Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Salud en Canadá
Eduardo García Gaspar
22 junio 2005
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El pasado 9 de junio, el periódico Guardian del Reino Unido publicó un reporte acerca de la situación de la medicina socializada en Canadá. Si usted tiene la imagen de que esos servicios son de país de primer mundo, tome una silla y siéntese.

Un dato inicial: el promedio de espera para cirugía y tratamientos terapéuticos de los canadienses es de casi 18 semanas, según el Fraser Institute.

Sí, más de cuatro meses. La nota del Guardian relata lo sucedido con un caso, el de un canadiense, George Zeliotis, de Montreal. Tenía un problema con su cadera, debía esperar un año para ser atendido y quiso pagar por atención privada inmediata, algo que es ilegal allá. Puso su demanda y ganó en la suprema corte.

Se concluyó que las personas tienen derecho a pagar y ser atendidas en clínicas privadas, las que están prohibidas por ley, pero existen… y las autoridades dejan vivir.

La argumentación legal es razonable: existe la medicina pública, socializada, que es gratuita y se financia con los impuestos, pero si ella no puede atender a los enfermos y les impide otro tipo de atención, así se viola la libertad y los derechos de quienes quieren pagar por atención médica a quien sí los puede atender.

La realidad se comió al sistema y el sistema canadiense, muy bonito en papel, “está plagado de largas listas de espera, falta de doctores, de enfermeras y equipo”, según el periódico.

Aunque como dije, es ilegal ser atendido con mayor velocidad en otras partes, pagando, se han creado clínicas privadas que atienden esos casos. Las clínicas están fuera de la ley, pero las autoridades no intervienen. Esta es una salida a las fallas del sistema.

La otra es obvia, los canadienses cruzan la frontera y se atienden en los EEUU, que no tienen ese tipo de sistema de salud. En esencia, la situación es una de monopolio: el estado benefactor, con muy buenas intenciones estableció que era el responsable de la salud de la población y que daría esos servicios a todos de manera gratuita a la hora de necesitarlos, pero que para pagar los costos tendría que cobrar impuestos.

Y en el momento de la verdad, resulta que el sistema de buenas intenciones no puede atender a los enfermos de manera satisfactoria. Lo mismo que ha sucedido en el Reino Unido y Suecia. La idea es realmente absurda.

Pensemos en otra posibilidad, un tanto ridícula, pero con la misma filosofía. En este caso, el gobierno dicta que es el único proveedor de ropa y que gracias a ello se respetará el derecho a vestir. Para implantar esto, lo que hace el gobierno es cobrar más impuestos y decirle a los ciudadanos que lo que tienen que hacer es ir a las tiendas públicas de ropa y tomar de ellas lo que necesiten.

Más aún, para garantizar el derecho a la alimentación, hace lo mismo. Eleva los impuestos, abre tiendas públicas de alimentos y los ciudadanos van a ellas tomando lo que necesitan y salen sin pagar, igual que con la medicina pública o con la educación pública.

El sistema puede llegar al extremo: los impuestos son del 100 por ciento y todo lo que los ciudadanos tienen que hacer es ir al cine, por ejemplo, y entrar sin comprar boleto, pues con sus impuestos ya lo pagaron, igual que los alimentos, los tragos, los médicos, los libros, los periódicos, los refrigeradores… todo.

Desde luego, un sistema así no funciona, ni en salud ni en educación, ni en nada, pero tiene una apariencia preciosa y atractiva. La atención médica fallará, igual que las salas de cine, la calidad y disponibilidad de la ropa. Y surgirán mercados grises, con ropa comprada por fuera, como las clínicas ilegales de Canadá.

Un sistema así no funcionará y terminará dañando a esos a quienes pretende servir, pero además tiene un defecto serio, el anular la libertad.

¿De qué sirve ser libre si tengo que ser atendido por clínicas que el gobierno me asigna? ¿De qué sirve ser libre si tengo que mandar a mis hijos a las escuelas que el gobierno me obliga?

En un sistema así, la libertad es atacada despiadadamente… que es precisamente lo que hace un estado benefactor, el anular a la naturaleza humana, volviendo al ciudadano un obediente esclavo dependiente de lo que el gobierno quiere darle.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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