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Qué, Cómo y Cuándo
Selección de ContraPeso.info
7 octubre 2005
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
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Una de las cosas más terribles que puede recibir una nación es la propuesta de un político que promete grandes cambios sociales e implantación de nuevos modelos —la propuesta no sólo es irreal, sino vaga y en extremo arriesgada. Y además puede significar todo, absolutamente todo. Igualmente son temibles las largas listas de compromisos y promesas electorales que quieren dar gusto a todos y terminan por desilusionar a esos mismos a quienes encantó.

Desde luego, México está metido de lleno en estas lides. Los candidatos y precandidatos echaron a andar su fábrica de promesas, parece que más que de costumbre. Por si eso fuera poco, un grupo lanzó su propia lista de metas, el llamado Acuerdo de Chapultepec. Por listas no paramos y la hay de todos tipos, desde las vagas que nada significan hasta las que prometen detalles. En muchas cosas se parecen, pues prometen lo obvio.

Dentro del mar de listas de promesas, el 5 de octubre pasado fue publicado un desplegado en periódicos mexicanos, sobre el tema pero con un enfoque que es bienvenido: prometer es fácil, lo crucial es proponer los “cómos” y los “cuándos” —algo en lo que ContraPeso.info ha insistido como la real forma de elegir y decidir el voto.

A continuación se reproduce el texto original de ese desplegado, que ha sido editado en términos de formato, pero no de contenido. ContraPeso.info no tiene relación con sus promotores, pero aplaude la idea de ese decálogo que sus autores sugieren.

Para hacer posibles los acuerdos: qué, cómo y cuándo

Como muchos ciudadanos, recibimos con entusiasmo el llamado a un Acuerdo Nacional para la Unidad, el Estado de Derecho, el Desarrollo, la Inversión y el Empleo. Lo entendemos como una invitación a poner manos a la obra y asegurar su viabilidad.

Por ello, el Acuerdo no puede ser sólo una invitación a que la sociedad reitere “qué” quiere, dejando a los actores políticos que definan “cómo” lograrlo. Si fuera así, nos quedaríamos empantanados como en otras convocatorias frustradas. En una democracia, las alternativas para solucionar los restos que enfrenta el País deben ir a los “cómos” y estos “cómos”, para ser valorados, necesitan ser específicos.

En los últimos años, segmentos importantes de la sociedad mexicana han demostrado su capacidad para promover iniciativas viables y exitosas como la Ley de Transparencia. Ese fue el caso del Grupo Oaxaca en el que participamos los que suscribimos el documento.

Los esfuerzos por legislar en materia de acceso a la información no partieron del deseo de arreglar el país de golpe, partieron más bien de identificar un engrane, de muchos indispensables para nuestra vida democrática. Emprendamos una búsqueda de engranes, por pequeños que sean y abandonemos la fantasía de encontrar la fórmula mágica para arreglar la inmensa máquina.

Queremos responder a la invitación del Acuerdo aportando diez principios que pueden servir para identificar estos engranes motrices. Este decálogo pretende ser una prueba de ácido que nos ayude a separar la paja de la sustancia. Un filtro que sólo permita pasar a las propuestas que:

1. Precisen los “cómos” y los “cuándos.”

2. Pongan el línea el interés personal y el colectivo.

3. No impliquen inversiones públicas adicionales.

4. Hayan demostrado éxito en algún lugar

5. Puedan implantarse a corto plazo.

6. No sean “LA” gran solución, pero sí “UNA” solución de impacto multiplicador.

7. Sean medibles y concretas.

8. Generen alto impacto en beneficio del ciudadano.

9. Mejoren su relación esfuerzo-resultado.

10. Sean implementaciones exitosas, no grandes visiones abstractas.

Este decálogo puede ser una guía que ayude a traducir los cinco grandes objetivos del Acuerdo dado a conocer hace unos días en propuestas específicas que vale la pena perseguir, así como establecer la hoja de ruta de cada proyecto específico.

Si como sociedad no nos damos a la tarea de incidir en cambios concreto, lo que nos queda es atenernos a las promesas de los candidatos. Actualmente en el problema de salud, por ejemplo, los elementos que tenemos para contrastar ofertas públicas se parecen a lo siguiente: el candidato A nos ofrece construir 100 hospitales, el candidato B nos ofrece 200, y el candidato C, 500 hospitales más dos calles. ¿Será esta guerra de promesas la que nos permita elegir al mejor de los tres?

Ya no podemos darnos el lujo de elegir gobernantes comparando las canastas de buenos propósitos que cada uno nos promete. El país está urgido de “cómos” y “cuándos” cumplibles y bien probados.

Nos hemos acostumbrado a ver al País a la distancia, como a una máquina enorma que no funciona y a la que hay que arreglarle todo al mismo tiempo. Lo que necesitamos es acercarnos a cada uno de sus engranes y realizar el trabajo modesto, pero a la larga eficaz, de hacer funcionar este País pieza por pieza.

Luis Carbonell, Jorge Islas, Salvador Nava, Miguel B. Treviño.

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