Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Modernización del Catolicismo
Leonardo Girondella Mora
21 febrero 2005
Sección: Sección: Asuntos, SEXUALIDAD
Catalogado en:


De entre los temas centrales de la actualidad, hay uno que siendo de extrema importancia ha sido tratado, en los textos que he visto, con superficialidad —en ocasiones tan asombrosa que da ocasión a pensar más en mala voluntad que en deseos de diálogo y uso de razón.

Es el tema de los reclamos de modernización en la Iglesia Católica

He seleccionado uno de esos textos (sus datos están al final) por pensar en él como ejemplar del tipo de escritos que realizan un análisis tan liviano que no lleva a nada sólido pero que al mismo tiempo tienen una apariencia atrayente que termina por engatusar al incauto.

El breve texto seleccionado inicia con un párrafo que dice lo siguiente (las citas del texto están siempre  en itálicas en párrafos separados):

La Iglesia católica está luchando para no perder aún más terreno en España… la mayoría de los españoles se identifican… como “católicos”, la realidad es que su comportamiento responde cada vez menos a los… preceptos del catolicismo…

No puedo encontrar en esta aseveración de inicio nada que sea dudable —aunque, para ser menos particular en los juicios posteriores me habría gustado tener datos similares de otras partes del mundo.

Y debía ser adicionado que el fenómeno de secularización o abandono de la religión en Europa no es único del Catolicismo, sino también del resto de las religiones dominantes en esa parte del mundo; religiones que quizá no sean tan estrictas. lo que mandaría el análisis en otra más prometedora dirección distinta a la del texto en cuestión.

A continuación el texto menciona una de las causas por las que su autor supone que se ha dado esa pérdida de terreno del Catolicismo. Dice textualmente.

“… el tema de los condones… un portavoz de la conferencia de obispos… tuvo la brillante y brava idea de decir… que los preservativos sí podían utilizarse como una forma de combatir el sida… Pero… fue descalificada… como una “opinión personal”… al hacerlo, contribuirá a que aumente el número de infectados…”

Dentro de ese párrafo se hace referencia a sucesos del mes de enero de 2005 en los que efectivamente una fuente católica en España habló del uso del condón y la prevención del SIDA, para posteriormente ser corregido oficialmente.

No hay errores en esa parte del texto, pero sí hay uno muy serio en la última afirmación, cuando dice que al reprobar el uso del condón contribuirá al aumento de la infección de SIDA.

Se trata de una equivocación clara. Si el uso del condón fuese el único medio de protección contra la enfermedad, la afirmación sería cierta —pero no lo es y por eso no puede hacerse una relación causal entre una regla que prohibe el uso del condón y el contagio de SIDA.

Debe recordarse que existe otro medio al menos, la abstención sexual; incluyendo la fidelidad conyugal, es decir, evitar la promiscuidad. El error del autor se eleva al saberse que el contacto sexual no es necesariamente el único medio de transmisión de la enfermedad.

Por tanto, en estricta lógica y sin que medie ningún razonamiento religioso ni dogmático, esa idea es falsa. La prohibición del condón no significa una relación causal irremediable y directa en la propagación del SIDA. En un modelo de procesos habría variables intermedias y opciones que niegan la relación causal inequívoca.

El párrafo siguiente afirma esto.

“Con o sin el apoyo de la Iglesia católica, millones de españoles utilizan condones … y muchas de sus mujeres toman pastillas anticonceptivas…  España -al igual que Italia- tiene uno de los índices de natalidad más bajos del mundo. En esas casas, el Papa no manda.”

El párrafo añade un nuevo elemento, también relacionado con la sexualidad, los anticonceptivos. Correctamente se señala que el uso de ambos está en contra de las normas católicas y que seguramente su uso está difundido en los lugares que menciona.

Debe recordarse que en ellos se han expresado quejas de una población que decrece. Dice el texto que en esas casas el Papa no manda. Al respecto, una breve aclaración.

El verbo “mandar”, si es tomado en el sentido de ser obedecido de manera obligatoria no refleja la autoridad papal. Esa autoridad es una que apela a la libertad humana y le hace responsable de sus actos, sin fuerza coercitiva de por medio.

