Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Neuronas Sin Usar
Eduardo García Gaspar
15 noviembre 2005
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No hace mucho que el presidente Fox fue calificado de mozo al servicio de los EEUU. Creo que la palabra usada fue “lacayo.” Y el término fue utilizado por uno de los miembros del PRI, Eduardo Andrade, argumentando que el mandatario mexicano hizo un papel de ese tipo en la Cumbre de las Américas, de hace poco en Mar del Plata, Argentina.

La observación de Andrade es muy interesante… quien para su sorpresa posterior expresó una idea alineada con Hugo Chávez, con quien sin duda no pensó ni le conviene coincidir. Andrade, si no se queda callado, es posible que cambie de posición para olvidar lo que dijo y enfocarse a criticar a Fox por conducir mal la la política exterior mexicana “enemistando a pueblos amigos”.

Sin duda, la parte medular de la calificación emitida por el hombre del PRI es eso que se llama partidización: no importa lo que haga la oposición, todo es malo y debe ser criticado con los más insultantes objetivos para elevar las probabilidades de ganar elecciones.

No importa lo que hagan los partidos de oposición, sea bueno o malo, ello siempre debe atacarse. Una vez aclarado esto, vamos más a fondo a otro fenómeno que es patológico en la política mexicana.

Me refiero a la radical obsesión que se tiene con respecto a los EEUU y que interpreta como falta de independencia toda posición que sea siquiera similar a la de ese país. La diplomacia mexicana ha sido definida como la resultante de estar en oposición a los EEUU, sin importar que la posición norteamericana sea buena o mala.

Lo que México debe hacer es ver qué piensa el gobierno de ese país para concluir que debe estar en contra y así determinar su posición diplomática “independiente”. Andrade, como muchos otros, está contagiado por ese síndrome: coincidir con los EEUU en, por ejemplo, las bondades del libre comercio es igual a ser un lacayo de ese país. La posición es primitiva y emocional, pero es una realidad que debe debe ser reconocida si quiere ser enfrentada.

La solución no está en una total alineación a la diplomacia norteamericana, sino en el empleo de la razón. Existirán momentos en los que podrá estar de acuerdo, como en el caso de elevar el libre comercio de América Latina.

Y habrá ocasiones en las que no, como en el absurdo mantenimiento de subsidios a los agricultores norteamericanos. Pero en lugar de pensar, Andrade y personas como él creen que la diplomacia mexicana es esa obsesión opuesta a la diplomacia de los EEUU. La enfermedad, mucho me temo, no afecta únicamente a los gobernantes mexicanos.

Buena parte de la población la padece. Un ejemplo ilustra muy bien lo que afirmo. Se trata de una opinión que escuché acerca de una película norteamericana, la última de El Zorro. La argumentación que criticaba a la cinta era la que explico ahora.

Decía esta persona que El Zorro era otra muestra de explotar “el robo de la mitad del territorio mexicano en una campaña conjunta con su gobierno” y que el personaje principal “era un traidor a su país de origen.”

Una visión tan infantil sólo puede venir de pereza mental, una holgazanería cerebral mayúscula, aunque menor a la de Andrade… porque al final, a Andrade se le pide pensar antes de hablar, lo que parece ser una solicitud en extremo exagerada. No hay en esas posturas el menor esfuerzo para intentar explicar las cosas.

Para Andrade, un holgazán del raciocinio, si usted dice que quizá convenga tener libre comercio, sin siquiera darle oportunidad a que las neuronas echen a andar, responderá que usted es un agente de la CIA y que se ha vendido a los intereses norteamericanos.

Es muy fácil responder de esa manera, no hace falta discurrir, con la ventaja de vomitar una serie de palabras que llamarán la atención, lo suficiente como para ser noticia. Pero también con la ganga de alejar el real tema de fondo para refugiarse en lo ramplón.

Ya no tiene él que adoptar una postura en favor o en contra del libre comercio, pues los calificativos emitidos le ahorran el trabajo. Con la obsesión norteamericana que mostré en esos dos ejemplos, creo haber probado la existencia de la patología mexicana que busca en las más primitivas ideas la explicación de las más complejas realidades.

En el caso de Andrade, mi punto va más allá, para probar que la política atrae a personas de un talento menor al promedio: una muy humilde muestra de lo bajo que han caído los gobiernos. El problema es mayor a lo que se piensa. Vea usted que los gobernantes talentosos son la excepción notable y en esas manos mediocres colocamos los destinos de millones de personas. Hé aquí una buena explicación de tantas crisis.

POST SCRIPTUM

El punto central es preocupante. La mala calidad en los gobernantes es de tal proporción que se corre el riesgo de tener reacciones masivas en los ciudadanos que hartos de esa mediocridad, quieran cambiarlos por la fuerza.

Un caso actual es el del candidato del PRD en México, cuya ignorancia económica, financiera, diplomática y política es tan grande como su deseo de llegar al poder. Es éste riesgo de tener gobernantes de pésima calidad el que justifica la división de poderes de la democracia: para que su estulticia cause el menor daño posible y puedan ser relevados de su posición en la siguiente elección por medios pacíficos.

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