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Privatización Desde Abajo
Selección de ContraPeso.info
27 junio 2005
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de Carlos A. Ball acerca de la privatización. Ball es editor de AIPE un servicio de noticias en español con base en Florida y adjunct scholar del Cato Institute. Explica aquí el autor el sistema de privatización desde la base de la preferencia del trabajador por cuentas privadas de retiro en Chile.

La idea de Ball está basada en una premisa engañosamente sencilla, la “fuerte creencia de que los individuos —más que los burócratas del gobierno —saben mejor qué es lo que les conviene.” Se agradece la amable cortesía de Tech Central Station para permitirnos su traducción y publicación.

Allá en el siglo 18, algunas de las colonias españoles de lo que hoy llamamos América Latina eran más ricas, más desarrolladas y su población disfrutaba de un mejor estándar de vida que las colonias inglesas de América del Norte. Eso iba a cambiar después de las guerras de independencia.

Los Padres Fundadores de los EEUU se aseguraron que el rey inglés no fuera reemplazado por la aristocracia local y, ambas, la Declaración de Independencia y la Constitución de EEUU, pusieron en claro que todos los poderes residen en el pueblo, no en los políticos ni en los burócratas.

Desafortunadamente en América Latina heredamos de España algunas muy malas políticas públicas que dieron demasiado poder a los políticos y oficiales de gobierno, y al Estado desde el primer día, la propiedad del subsuelo; por lo que la riqueza del oro, plata y petróleo estuvo pronto fluyendo a los bolsillos de los políticos y sus amigos.

La primera constitución de Venezuela, mi viejo país, fue ratificada en 1811 y fue por mucho la mejor que jamás tuvimos.

Era muy similar a la constitución de EEUU, escrita para proteger al ciudadano del abuso gubernamental. Pero la actual constitución venezolana, la número 25, es la peor hasta ahora, habiéndose convertido en una piñata constitucional que ofrece todo derecho social imaginable.

Eso hace que la constitución sea totalmente imposible de ser cumplida, de manera que los políticos y los burócratas están entonces en posibilidad de decidir quién obtiene qué y pueden así premiar a sus seguidores y amigos, al mismo tiempo que castigar a sus enemigos, cuyas propiedades son sujetos de impuestos y redistribución.

Mejor que la constitución venezolana de 1811 fue la constitución de Argentina de 1854, la que estaba basada en los escritos de Juan Bautista Alberdi, quien había sido fuertemente influido por Thomas Jefferson y James Madison. Alberdi creía que el principal propósito de un gobierno es la protección de los derechos inherentes de las personas a la vida, la libertad y la propiedad.

En su libro Bases para la organización política de la República Argentina, publicado en 1852, Alberdi escribió:

“Hoy debemos luchar por la emigración libre, la libertad de comercio, de ferrocarriles, de navegación de nuestros ríos, de cultivos de nuestras tierras, libre empresa, no en lugar de nuestros principios de independencia y democracia, sino como medios esenciales de asegurar que ellos dejarán de ser meras palabras y se convertirán en realidades.”

Alberdi llegó a imaginar incluso una área de libre comercio para la totalidad de América Latina. Menciono estas dos naciones de sudamericanas porque Argentina y Venezuela en diferentes momentos fueron las naciones más prósperas de la región, con un ingreso per cápita llegando al 75% del ingreso en los EEUU de esos años: Argentina en los inicios del siglo 20 y Venezuela en los últimos años de los 50.

Ambos países gozaron de esas instituciones que son fundamentales para el crecimiento y la prosperidad: una moneda fuerte sin inflación, estado de derecho, mercados libres, respeto de la propiedad privada, relativamente pequeños gobiernos e impuestos bajos. Chile es hoy el país más próspero de América Latina. ¿Por qué?

Porque las reformas de mercados libres instituidas en los 80 fueron tan exitosas que incluso su gobierno socialista actual no se ha atrevido a modificar mucho de ellas. Dos reformas claves fueron la reducción unilateral de tarifas de comercio y la privatización de las cuentas de seguridad social para jubilación.

Puede parecer que son dos políticas totalmente diferentes, pero realmente están ambas basadas en una fuerte creencia de que los individuos —más que los burócratas del gobierno —saben mejor que es lo que les conviene.