En el primer sentido el Papa no manda; pero sí lo hace en el segundo sentido, sin coerción física y eso, por necesidad, implica la posibilidad de ser desobedecido y el que eso suceda no es nada nuevo ni reciente —recuérdese que el papel de la Iglesia Católica, como el de otras, es uno de salvación por decisión voluntaria de la persona.

Poco después, en referencia a España, el texto señala la crítica que el Vaticano ha hecho al gobierno de Rodríguez Zapatero, para después mencionar lo siguiente.

“… el nuevo gobierno socialista… ha tomado tres medidas… ha aprobado un anteproyecto de ley que permitiría el matrimonio entre homosexuales… no va a autorizar que las clases de religión que se imparten en las escuelas públicas tengan el mismo peso académico que las de matemáticas o literatura… pretende quitar algunas de las condiciones que… han limitado la práctica del aborto…”

El texto es correcto, es decir, fiel a la realidad al señalar eso. Efectivamente el gobierno actual español tiene esas intenciones ante las que la Iglesia Católica ha expresado una posición contraria.

Más tarde el texto saca una conclusión:

“… la culpa no recae en el gobierno español sino en la inflexibilidad y lentitud de la Iglesia para ajustarse o cambiar respecto a temas que la han rebasado por completo.”

En el caso explicado por el texto se da prioridad a sólo una de tres posibilidades que son las siguientes.

• El gobierno hace una ley que está de acuerdo con la moral. En este caso, no hay contradicción entre ambas y todo se mantiene sin discusión. Por ejemplo, se emite una ley que penaliza el robo. Todos coinciden en eso y no hay oposición de nadie.

• Una iglesia realiza exhortos para cumplir un mandato que está en contra de la ley. En este caso, la ley y la moral se aplican para todos por igual y esa iglesia es culpable de un delito o de una falta moral. Por ejemplo, un templo realiza ceremonias en las que son sacrificados seres humanos, lo que viola la ley que castiga los asesinatos y también el principio moral de no matar. La iglesia en cuestión ha violado la moral y la ley.

• El gobierno hace una ley que contradice a la moral. En este caso, la moral es violada y deben realizarse acciones que señalen esto.

No hay lógica en presuponer que la posición del gobierno es superior a la de la iglesia, especialmente cuando éste es el tema a discutir y no otro. El texto en cuestión, como muchos otros, falla en el razonamiento central que es suponer gratuitamente que una posición es mejor que la otra, sin demostrarlo. Esto no es un argumento teológico, sino de lógica humana y poder de raciocinio.

El documento no trata las tres posibilidades anteriores y eso le hace caer en un error de razonamiento que invalida su posición. Ese texto necesariamente supone que la posición del gobierno español —o de cualquier otro— es la válida, pero no lo demuestra con razonamientos éticos, morales, filosóficos, ni lógicos. Su único argumento es enclenque.

Dice que es la inflexibilidad de la Iglesia para ajustarse y cambiar. Lo que lleva a examinar posibilidades ignoradas por el texto.

Las posibilidades de “ajuste” entre las iglesias y los gobiernos son varias:

• La Iglesia debe modificar su posición. Esta es la posición que el texto quiere, pero no explica que hay otras dos y no menciona razones. Su premisa no está justificada —y ella es precisamente el tema a discutir, lo que ignora cometiendo un error  gigantesco.

• El gobierno debe modificar su posición. Es otra posición posible que no debe ser descartada sin mención explícita. Esta posibilidad existe y es real —hacerla de lado empobrece y debilita la totalidad del texto.

• Ambos deben ajustar su posición a principios que los obligan a ambos. Es otra posición lógicamente posible y que es ignorada por éste y otros textos similares.

De allí el texto de marras plantea instancias que usa para sostener ese atraso del que acusa a la Iglesia Católica. Son lugares comunes que, sin embargo, han sido mencionados con tanta frecuencia que su repetición ha suplantado al fondo y merecen algún comentario.

¿cómo explicarle a una joven… que puede aspirar a ser la presidenta del gobierno… pero que su Iglesia no le permite ser sacerdote…?

