Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mujeres y Política
Eduardo García Gaspar
3 mayo 2005
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
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Hubo un programa de radio en el que se invitó a una serie de mujeres miembros de algunos partidos políticos mexicanos. Hablaron de “La Mujer y la Democracia.” Pocas veces he escuchado tantas bobadas juntas en tan poco tiempo.

Y no me tome por machista y misógino. Las bobadas obviamente no se debieron a que eran mujeres, sino a que eran miembros de la clase política.

Cuando trato el tema suelen llegar a mi correo mensajes que ignoran mi punto de partida, razón por la que insisto en él: no critico a ese grupo de mujeres por ser mujeres, sino por sus opiniones erróneas debidas, creo, a su papel político.

Estar dentro de la política tiene un efecto en la mente de todos, hombres y mujeres: les suele anular neuronas y tienden a decir cosas sin sentido.

El tema de ese programa era el de la participación de la mujer en la política, la que fue considerada como un problema porque en ese terreno las mujeres no tienen la proporción que poseen en la población. Esto es cierto, el 50 por ciento de los puestos públicos no son ocupados por mujeres.

Y ante esa situación innegable, ellas hicieron lo que todo político hace. Tomaron el problema y lo politizaron encontrándole una solución boba, la de cuotas forzadas.

Por fuerza, por ejemplo, los candidatos de los partidos debían ser mitad de cada sexo. Es la clásica salida política: imponer una regla forzada y olvidarse del por qué de la situación. Peor aún, veían a esa desproporción como un efecto de machismo y misoginia.

Es decir, los hombres, todos, por medio de un malévolo plan querían reducir el papel de las mujeres en un claro caso de discriminación. Y contentas con esa explicación, insisto, encontraban la única solución política, que es esa de cuotas forzadas de mujeres. Lo que así logran estas políticas es tener una bandera de gobierno, a la que llaman equidad de género.

Logran popularidad y elevan la ignorancia. La desproporción de sexos en diversas ocupaciones es más la regla que la excepción y éste es un fenómeno que debe estudiarse, no politizarse. Debe explicarse y no volverse plataforma electoral.

Cuando se politiza, la única explicación posible es la del machismo, cuando ella no necesariamente explica todo el fenómeno. Puede haber otras causas por las que exista esa desproporción. Lo que digo es que la mentalidad de esas mujeres políticas es errónea.

Supongamos que en posiciones de cirujanos hay más hombres que mujeres y que eso quiere solucionarse imponiendo cuotas de sexo. Va a haber problemas. Puede ser que no existan tantas candidatas mujeres que hayan hecho esos estudios, o que ellas en una proporción mayor hayan dejado la carrera. No lo sé.

Pero lo que sí sé es que hay que ver las causas antes de tomar medidas correctivas que pueden ser peores. Y esto no lo hace el gobernante que politiza el asunto.

Más aún, usted no puede esperar que todas las profesiones contengan proporciones iguales del resto de la población. Y querer forzar eso puede producir peores efectos. Lleva esto a definir discriminación femenina como la selección de un candidato hombre para un trabajo que una candidata mujer podría hacer mejor.

Es decir, el criterio de desempeño es puesto de lado y se prefiere a alguien que no es mujer, sabiendo que el trabajo a realizar será mal hecho o no tan bien realizado.

Encuentro difícil de creer que la regla imperante y única sea preferir trabajos malos pero hechos por hombres que mejores trabajos hechos por mujeres. Porque el criterio central para seleccionar a un candidato para un trabajo es su capacidad para realizarlo.

Si es mujer u hombre, eso es lo de menos. Y si se fuerzan cuotas por sexo, el resultado puede fácilmente ser la selección de candidatos no adecuados, que inmerecidamente ganan una posición por razones ajenas a su habilidad.

Se acaba en una forma pervertida de discriminación. En fin, todo lo que he querido mostrar en esta segunda opinión es un defecto de la clase política, la que vive en eterna búsqueda de problemas en la sociedad para ofrecer soluciones que se vuelven banderas políticas, causan animosidades e ignoran los análisis.

Esas mujeres del programa de radio dijeron bobadas no por ser mujeres, sino por pertenecer a la clase política… y sus bobadas van a empeorar el problema, no a solucionarlo.

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