Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Outsourcing Sin Mitos
Leonardo Girondella Mora
28 febrero 2005
Sección: Sección: Asuntos
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Hace unas semanas, la revista The Economist reportó que “Sikorsky (el fabricante de helicópteros) perdió un contrato fuertemente competido para la construcción de los helicópteros presidenciales de EEUU, ‘Marine One’.

Los nuevos helicópteros serán construidos por un equipo internacional bajo el liderazgo de Lockheed Martin basados en un diseño de AgustaWestland, una rama de la firma italiana de defensa Finmeccanica.

El contrato de 6 mil millones de dólares ha sido criticado por algunos congresistas como ‘Outsourcing’.” No hay duda de que los adelantos alarman y que las tecnologías asustan. Créanse así fantasmas y monstruos míticos que amenazan con devorar a supuestas pobres víctimas.

Un caso de estos, similar a lo sucedido con Sikorsky, fue la introducción de máquinas en los procesos de fabricación a los que se acusaba de causar desempleo —lo mismo que sucedió con la robotización de las plantas a finales del siglo 20.

El fantasma actual, al menos uno de ellos, es el outsourcing, que ha sido traducido como externalización. El FMI, en diciembre pasado, publicó un breve artículo titulado La externalización desmitificada de Mary Amiti y Shang-Jin Wei. A continuación resumo algunos de sus puntos principales.

• La externalización ha sido tema importante en medios noticiosos recientemente. Entre enero y mayo del año anterior, fueron publicados más de 2,500 artículos sobre el tema en los periódicos norteamericanos.

• El tema central de esas publicaciones establecía una asociación entre pérdida de empleos y externalización.

• Hay definiciones diversas de externalización. Puede ser entendida como la subcontratación de servicios o productos a personas externas con el objetivo de disminuir costos. La clave está en definir a su vez lo que es “externo.” Puede verse como algo externo a la empresa o también como algo fuera del país.

• Ambas son práctica común, fuera de la empresa y fuera del país. La que llama la atención es la realizada fuera del país. La afirmación realizada repetidamente es que la externalización al extranjero es equivalente a exportar puestos de trabajo de una nación a otra, con el resultado neto de pérdida local de empleos.

• La externalización no es nueva. Lleva siglos funcionando y es producto de la división del trabajo. La tecnología actual facilita ahora externalizar servicios que antes no eran posibles de mudar de un sitio a otro.

• El comercio libre es una manera de externalizar productos o insumos materiales. Y la externalización de esto representa la mayor parte del comercio mundial. La situación está cambiando y ahora es posible también, en alguna proporción, externalizar servicios.

• Un ejemplo ilustrativo es el de un contador —o un profesional cualquiera. Él disfruta de las ventajas de un comercio exterior de bienes que le representa riqueza de opciones y precios más accesibles, al mismo tiempo que no está él bajo la posibilidad de que alguien en el extranjero pudiera hacer su trabajo local. El viñedo local podía sufrir la competencia de viñedos del exterior, pero él no.

• La tecnología ha modificado esa situación “protegida” de los servicios. Ahora, unas funciones contables, médicas y de otras profesiones pueden ser realizadas por otros profesionales fuera de la localidad.

• Una consecuencia de este cambio es la pérdida de apoyo al libre comercio. Los profesionales que antes estaban en una posición de disfrutar bienes importados sin competencia externa a su profesión, eran campeones del libre comercio. Ya no más. Las encuestas indican eso, por no mencionar grupos con interés en hacer que los gobiernos entren a regular/prohibir la externalización.

• Es de utilidad examinar el tema, concretamente confirmar si la externalización produce una pérdida de empleos locales trasladándolos al extranjero con serio perjuicio local. Los datos existentes indican que la externalización no lleva a una pérdida neta de empleos.

• Externalizar un servicio equivale a importarlo por parte de la nación que lo hace y a una exportación del país que realiza ese servicio para otro.

• La primera pregunta a hacerse es qué tan grande es la externalización. De acuerdo a las notas noticiosas debía ser enorme, dada su cobertura en medios. La realidad es que sus niveles son bajos. Las importaciones de servicios de los EEUU eran de 0.1% en 1983 y de 0.4% en 2003, con respecto al PIB.

En el Reino Unido es de 1%. La India es, sin duda, el país señalado como el mayor receptor de la externalización —este país a su vez también externaliza una buena cantidad de servicios. Dice el artículo que “El crecimiento de su sector de servicios empresariales pasó del 0.5% en 1983 a 2.5% del PIB en 2003.”

• EEUU es el mayor importador de servicios, en términos absolutos, pero en términos relativos a su PIB, es pequeño. Países como Angola, Mozambique, República del Congo y Malí externalizan porcentajes superiores al 20%.

• El comercio internacional de bienes es una calle de dos sentidos, se exporta e importa. El comercio de servicios es igual. Los EEUU importan muchos servicios, pero también los exportan. Los EEUU y el Reino Unido, el el comercio internacional de servicios, tienen superávit. Pero no hay aquí un patrón que indique que los países en desarrollo tengan un déficit y los desarrollados un superávit. Indonesia, Alemania e Irlanda tienen déficit.

• Es un mito la creencia de que los países industrializados importan servicios principalmente de países en desarrollo aprovechando su mano de obra barata. EEUU, por ejemplo, importa servicios mayoritariamente de otros países industrializados; el 32% de las importaciones de servicios de los EEUU en 2002 era de países en desarrollo y el 68% de países industrializados, con Canadá como el principal país del que se importa. La India tiene casi 2% del total de importaciones de servicios.

• Del otro lado, sólo el 39% de las exportaciones norteamericanas de servicios van a países en desarrollo.

• Queda por responder la pregunta acerca de la pérdida de puestos de trabajo. Los autores concluyen que los datos examinados indican que “la externalización no genera pérdidas netas de puestos de trabajo… cuando se examinan sectores a un alto nivel de desagregación, se observa que apenas se pierde una pequeña proporción de los empleos como resultado de la externalización de servicios.”

• La conclusión es enfatizada hacia el final del artículo:

“Los resultados que efectuamos sobre los Estados Unidos y el Reino Unido parecen indicar que la externalización de servicios no solo no induce a un descenso del empleo a nivel agregado uno que además podría aumentar suficientemente la eficiencia de las empresas y de los sectores para que puedan crear suficientes empleos en los mismos sectores, definidos en un sentido más amplio, que contrarresten los empleos perdidos por la externalización.”

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Ha sido dicho que la economía no es un fenómeno estático y que por eso resulta un error colosal examinarla en un momento dado, sin considerar de donde viene y en que dirección se encamina.

Dar noticias sobre la externalización de empleos y lamentar la pérdida de los empleos cancelados localmente, además, recuerda la historia de los ciegos examinando un elefante —y concluyendo que el animal tiene la cola más larga de cualquier bestia conocida.

Esas noticias alarmistas de los medios establecidos acerca de la externalización, están viendo únicamente una porción mínima del suceso total, con una desventaja, la de generar intenciones de acción que modifiquen esa mínima parte de la economía sin saber lo que ello producirá en el resto.

Es un caso de miopía que raya en ceguera. Los autores, en cambio, logran esa visión dinámica e integradora, que permite ver el todo —parafraseando a Bastiat. Con sencillez se reporta la noticia de la exportación de empleos y con dificultad se ve la creación de empleos en otras partes del mismo país que se benefician de la mayor productividad que así se origina.

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