Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Muerte Por Adjetivos
Leonardo Girondella Mora
1 noviembre 2005
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Varias veces he escuchado la idea de que la izquierda mexicana es muy mala. Puede ser.

Una prueba de ello me fue ofrecida hace poco por quien me mostró un editorial de hace varias semanas en un periódico mexicano de izquierda, La Jornada.

No creo que valga la pena el esfuerzo de analizar toda la columna, titulada “Bajo la lupa.” Su fecha de publicación fue el 28 de septiembre pasado y unas pocas de sus partes son por demás interesantes para demostrar eso: con esta izquierda ella misma se arruina.

Habla la columna de la alemana Merkel, partidaria del enfoque liberal en la economía. El autor dice lo siguiente textualmente lo siguiente:

“LA DEMOCRATA CRISTIANA Angela Merkel, quien pretende desfigurar el legado de Adenauer y Kohl, dos estadistas que antepusieron los intereses civilizatorios alemanes frente al eje anglosajón globalizador, se desfondó con la propuesta del sicótico “impuesto plano” (flat tax) de Paul Kirchhof, candidato a ministro de Finanzas repudiado en las urnas inclusive por los “barones” demócratas cristianos.

“Por cierto, el “impuesto plano” fue “impuesto” -válgase la tautología- por los invasores anglosajones a Irak… convertido en laboratorio de experimentación neoliberal.”

Desde luego, podría argumentarse que Konrad Adenauer era un partidario de mercados libres y estaría mucho más del lado de Merkel que de su opositor — además, Ludwig Erhard, su ministro de economía, es usado en muchos libros como ejemplo clásico de liberalismo económico.

Merkel no pretende, como dice el autor, desfigurar el legado de Adenauer, sino más bien restaurarlo. Recordemos que los fundadores de la idea de la UE eran personas que no deseaban gobiernos grandes.

Y luego está esa redacción que abusa de calificativos, grupos en conflicto, complots y que habla del “frente al eje anglosajón globalizador,” de la “propuesta del sicótico ‘impuesto plano’ (flat tax),” que fue forzado “por los invasores anglosajones a Irak”, “experimentación neoliberal.” Esta forma de razonar por adjetivos es muy propia de la izquierda fundamentalista.

Examino ahora los puntos de otro párrafo.

• Dice el artículo que “EL IMPUESTO PLANO resultó el gran derrotado en la elección alemana…” La afirmación es muy cuestionable, dado que Merkel, su proponente, recibió la mayoría de los votos ciudadanos. Cuando mucho podría mencionarse que hubo empate práctico entre los candidatos —¿por qué hablar del “gran derrotado”? Es falso y usa más adjetivos.

• Dice el artículo que el impuesto parejo o plano,

“…constituye la tesis ultrarradical del grupo Forbes (para quien nada casualmente colabora el maniaco globalizador Zedillo), aliado a los halcones inmutables del Pentágono, encabezados por Caspar Weinberger, anterior secretario de Defensa en la etapa Reagan, y proponente de la invasión a México hace 10 años en su libro indeleble La Próxima Guerra, con prólogo nada accidental de Margaret Thatcher.”

Siguen los calificativos, pero me quiero detener en este punto porque es realmente representante de lo que quiero ilustrar.

Afirma que el impuesto parejo es “la tesis ultrarradical del grupo Forbes.” La afición por los calificativos es obvia, pero hay más: la idea de un flat-tax no es única de Forbes, el que sin duda está haciendo esfuerzos significativos por implantarla en EEUU, siendo una idea de Milton Friedan de hace ya tiempo.

Este tipo de impuesto es una realidad en Lituania, Latvia, Estonia, Ucrania, Eslovaquia, Serbia, Georgia, Rumania y Rusia —no es ultrarradical, tampoco es exclusiva de Forbes, sino es una de las varias ideas que existen para tratamientos fiscales. Los calificativos y su abuso no anulan esa realidad.

Y, desde luego, está allí presente otro de los padecimientos graves de la izquierda, la búsqueda incesante de grupos y personas que se relacionan entre sí, lo que supuestamente es prueba de conspiraciones y asociaciones misteriosas que tienen programas extraños.

¿Es mala la idea de un impuesto parejo porque Zedillo trabaja con Forbes? ¿Debe descartarse la posibilidad de ese impuesto porque Thatcher escribió el prólogo de un libro de Weinberger y porque éste trabajó con Reagan?

No hay lógica en esos argumentos y, debo ser tenaz en esto: la izquierda tiene la costumbre de anular ideas por razones como éstas que son totalmente irrelevantes.

A lo anterior, añado de nuevo el uso de calificativos que no tienen aplicación al tema, como el de “dueño de la revista desinformativa Forbes” —está bien, sospecho que al autor de la columna no le agrada Forbes, pero los adjetivos de más sólo revelan emotividad y no razón.