La explicación está en las reglas católicas y hay documentos que lo hacen. No son secreto guardados. O se toma o se rechaza, así de sencillo. Puede uno quizá pensar que es una paradoja, pues de todos los seres humanos en la Iglesia Católica, el mayor de todos en una mujer y no un hombre. ¿Podrá cambiar la regla en el futuro? No lo sabemos, pero mientras eso sucede ésa es la regla.

¿Cómo se puede justificar la prohibición católica al uso de condones para prevenir el sida cuando… las campañas… lo incluyen como uno de los métodos de prevención más efectivos?

La pregunta es irrelevante, como ya se explicó. El condón no es el único medio —también hay la posibilidad de abstinencia sexual. Más aún, siendo lógicos, sería en extremo extraño que esta iglesia aprobara el uso de un artículo que fomentaría aquello que ella considera  indebido.

“¿Cómo convencerse de que la Iglesia católica lucha contra la discriminación cuando cierra sus puertas a los homosexuales?”

Esta pregunta es un clásico ejemplo del monumental error que se comete repetidamente. Recuérdese que la Iglesia Católica no cierra puertas a nadie —su labor es de salvación y por lógica está dirigida a los pecadores. Esta iglesia como algunas otras hacen una distinción más refinada: separan al pecado del pecador.

El pecado no puede condonarse; pero el pecador arrepentido sí es perdonado. No se trata de un rechazo a los homosexuales, sino de un repudio al acto homosexual. Distinguir la diferencia no es sencillo, pero es esencial.

“¿Qué mujer está dispuesta en estos días a renunciar a los preservativos y traer el mundo a “todos los hijos que Dios quiera”?

El cuestionamiento es primitivo. Desde luego que algunas mujeres estarán dispuestas y otras no. ¿Cuántas de cada una? Las que sean, no importa, pues no se trata de un argumento que se gana con mayoría de casos. Los “hijos que Dios quiera”, debe decirse es una frase que implica necesariamente una decisión personal y no es algo que suceda en el vacío.

Termina el texto con la idea siguiente.

“… la Iglesia católica está dejando de ser un punto de referencia y lucha para no caer en la irrelevancia social. Y esto ya no es cuestión de rezos.”

La falta de razonamiento es absoluta. La “irrelevancia social” es un concepto irrelevante tal y como está explicado. No se trata de una cuestión de popularidad, ni de mayorías.

Siquiera un poco de lectura de las escrituras cristianas habría servido para remediar el error cometido —y otro más, el desdeño de la oración, que dentro de la Iglesia Católica es sin duda de extrema importancia. Obviamente, el texto ignora esa creencia.

A manera de conclusión, sostengo los puntos siguientes.

• Hay muchos textos como el analizado aquí.

• La falta mayor de ellos es la superficialidad de su posición. Si alguien va a hacer una crítica de cualquier cosa, más vale hacerla bien y no con mediocridad.

• Los errores de lógica y desconocimiento son serios en este tipo de escritos y se deben principalmente a la utilización del argumento de “ajuste” de la Iglesia a situaciones actuales —no es ése el punto a discutir, sino el demostrar que ciertas conductas son mejores que ciertos preceptos. Lo  actual no es por definición mejor que lo pasado ni que lo futuro.

• Que muchos hagan algo no significa que debe aceptarse necesariamente esa conducta, pues pensar así lograría que la corrupción fuera aprobada en los lugares en los que ella fuese común.

• Ignorar la diferencia entre lo descriptivo y lo prescriptivo es su error central. No tienen cabida aquí los argumentos basados en conductas mayoritarias. El terreno de lo moral no es uno de argumentos ganados con votos.

• No soy un amplio conocedor de mi religión, pero el conocimiento que tengo me indica que esos textos no poseen ni siquiera mi bajo conocimiento de esta iglesia.

• Muy pocos de los argumentos usados para descalificar este tipo de textos necesitan ser religiosos —suficiente es un poco de lógica para hacerlo. Un ateo podría con facilidad desbaratar los enredos de lógica que tienen esos escritos.

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