Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Santa María Madre de Dios (2005)
Textos de un Laico
29 diciembre 2005
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• En la primera de las lecturas (Números 6, 22-27) se habla de la invocación a Dios buscando su bendición. Dice el Señor en esa lectura hablando a Moisés, “Di a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas: El Señor te bendiga y te proteja; haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor; que el Señor te mire con benevolencia y te conceda la paz. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré”.

La misma idea está en el salmo responsorial (66) que dice “El Señor tenga piedad y nos bendiga… Que Dios se apiade y nos bendiga… Que Dios nos bendiga y que lo teman hasta los más remotos lugares de la tierra”. Es una petición reiterada por la que le reconocemos como nuestro creador y cuya protección buscamos; queremos que nos guíe, “que haga brillar su rostro sobre nosotros”, que ponemos la vida que nos dio en sus manos. Es una forma de buscar a Dios y de hacerlo el centro de nuestra vida

• El evangelio de este domingo (Lucas 2, 16-21) narra el episodio de los pastores. “… los pastores fueron de prisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que el ángel les había dicho de este niño. Y cuantos escuchaban lo que decían los pastores, se quedaban maravillados… Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios, porque todo cuanto habían visto y oído era tal como les habían dicho”.

Pongámonos en el lugar de los pastores, a los que un ángel anunció la llegada del niño. Pudieron haberse quedado allí, sin hacer nada, dejando que las cosas sucedieran en otro lugar. Pero hicieron lo opuesto. Dejaron lo que estaba haciendo y fueron de prisa a encontrar al “niño acostado en el pesebre”. Estaban buscando la bendición de Dios y no lo hicieron esperando que les llegara; al contrario, salieron a buscarle y así nos enseñan que el pedir la bendición de Dios implica una conducta activa de nuestra parte, el salir a encontrarle. Fue así que los pastores encontraron sentido a la bendición de la primera lectura, “El Señor… haga resplandecer su rostro sobre ti”.

• La segunda lectura de este domingo (Gálatas 4, 4-7) complementa lo anterior. Dice San Pablo que “Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su propio Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo el dominio de la ley, para… hacer que recibiéramos la condición de hijos adoptivos de Dios. Y la prueba de que ustedes son hijos es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que grita: ¡Padre! De modo que ya no eres siervo, sino hijo, y como hijo, también heredero por gracia de Dios”.

Quizá puedan verse estas palabras como ese llamado a los pastores. Dios envía a su hijo haciéndonos un llamado por el que nos hace herederos suyos. Nos llama, y el nacimiento del niño es ese llamado; como el ángel que habló con los pastores. Ahora el turno es nuestro para ir a él buscando su bendición, pidiéndole que “que haga brillar su rostro sobre nosotros”.

Desde luego, tenemos la libertad de ignorar ese llamado, de quedarnos como estamos y donde nos encontramos; pero también podemos levantarnos y acudir al llamado. El año nuevo suele ser ocasión de hacer largas listas de propósitos de mejora personal. Lo que estas lecturas nos proponen es tener una sola intención de año nuevo, la de buscar la bendición de Dios Nuestro Señor y hacerlo de manera activa y consciente, entendiendo que esa bendición está allí esperándonos.

Basta con levantarnos y con intención sincera ponernos en sus manos. Porque será sólo así que Dios nos hará resplandecer su rostro y nos concederá su favor; y nos mirará con benevolencia y nos dará la paz.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

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Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé, Dame concentración, que me distraigo con facilidad, Dame luz para ver mis defectos, que los suelo ignorar. Dame humildad, que lo que quiero es santidad.

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé. Dame tu perdón, que estoy arrepentido. Dame virtud, que lo que quiero es imitarte. Dame gracia, que contigo quiero estar.

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé, Dame sufrimiento, que no quiero olvidarte. Dame alegrías, que quiero recordarte. Dame vida, que con ella quiero servirte

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé, Dame inteligencia, que quiero buscarte Dame fe, que quiero entenderte Dame firmeza, que quiero amarte

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé, Dame fuerza, que soy débil y temo perderte. Dame esperanza, que quiero conocerte. Dame ojos, que aún no puedo verte .

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé, Dame silencio, que quiero escucharte Dame razón, que lo que quiero es tener fe Dame palabras, que a otros quiero hablar de ti.

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé, Dame libertad, porque quiero ir a ti con voluntad. Dame el pan de cada día, que alimentar quiero mi alma. Dame tu bendición diaria, que sin ella no puedo vivir.





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