Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sal, Oro y Comercio
Eduardo García Gaspar
1 septiembre 2005
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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En un libro aparece una narración que cuenta lo siguiente. El libro habla de sal y de oro en una de sus partes y señala que la sal es tan común en nuestros días que los restaurantes la regalan. Y a continuación señala un hecho de comercio en la Edad Media.

Apunta  que los comerciantes de esos tiempos, de Europa y Arabia, se aventuraban en peligrosos viajes al continente africano para obtener oro.

Los habitantes de África tenían oro, al que consideraban sin valor, pero que los comerciantes apreciaban mucho. Y entre los dos hacían intercambios. Los africanos no tenían sal y la necesitaban, pero tenían oro y no lo requerían. La situación que se presentaba era la obvia, pues los comerciantes tenían sal en abundancia y necesitaban oro. Consecuentemente lo intercambiaban.

Al acabar con esta descripción de un hecho de comercio, el autor escribe que seguramente ambas partes pensaban haberse aprovechado una de otra, cambiando una cosa sin valor por otra con valor.

Bajo la vieja perspectiva este intercambio y otros similares han sido vistos como una tomada de pelo, creyendo que aquel que se llevaba el oro era el explotador que había defraudado al inocente primitivo que se había dejado engañar con algunas baratijas.

La realidad es más compleja y lo señala el autor cuando dice que ambos pensaban que habían engañado al otro. Recuerdo a varios profesores de historia que pensaban que esos intercambios habían sido injustos y se lamentaban de ello, confundiendo a sus alumnos con una mentalidad tramposa.

Ignoraban lo que sabemos desde no hace mucho: la paradoja del valor del agua y de los diamantes. ¿Por qué vale más un diamante que el agua, si ésta es vital y el otro no?

La respuesta es el valor personal que a cada bien asigna cada persona. Ahora, usted en su casa, valora al agua en proporción a la cantidad de la que dispone y si alguien le ofrece oro por su agua, usted aceptará el cambio creyendo que el otro es un loco.

Pero si la situación se realiza en un desierto, en el que usted tiene poca agua y el otro oro, la situación ya no es tan alocada. La variable clave está en el valor personal que cada quien da a cada bien y su disponibilidad.

Por eso no extraña que se cambie oro por sal… cuando usted realmente necesita sal y tiene oro en cantidades que no necesita. Estos intercambios de un bien por otro tienen una consecuencia interesante: hacen que cada parte termine mejor que antes. Uno termina con la sal que quiere y el otro con el oro que desea. No está mal el asunto, nada mal.

Es la misma mentalidad que a cada uno de nosotros le hace comprar bienes. Al comprar, por ejemplo, un lápiz, lo que está sucediendo es poco conocido. Para usted, el dinero que tiene que dar vale menos que el lápiz y para el dueño de la tienda vale menos el lápiz que el dinero que usted le da.

Después de la compra-venta, usted y el dueño de la tienda terminan en una situación mejor a la anterior. De lo que sacamos una conclusión innegable: cuantos más intercambios se realicen, mejor viviremos todos. Pero hay otra conclusión aún mejor. Los intercambios permiten explicar a la pobreza.

Quien tiene escasos ingresos es aquel que ofrece bienes de escaso interés para el resto o bienes que abundan y por eso tienen precios bajos. El remedio está, por tanto, en cambiar y que esas personas ofrezcan bienes que sean mejor valorados por los demás.

Por esto se requiere capital, es decir, capacitación personal y tecnología para elevar la productividad. Lo que he querido señalar en esta segunda opinión es que los intercambios son de beneficio, pero que existen mentalidades que creen que esos intercambios dañan a una de las partes involucradas.

Por ejemplo, creen que el que recibió oro engañó al que recibió la sal… lo que es falso, por una sola razón: los intercambios fueron voluntarios y nadie obligó al otro a realizarlos. Y esto lleva a otra conclusión sencilla y fácil: si los intercambios se promueven y facilitan, el bienestar se eleva, por lo que los gobiernos que simplemente dejan actuar a las personas son de mucha ayuda para elevar la prosperidad.

No digo que los gobiernos se metan a promover los intercambios, sino que simplemente no se metan y dejen a la gente que libremente los realice.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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