Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mismo Sexo
Eduardo García Gaspar
9 mayo 2005
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
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Vuelve, de nuevo, a emerger el tema de los matrimonios de personas del mismo sexo, incluso con la posibilidad de que esas uniones puedan adoptar hijos. Y, otra vez también surge una polémica interesante al respecto.

Hagamos lo contrario de lo usual y seamos lógicos al respecto, con un análisis sosegado en el que las emociones no cieguen.

Claramente hay dos posiciones. Una muy reciente y la otra de mucho tiempo atrás. La más reciente, pide un cambio en la legislación de un país, por medio de la que ella permita explícitamente la posibilidad de que dos personas del mismo sexo formen un matrimonio, igual a los formados por personas de sexo diferente. Obviamente, esta petición parte del supuesto que el matrimonio es algo admirable, muy admirable.

La posición tradicional igualmente reconoce que la familia es muy apreciable, pero sostiene que ella sólo puede estar formada por personas de distinto sexo. Es lógico suponer que una buena parte de la razón de esta naturaleza se debe a la posibilidad reproductiva, una condición imposible de lograr por razones obvias en el matrimonio de personas del mismo sexo.

Los partidarios de la definición tradicional de la familia tienen la idea natural de ella, ya que ha sido la regla histórica y, más aún, con familias de personas del mismo sexo, la historia de la civilización humana habría sido excesivamente breve.

Quienes así opinan son muchos y entre ellos destaca una institución a la que la opinión pública asigna una gran importancia, la iglesia católica. Esta institución ha dejado muy clara su posición en contra de matrimonios del mismo sexo. Es posible conocer, en parte, sus razones al saber que para ella, la familia es una institución de enorme importancia.

Tanta importancia tiene que es un sacramento para ella. En el Catecismo Católico se afirma que “la salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar.”

Igualmente dice que “la vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer.” Recordemos eso de “Sed fecundos…” en el Génesis, donde también se habla de “Por eso, deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer y se hacen una sola carne.”

Es obvio que la definición del matrimonio que posee esta iglesia y muchas otras personas e instituciones es opuesta a la de la familia redefinida como la unión legal de dos personas del mismo sexo. Con la misma actitud sosegada y sin apasionamientos, hagamos ahora un ejercicio mental.

Algunas personas piden que la iglesia cambie su postura y que admita que puede haber matrimonios de personas del mismo sexo. ¿Cambiará su postura la iglesia y el resto de las personas para las que la familia tiene esa definición sustentada en la tradición, las escrituras y demás? No lo creo.

Si lo hace, tendría que renunciar a creencias internas y hacer de lado a textos sagrados muy claros. Cualquier persona con un poco de imaginación verá que es imposible la aceptación de esas uniones como matrimonios reconocidos por la iglesia. Y, sin embargo, se pide, se reclama esa aceptación, alegando diversas razones. Existen quejas ruidosas por la negación de ese reconocimiento de la iglesia, aún sabiendo que es imposible.

¿Por qué se pide entonces? Debe haber varias causas y una de ellas me parece obvia y muy digna de mención. Así como hoy nada hay que impida que vivan unidas sin reconocimiento legal dos personas del mismo sexo, se ha pedido sin embargo que las leyes les reconozcan como matrimonios legales.

Algo bueno debe haber en ese reconocimiento como matrimonio, en el llegar a ser reconocidos legalmente como familias. La familia debe ser algo muy bueno, algo muy admirable. Y lo otro. Algo especial debe tener la iglesia católica para exigirle que reconozca a esos matrimonios de personas del mismo sexo.

Algo muy admirable debe verse en ella para querer que les reconozca como matrimonios normales… porque, la realidad, es que al no contar con poder de coerción, la iglesia católica no tiene fuerza física para impedir esas uniones, ni las leyes que las reconozcan. Algo tienen la familia y la iglesia, que tanto se buscan.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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