Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pensamientos de Navidad 2005
Eduardo García Gaspar
26 diciembre 2005
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La Navidad, para los cristianos, dice cosas que son realmente importantes, especialmente en tiempos en los que la superficialidad abundante de la educación impide ver cosas de más fondo, y que son cuestiones de mero sentido común.

Podemos quedarnos al nivel del festejo, la piñata, los regalos y comidas y bebidas de celebración, pero también podemos ir algo más a fondo.

Decía un joven que había visto las películas de Matrix que le parecían profundas explicaciones del mundo y del papel de Dios, viéndolo como un arquitecto que al terminar su obra deja de interesarse en ella y la abandona.

No creo haberlo convencido de que usar al cine para entender la vida es equivalente a ver telenovelas para estudiar estadística no paramétrica. No es el cine una fuente de conocimiento confiable, ni de análisis certeros. Podrá ser arte, algunas cintas, pero no lo suficiente como para estudiar a Dios.

Y es que usando el más mínimo de los sentidos comunes es posible llegar a conclusiones al respecto de la Navidad. Y para esto aprovecho uno de los razonamientos de Benedicto XVI, en sus tiempos de cardenal, citado en un libro de Weigel. Se muestra allí una de las cualidades de los genios, que es eso, el sentido común.

Razona el actual papa de la manera siguiente.

Si Jesús no es el hijo de Dios, dice, entonces Dios se encuentra a gran distancia de nosotros. La idea es magnífica en su simplicidad. El nacimiento de Jesucristo es una prueba de la cercanía de Dios, de su vigilancia sobre su Creación. En palabras cristianas es una prueba de amor por nosotros.

Por mucho que tres películas de Matrix digan lo opuesto, aquí hay una prueba que dice lo contrario y que lleva dos mil años (más lo dicho en el Antiguo Testamento).

Pero, el razonamiento de Benedicto XVI continúa. Dice que viendo a Jesús crucificado por nosotros tenemos una más precisa imagen de Dios, de lo que es y de lo que hace.  Somos seres falibles, imperfectos, con tendencias al mal, incapaces de entender al Ser Superior.

Pero podemos tener algunas pistas de cómo es. Nuestra mente es limitada, pero no es tarada y la Navidad está diciendo algo muy claro que cualquiera puede entender.

Dios nos ama y mucho. Las pruebas están allí y comienzan con la Navidad. Dios mismo llega a nosotros y con su vida nos habla. Es imposible que pensemos en ese arquitecto descuidado y olvidadizo de sus obras, porque además el sentido común mínimo nos indica que queremos a lo que creamos.

¿Olvidaría usted a sus hijos? No lo creo y menos aún un  Ser Superior, perfección de todas las cualidades.

La posición del agnóstico es la de decir que Dios no puede ser conocido por nosotros. No dice que no existe, sino que no es posible conocerlo y por eso, su tendencia es la de ignorarlo viviendo como si no existiera. La Navidad es un buen antídoto para el agnosticismo al entenderla como un acercamiento de Dios a su Creación, a la que ama.

Y eso, por supuesto, debe ser causa de enorme gozo.

No somos la creación abandonada del Ser Superior, sino la Creación amada y cercana. Y más aún, si Jesús que es Dios vino al mundo, eso también significa que podemos ir a él porque nos quiere junto a él. De otra manera no hubiera venido al mundo.

Y si eso no es una ocasión de festejo, no sé qué lo pueda ser. La posición opuesta es la de la desesperación absoluta: la del padre que abandona a sus hijos y los deja a merced de sus propias debilidades.

No es éste un bonito panorama, pero sí lo es su contrario, el de Dios amando tanto a sus criaturas que para hacerlas regresar a él, viene él mismo y deja un camino señalado, el del evangelio.

Por todo lo anterior es que veo en las creencias cristianas un tono siempre alegre y de gozo.

Es una religión de sonrisas y celebraciones, que cierto, también tiene sus momentos de pesadumbre y aflicción, pero que es en esencia una religión de esperanza y de júbilo muy bien acomodados a esta época del año en la que todo se presta a una buena celebración, siempre que sepamos de qué se trata y no sea una fiesta sin sentido.

El libro al que me refiero es el de Weigel, George (2005). GOD’S CHOICE : POPE BENEDICT XVI AND THE FUTURE OF THE CATHOLIC CHURCH. New York. HarperCollins. 0066213312.





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