidos.

Esto es vital, pues no puede tenerse una base moral sobre temas reproductivos que haga de lado el tema de los no concebidos.

Eso plantea una interrogante esencial. ¿Tenemos los vivos alguna obligación moral hacia los infinitos seres que sólo pueden existir si decidimos concebirlos?

Si la respuesta es positiva, eso significa que debemos tener más hijos de los que queremos en realidad. Esos seres no concebidos pueden entenderse como prisioneros en una especie de limbo del que deben escapar como una obligación impuesta a los vivos.

Si la respuesta es negativa, entonces eso significa que no habría objeción moral para deshacer el mundo, hasta el punto en el que no hubiera generaciones futuras. Al impedir que las siguientes generaciones sean concebidas eso implica que los no concebidos no tienen derechos.

El asunto es complejo, pues si en lo individual tenemos el derecho de ignorar el producir descendientes, no hay manera de negar que esa misma posibilidad existe a nivel colectivo, lo que  tiene consecuencias que son trastornadoras.

Los hijos no concebidos por unos padres serían sus más queridas “posesiones”, igual que los hijos que ya tienen. Esto se observa en la vida diaria con los hijos que nacen sin una decisión expresa. Y a pesar de eso, se toma la decisión de no concebirlos, lo que no tiene gran lógica.

Más aún, hay paradojas reales, pues el hijo concebido hoy no es igual al hijo concebido mañana, o dentro de un mes. El tema de los no concebidos es complejo y hasta ahora no ha habido una forma coherente para tratarlo.

Dice el autor que le gustaría que existiera la persona que resolviera este punto y que nos diera una idea para pensar con más orden. Quizá en la nueva generación se encuentre esa persona.

Ha sido señalado que si el ingreso personal fuera la medida por excelencia de la felicidad humana, el nacimiento de una vaca sería algo muy bien venido, pero que el nacimiento de un hijo sería visto como una desgracia.

Eso no sucede. El resto de las personas son los lujos de nuestra propia vida y los lujos no son baratos. Si los hijos son caros es porque lo valen.

En un mundo en el que la riqueza fluye de las ideas, cada hijo nace con la posibilidad de crear prosperidad para los demás. Este es un lujo que se paga solo y resulta barato.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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