Chile tenía el plan “paga mientras vas”, muy similar al sistema con 70 años, de seguridad social de los EEUU, bajo el que las contribuciones de los trabajadores no son los ahorros de sus eventuales jubilaciones, sino impuestos de nómina que se usan para pagar las pensiones de quienes ya están jubilados.

Ese sistema estaba basado en las ideas de Bismarck del siglo 19, entonces canciller de Prusia, y evitó cualquier nexo entre las contribuciones hechas por un trabajador y los beneficios que él recibiría al jubilarse.

Significa esto que no hay relación entre esfuerzo y recompensa. Otros problema se refiere a la demografía. Cuando el presidente Franklin Roosevelt creó la Seguridad Social en 1935 en EEUU, la expectativa de vida era de 63 años, de manera que muchos trabajadores no llegaban a la edad de retiro y los matrimonios entonces tenían muchos más hijos que ahora, por lo que la fuerza de trabajo se expandía rápidamente.

Lo opuesto sucede ahora, cuando relativamente menos trabajadores soportan un número creciente de personas jubiladas. José Piñera fue nombrado ministro de Trabajo y Seguridad social de Chile en 1978 y en 1980 se emitió la ley de Reforma de Seguridad.

Es interesante hacer notar que Piñera primero leyó acerca de la idea de privatizar a la seguridad social en el libro de Milton Freedman Capitalism and Freedom, publicado en 1962. En 1977, Piñera dio un discurso describiendo el futuro de Chile bajo la libertad económica y al día siguiente fue invitado por el presidente Pinochet, a quien no conocía, para repetir el discurso a él y los miembros de su gabinete. En diciembre de 1978, fue nombrado ministro, para reformar el sistema de pensiones y la inflexible y anti-empleo ley laboral chilena.

A los chilenos se les dio la opción de permanecer en el sistema tradicional de seguridad social manejado por el gobierno u optar salirse de él invirtiendo su anterior 10% de impuestos de nómina en cuentas personales de retiro administradas privadamente.

El 95% de los trabajadores seleccionó sus propias cuentas y el 5% que permaneció en el sistema eran casi todos personas cercanas a su jubilación. El resultado fue lo que Piñera llama “privatización desde abajo” del sistema de seguridad social de Chile.

El gobierno chileno garantizó a esos ya jubilados y recibiendo su pensión de seguridad social, que sus beneficios no serían alterados por la reforma. Y las nuevas cuentas privadas no empezaron desde cero, sino que recibieron un monto de la administración de seguridad social de acuerdo con el monto de las contribuciones pasadas de los trabajadores.

En esas cuentas no hay contribución de los empleadores, pero el trabajador tiene la opción de colocar un 10% adicional de su salario.

Sus ahorros crecen sin impuestos hasta su retiro. Para el manejo de sus cuentas privadas de pensión, los trabajadores chilenos seleccionan entre varias empresas de fondos privados de pensión, llamadas Administradoras de Fondos de Pensiones, que compiten por su preferencia.

A aquellos con temor a tener un fondo privado administrando sus cuentas, pregunto cómo preferirían mandar ellos un paquete con valor de varios miles de dólares, por medio del servicio nacional de correo o usando a FedEx o UPS.

Y a aquellos que aún confían en los gobiernos más que en el sector privado, quiero mencionar las promesas de 1936, escritas en una publicación de la Seguridad Social de EEUU:

Después de los primeros 3 años —es decir, en el inicio de 1940— usted y su empleador pagarán 1.5 centavos por cada dólar que usted gana, hasta 3,000 dólares al año… Al principio de 1943, usted pagará 2 centavos y lo mismo su empleador, por cada dólar ganado en los siguientes 3 años… Y finalmente, empezando en 1949, doce años a partir de ahora, usted y su empleador pagarán cada uno 3 centavos por cada dólar ganado al año… Eso es lo máximo que será pagado por usted.

En Chile, cada administradora opera cinco fondos mutuos, con diferentes proporciones de bonos y acciones. Los trabajadores de más edad deben tener fondos mutuos con mayoritariamente valores de renta fija, mientras que los trabajadores más jóvenes pueden tener hasta el 80% de su dinero en acciones.

Las decisiones de inversión son tomadas por las administradoras, pero el trabajador puede seleccionar a la administradora y el fondo preferidos. Ya que los trabajadores son libres para cambiar de una administradora a otra, existe fuerte competencia para ofrecer los mejores rendimientos y el mejor servicio con la más baja comisión. La comisión promedio cargada por las administradoras es 0.7%, inferior a la de la mayoría de los fondos mutuos en los EEUU.

