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Selección de ContraPeso.info
13 septiembre 2005
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de Henry I. Miller y Gregory Conko, acerca de la ONU. Miller es fellow en la Hoover Institution, a la cabeza de la FDA’s Office of Biotechnology de 1989 a1994. Gregory Conko es el director de food safety policy en el Competitive Enterprise Institute. Su libro, “The Frankenfood Myth,” fue seleccionado por Barron’s como uno de los mejores en 2004. Agradecemos a Tech Central Station en gentil permiso para reproducir nuestra traducción de esta columna.

Las Naciones Unidas, celebrando el aniversario 60 de la firma de su acta constitutiva, no está madurando bien. Sus funcionarios están siendo acusados de toda forma de criminalidad y corrupción, desde asaltos sexuales de los guardadores de paz en el Congo hasta el escándalo del programa de petróleo por alimentos en Irak.

Sin embargo, un aún mayor escándalo en la ONU no está recibiendo difusión. Durante años sus agencias y programas sistemáticamente han estado promoviendo reglamentos y políticas que bloquean el uso de tecnologías seguras y efectivas que podrían solucionar algunos de los problemas mayores de salud pública y del ambiente.

Un ejemplo es la complicidad de varias agencias de la ONU en la regulación excesiva, ideológica y no científica de la biotecnología —también conocida como modificación genética—, lo que ha retrasado avances en investigación y desarrollo agrícola y farmacéutico.

Los productos genéticamente modificados podrían aliviar hambrunas y escasez de agua para millones de personas e incluso llevar al desarrollo de vacunas incorporadas a las grutas y vegetales comestibles. Pero durante la década pasada, los delegados a la Convención sobre la Diversidad Biológica, patrocinada por la ONU, negociaron un “protocolo de bioseguridad” que es regresivo, para regular el movimiento internacional de organismos genéticamente modificados.

Siendo una distorsión absurda contra la ciencia sólida, este documento está basado en el falso “principio precautorio” que establece que todo nuevo producto o tecnología debe ser probado como totalmente seguro antes de poder ser utilizado. La prevención es ciertamente deseable, pero nada puede ser demostrado como totalmente seguro —y menos al estándar que demandan los activistas y reguladores.

Ese principio se ha vuelto un impedimento para el desarrollo de nuevos productos que son críticos. La regulación precautoria ha invertido la carga de la prueba, del regulador que antes tenía que demostrar que la nueva tecnología podía causar daño, al innovador que ahora es el que debe demostrar que la nueva tecnología no puede causar daño bajo ninguna circunstancia. Más aún, esto exagera los riesgos hipotéticos y disminuye los beneficios probados.

Otros organismos de la ONU están haciendo lo mismo. En 2003 la Comisión de Codex Alimentarius, el programa conjunto de estándares alimenticios de la Organización Mundial de la Salud y la Organización de Alimentos y Agricultura, impusieron restricciones draconianas sólo a alimentos hechos con técnicas de modificación genética.

Esto a pesar de que los científicos en el mundo están de acuerdo en que la modificación genética es sólo un refinamiento o mejora de las menos exactas y menos predecibles manipulaciones genéticas que se han usado durante siglos. Miles de estudios de invernadero y de campo, además de una amplia comercialización en media docena de países avanzados, han demostrado que los riegos de las plantas y alimentos modificados son mínimas y tienen beneficios probados con potencial futuro extraordinario.

La adopción de cultivos modificados ha reducido globalmente el uso de decenas de miles de libras de pesticidas anualmente (y también la frecuencia de envenenamientos por pesticida), rescatandode la erosión a millones de toneladas de tierra.

Otro ejemplo del mismo tipo es la Convención de Contaminantes Persistentes Orgánicos de 2001, el que estigmatiza al DDT como uno de los peores contaminantes del mundo y hace extremadamente difícil usarlo en las naciones en desarrollo —muchos de los que sufren de malaria, virus del Nilo y otras enfermedades acarreadas por insectos.

No únicamente los oficiales de la ONU descartan la evidencia científica que demuestra la efectividad y relativa seguridad del DDT, también dejan de considerar lo inadecuado de las alternativas y apreciar la diferencia entre su uso a gran escala y su aplicación más limitada para controlar a los portadores de enfermedades humanas.

En décadas recientes, millones de vidas se han perdido por causa de enfermedades portadas por mosquitos —vidas que podían haberse salvado con DDT.

La ONU debe ser vista como co-conspiradora en la fatal campaña en contra del uso de este químico. Otro ejemplo sucedió en mayo, en la Asamblea 58 de la Organización Mundial de la Salud. Los delegados adoptaron una resolución que supuestamente refleja su preocupación acerca de la contaminación bacterial potencial de la leche infantil en polvo.

De acuerdo con la OMS, dos bebés de peso bajo murieron en hospitales en Francia y uno en Nueva Zelanda, supuestamente por alimento contaminado por bacterias.

Los sucesos son trágicos de seguro, pero no son una epidemia, incluso si es que son ciertos. La resolución hace notar que la leche para bebé no es estéril y “puede contener microorganismos patógenos” como enterobacter sakazakii o salmonela , lo que supuestamente ha sido causa de infección y enfermedad en bebés prematuros y de bajo peso, y “que podría llevar a [daño] serio en el desarrollo y muerte.”

La resolución pide a los trabajadores al cuidado de la salud y a los padres, especialmente aquellos con bebés de alto riesgo, que estén informados sobre el “potencial de contaminación introducida” y la necesidad de preparación segura, al igual que el manejo y almacenamiento de la leche.

También, “donde sea aplicable” esta información debe “ser comunicada mediante un aviso explícito en el envase.” Finalmente, concluye que los bebés debe ser amamantados durante seis meses y pide precauciones al preparar la leche para esos en alto riesgo, como los prematuros, los de bajo peso y los que sufre deficiencias inmunológicas. Sin embargo, la leche ya contiene información explícita sobre almacenamiento, preparación y manejo.

En verdad, la resolución no parece haber sido motivada por una preocupación real sobre el producto en cuestión, sino por el sesgo anti-empresarial que está dentro de la ONU. Este sesgo, junto con el status de convertirse en la “bio-policía” del mundo, es una motivación para esta cruzada anti-biotécnica. En este caso, el efecto hará que la leyenda de prevención en el envase acerca de los patógenos peligrosos desaliente el uso de la leche en situaciones en la que ella es necesitada.

Tomados aisladamente, estos ejemplos de parcialidad burocrática y corrección política en la ONU pueden no parecer estar al nivel del la debacle del petróleo-por-alimentos y su ocultamiento, pero son particularmente insidiosos porque resultan no de una conducta descaminada, sino de un proceso de creación de políticas que es definido y “propio.”

No importa que el resultado último sea aterrador: los pobres se vuelven más pobres y muchos más sufren y mueren. ¿Puede exigírseles cuentas a los funcionarios de la ONU?

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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