Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pobreza Mal Vista
Eduardo García Gaspar
24 octubre 2005
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No cabe duda de que las cartas a la redacción de los periódicos contienen una gran riqueza. Son ellas el producto de la iniciativa de personas que se toman el trabajo de escribir algo en lo que realmente creen y que piensan que debe ser conocido por otros. Sus autores son ciudadanos a los que es posible clasificar como comprometidos.

Hace poco, encontré una carta en un periódico que no recuerdo y que copié. Ella decía lo siguiente. “Es muy interesante el Acuerdo Nacional para La Unidad que proponen los empresarios más ricos y líderes sociales de México, nada más que se sigue olvidando un problema, el de la pobreza.”

Si bien no es literalmente cierto ese olvido, ello no importa para hacernos ver que el lector está realmente preocupado por esa situación.

La carta sigue con estas palabras. “La pobreza crece porque no existen salarios justos. Se debe pensar en los millones de mexicanos que con su trabajo contribuyen a la riqueza de esos empresarios y siguen perdiendo poder adquisitivo. Todo porque sus patrones les pagan un salario pirata autorizado por el gobierno.”

Esto es el corazón de la carta y debe verse con un poco de detenimiento.

Dice el lector que la pobreza existe porque no se pagan salarios justos. No, no es un problema de justicia en el salario, sino uno de productividad del empleado y la empresa. Las discusiones de justicia en el salario pueden terminarse con la idea de que un salario justo es uno que es aceptado por las dos partes y que está dentro de los márgenes pagados generalmente por trabajos similares en la comunidad.

Dice el lector que esos empleados contribuyen con su trabajo a la riqueza de los empresarios. La realidad es que ambos, empleados y empleadores, cooperan mutuamente, ayudándose unos a otros dentro de un proceso económico de beneficio mutuo.

El empresario, olvida ese lector, hace posible la existencia de trabajos pagados con casi total independencia de los ingresos de la empresa. El razonamiento del lector, desafortunadamente, está contagiado por Marx.

Estoy seguro que el lector no es marxista, pero sin quererlo ni darse cuenta, él piensa como Marx, aceptando que existe la plusvalía, por la que el empresario se apropia de parte del valor del trabajo. Esa idea es falsa, pero el lector, como muchos más, de manera inconsciente, la ha aceptado. En un error serio.

La parte final de la carta critica los salarios mínimos establecido por la autoridad. De manera implícita, asegura que la pobreza se remediaría si el gobierno elevara el salario mínimo. Es una falacia.

Los precios del trabajo no pueden establecerse de manera artificial. Si la autoridad pudiese remediar la pobreza por medio de un decreto que eleva los salarios, ella habría dejado de ser un problema hace siglos. Pero, en realidad, si la autoridad elevase los salarios mínimos, se terminaría produciendo desempleo y así se lastimaría a quienes el lector quiere ayudar.

Esto es economía de primer semestre y se refiere a la ley de la oferta y la demanda: cuando el precio de un bien se eleva, su cantidad demandada se reduce. En este caso, se eleva el precio del trabajo y se reduce la cantidad demandada. Por eso habría más desempleo.

La carta del lector es por todas estas razones en extremo interesante y seguramente muestra del pensamiento de muchos miles de personas en México.

El lector sin duda está preocupado, tanto como para realizar el esfuerzo de escribir sosteniendo una opinión. Se trata de una persona digna de alabanza. Ojalá hubiera más como él. Pero sus razonamientos son equivocados, como también sus análisis. La pobreza no es como la cuenta, sino una situación de bajos ingresos personales que no puede remediarse por decreto, sino con medidas que eleven la productividad del país.

Es la productividad lo único que puede elevar los ingresos y para elevar la productividad lo único que puede hacerse es elevar el capital: instalaciones, máquinas, infraestructura, investigación y desarrollo, ahorro, inversión…

Pero también, un gobierno que al menos no estorbe, y con regulaciones actualizadas, mínimas, con policías y tribunales eficientes, con respeto a la propiedad personal. Todo esto haría maravillas para reducir la pobreza y hacerlo de fondo. La pena es que eso parece ser un secreto.

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