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Socialismo Atávico
Selección de ContraPeso.info
13 abril 2005
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
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ContraPeso.info agradece la gentil cortesía de Tech Central Station para traducir y reproducir el siguiente texto de Madsen Pirie, presidente del Adam Smith Institute en Londres.

El autor recuerda una idea de F. A. Hayek: la imposibilidad de que el socialismo soviético durara más de tres generaciones, en buena parte porque su esencia es primitiva y atrasada. El socialismo no era lo que pretendía ser, moderno y científico, sino lo contrario exactamente.

El otoño de 2004 marcó el aniversario 15 de la liberación de Europa central y del este, del dominio soviético. Recuperaron su libertad uno por uno, mientras el mundo observaba maravillado. La destrucción del muro de Berlín fue una dramática acción física que simbolizó el proceso. Parecía como si la juventud de Europa recortara el tejido mismo del socialismo.

F. A. Hayek había predicho la caída del socialismo. Sus partidarios y entusiastas lo consideraban como la más alta etapa del progreso, el nivel último de desarrollo humano descubierto por la ciencia y logrado por el activismo revolucionario.

Pensaban que la historia humana anterior a ese tiempo era una colección de mitos y supersticiones, de creencias bárbaras y explotación egoísta. En el amanecer del gran día, los humanos vivirían con respeto mutuo y se tratarían con decencia.

El análisis científico, aplicado a la historia y a la sociedad, había revelado el verdadero destino de la humanidad. El socialismo era algo que no podía fracasar. Sus análisis les habían enseñado que su triunfo era inevitable. El mismo Hayek no hizo caso de la inevitabilidad.

Él vio al desarrollo humano con una mente más empírica y observó que las sociedades humanas que prosperaban y sobrevivían eran esas que permitían el establecimiento de ciertas instituciones y prácticas que pasaban de generación en generación.

Importantes entre las tradiciones culturales que permitían esto estaban cosas como el respeto a los derechos de propiedad y un gran valor dado a los lazos familiares y a la lealtad. Incluyó tradiciones que promovían que las personas pospusieran satisfacciones presentes en espera de beneficios futuros mayores.

Nadie había pensado esto, dijo Hayek. Es que sencillamente las sociedades que respetan y practican esas cosas sobreviven y las otras no. Nuevas religiones vinieron y se fueron, observó. Las que incorporaron valores como esos podían durar, pero las otras no. Hayek habló de la visión de que las religiones “falsas” que no respetaban estos valores podían descartarse en promedio en unas pocas veintenas de años.

La nueva generación adoptaba las nuevas maneras con gran entusiasmo; en sus hijos la lealtad a las ideas era más débil; y finalmente serían abandonadas en la tercera generación. Ante la consternación de los socialistas, Hayek trató al comunismo como si se tratara de otra más de las religiones “falsas”, si bien seductora y mortal.

Concluyó que sufriría el mismo destino de otros sistemas de valores que iban en contra de los valores tradicionales. Su anticipación de sucesos fue notable, porque fueron poco más de 70 años entre la Revolución Bolchevique de 1917 y el colapso final justo hace 15 años. Es afortunado que Hayek haya vivido lo suficiente como para ver avaladas sus ideas.

Vio al socialismo, su enemigo de siempre, morir antes que él. Conocí a Hayek por medio de la Mont Pelerin Society y durante sus 15 años como presidente del Adam Smith Institute’s Board of Scholars. Estuve presente en mayo de 1978 cuando F. A. Hayek presentó la Hobhouse Lecture en la London School of Economics.

El auditorio estaba atestado con personal y estudiantes mientras Hayek presentó el reporte titulado The Three Sources of Human Values, el que fue posteriormente publicado como un epílogo del volumen III de Law, Legislation and Liberty.

En esa ocasión, Hayek explicó que desde la primera fuente venían ideas que eran genéticamente determinadas e innatas. La segunda fuente era el producto del pensamiento racional, las ideas que producimos.

La tercera y más importante venía de la transmisión cultural, las ideas trasmitidas por la sociedad. Parte de su tesis era que los seres humanos habían desarrollado sus instintos morales heredados como cazadores. Conforme más tarde desarrollaron una sociedad ampliada, con interacción y comercio, tuvieron que aprender culturalmente a subyugar sus instintos heredados y dar lugar a una moral más sabia y satisfactoria, lo que él llamó La Gran Sociedad.

Hayek dijo a su fascinada audiencia que los viejos valores de los cazadores tenían aún su atractivo, incluyendo la urgencia de repartir todo cuando el valor no podía almacenarse. Aun con todo lo que la sociedad moderna hace posible, todavía sentimos esa urgencia que hemos aprendido a dominar dando lugar a las reglas que hacen posibles logros más valiosos. Los grupos que aprendieron a hacer eso, sobrevivieron.

Los miembros de la audiencia realmente tosieron cuando Hayek se refirió al socialismo como atávico —ancestral y referido a un orden viejo y primitivo. Muchos de los estudiantes estaban entre esos que pensaban que el socialismo era moderno y científico y que podría quizá traer orden al mundo caótico e injusto.

Y aquí estaba Hayek igualándolo con un instinto primitivo, inferior a las más avanzadas reglas que habían permitido a la sociedad desarrollarse. Fue quizá un momento de definición. El socialismo en Inglaterra está en su punto más alto, aunque visiblemente había fallado en lograr objetivos valiosos.

La confianza en él comenzaba ya a disminuir en el país e internacionalmente, junto con la fe que delineaba la ruta para un mejor futuro. El ataque intelectual estaba directamente en contra de su modernidad y racionalidad. Menos de un año después de la conferencia de Hayek vino el inicio de la contra revolución. Y poco más de una década después las ruinas del socialismo ensuciaban los paisajes de Europa.


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1 comentario en “Socialismo Atávico”
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