Los clientes reciben un estado de cuenta cada tres meses mostrando el monto acumulado de su fondo de retiro y su desempeño. Son esos activos que el personalmente posee y que su familia heredará en caso de que muera, lo que no sucede en a tradicional Seguridad Social de los EEUU.

Uno de los grandes atractivos del sistema chileno es que admite preferencias personales en lugar de los sistemas uni-talla. Y el sistema reformado mantiene una “red de seguridad” para aquellos que contribuyan 20 años pero sus beneficios estén por debajo de lo que la ley define como “pensión mínima.”

El sistema viejo fue cerrado a quienes se incorporaban por primera vez a la fuerza de trabajo y el mito de que los empleadores pagaran parte de los impuestos de nómina pronto desapareció en Chile. Desde el punto de vista del empleador, lo que tiene que pagar en impuestos de nómina es parte del costo de contratar a un trabajador adicional, lo que los economistas siempre han reconocido, que los impuestos de nómina en realidad siempre son pagados por los trabajadores.

Esto fue demostrado una vez más en Chile, cuando los salarios se elevaron después de la privatización de la seguridad social, como reacción de la oferta y la demanda. Hoy prácticamente cada miembro de la fuerza laboral de Chile tiene una cuenta de jubilación administrada privadamente y las empresas privadas que administran esas cuentas otorgan seguros de incapacidad y salud a sus clientes.

El aumento sostenido de salarios chilenos permite a los trabajadores comprar seguros de salud de las mismas empresas, para sostenerse con sus propios medios y no depender del gobierno para su jubilación ni salud.

Como puede ser imaginado, el programa encontró oposición por parte de quienes están en contra de la idea de que los trabajadores individuales deban tomar decisiones importantes propias y del futuro de su familia. Un sindicato se acercó al ministro Piñera ofreciendo su apoyo a la privatización a cambio de que en vez de que cada trabajador seleccionara su fondo de pensión, esa decisión fuera dejada en manos de los directores del sindicato.

La respuesta de Piñera fue que no podía hacer eso, ya que los administradores de los fondos hubieran encontrado más sencillo comprar el apoyo de los líderes sindicales por debajo de la mesa que competir en un mercado libre.

El siguiente visitante en la oficina de Piñera fue el presidente de uno de los más grandes bancos chilenos, quien le dijo al ministro que el sector bancario apoyaba sus ideas, pero que los fondos privados deberían ser manejados sólo por los bancos locales, porque las empresas financieras extranjeras no deberían competir.

Desafortunadamente, en América Latina ésa es una práctica común de negocios. Tienen tanto poder económico los políticos y los oficiales de gobierno que en lugar de competir en el mercado libre, los pseudo-capitalistas prefieren concentrar sus esfuerzos en elevar las tarifas de importación o hacer que los reguladores hagan la vida difícil a sus competidores. De acuerdo con Piñera,

“para los chilenos, sus cuentas de retiro representan derechos reales de propiedad.Es cierto, las cuentas, no riesgosas promesas gubernamentales, son las fuentes primarias de seguridad en el retiro y el activo típico del trabajador chileno no es su auto usado o su casa (probablemente aún hipotecada), sino el capital de su cuenta de retiro.”

Mientras que el retorno de las contribuciones del trabajador norteamericano a la seguridad social es de menos de 1%, el retorno de la inversión del trabajador chileno en su cuenta de retiro es en promedio de 10.7% por encima de la inflación, y los recursos acumulados en esas cuentas son el 70% del PIB del país.

Convertir a los trabajadores en inversionistas en la economía chilena fue un brillante cambio estructural que contribuyó al incremento anula de la economía, de 3% a 7.2% en el período de 1985 a 1997. Hay unos 20 países que de alguna manera han privatizado a la seguridad social. Incluso la India lo está considerando.

Para mí, es impensable que la India esté por delante de los EEUU en este asunto tan importante de política pública. Terminaré citando a mi viejo amigo José Piñera una vez más:

“La gran lección de la experiencia chilena es que las únicas revoluciones que son exitosas son ésas que confían en el individuo y las maravillas que los individuos pueden hacer cuando son libres.”

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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