Igual que hablar de los “silogismos plutocráticos,” otro caso de expresiones sin razón, que impiden el pensar, pues todo se van en tratar de inhabilitar al contrario a fuerza de adjetivazos.

Ese abuso de calificativos, como la frase “puesto en boga alienante por Baby Bush,” no añade ningún sostén sólido a la argumentación en contra del impuesto plano.

El autor, por mi parte, puede llamar a Bush “baby” o cualquier otra cosa, que tampoco eso ayuda a demostrar que el impuesto parejo es negativo. Los razonamientos no necesitan calificativos, ni invectivas.

• La parte de la cita que critica al impuesto parejo dice que “es absurdo aplicar un impuesto igualitario a los desiguales, quienes financiarían ipso facto a los pudientes: el “impuesto plano” es la fase final del legendario parasitismo del “ofertismo fiscal” (supply-side economics).”

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Entonces, la crítica del columnista está basada en esa idea, de que es absurdo hacer pagar iguales impuestos a los que son desiguales —al menos ya hay algo con lo que se pueda razonar.

Que todos paguen igual tasa de impuesto no significa que todos paguen lo mismo, una distinción importante que el autor no trata.

La tasa impositiva puede ser de 15%, pero el monto absoluto de impuestos pagados será muy diferente para quien gana 30,000 mensuales que para quien gane 500,000 —es la diferencia entre cantidades relativas y absolutas, que todos conocemos.

La cosa va más allá —en un sistema de impuesto parejo, existe un límite por debajo del cual no se pagan impuesto, ninguno. Si ese límite es de, por ejemplo, 7,000, las personas comenzarán a pagar impuestos a partir de lo que exceda esa cantidad. Estas aclaraciones son importantes y no aparecen en lo escrito por el autor analizado.

Luego viene esa parte de que con este tipo de impuesto los pobres serán “quienes financiarían ipso facto a los pudientes.”

Esta manera de pensar es muy típica de la izquierda y me inclino a creer que se debe a dos padecimientos en muchos de sus partidarios —el padecimiento de no ver las consecuencias colaterales de los que la economía y la sociedad están llenas; y la visión que llama a entender a la sociedad como un terreno en el que lo que unos ganan otros pierden.

El argumento del autor, una vez retirados los calificativos y adjetivos, se queda en la afirmación sin pruebas de que lo que el impuesto parejo lastima a los pobres y beneficia a los ricos. Esto puede ser sujeto de una discusión racional que trataría los temas siguientes en caso de implantarse un impuesto plano:

— Hay o no un beneficio general de mayor recaudación y si eso conviene para mejor financiamiento de la autoridad, lo que puede desembocar en más abundantes inversiones en infraestructura; muy posiblemente, los de menores ingresos serían los más beneficiados.

— Se logra o no una mayor base de contribuyentes, especialmente de los informales que ahora podrán gozar de las ventajas de negocios formales y mayor probabilidad de desarrollo de las empresas pequeñas que están en el mercado informal ahora.

— Las empresas y los individuos de mayores ingresos tendrían o no un mayor ingreso neto, lo que elevaría o no la inversión privada y las fuentes de crédito, lo que crearía o no más empleos.

— Desaparecerían o no los tratamientos fiscales privilegiados de las personas e instituciones de mayores ingresos.

Esos temas pueden ser tratados en una discusión racional para probarlos o rechazarlos —pero ¿cómo puede existir una discusión de ese tipo con quien usa calificativos en lugar de razones, cree en una economía como un juego de suma cero y quiere anular razones usando argumentos de relaciones de trabajo entre las personas enemigas? Difícil, si no imposible.

El Wall Street Journal del 7 de octubre reporta los siguientes países con un impuesto parejo: Estonia con 24%, Rumania con 16%, Rusia con 13%, Georgia con 12%, Serbia con 14%, Grecia con 25%, Hong Kong con 16%, Eslovaquia con 19%, Lituania con 33%, Ucrania con 13%, Latvia con 25% —el caso de Grecia está en proceso de aprobación.

Como otros casos adicionales, la nota cita a Bulgaria. Croacia y Hungría. La tasa ha sido bajada de niveles anteriores mayores en Estonia; y en Lituania hay planes de reducirla a 24%.

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La columna analizada es un buen ejemplo de tres síntomas que impiden el pensamiento claro en la izquierda:

1. Uso exagerado de adjetivos, calificativos o insultos —es imposible anular una idea arrojándole adjetivos.

2. Creencia de que la economía es un juego de suma cero —uno de los padecimientos provocado por dosis exageradas de marxismo.

3. Argumentación sustentada en encontrar conexiones y relaciones entre los enemigos —de acuerdo con esto, cualquier idea podría ser anulada si se demuestra que su autor comió un día en un restaurante al que asiste con frecuencia otra persona que también es enemiga del que argumenta.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.


2 Comentarios en “Muerte Por Adjetivos”
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