Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tener Tiempo Para Pensar
Eduardo García Gaspar
31 enero 2005
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


El comentario es frecuente. El ejecutivo que menciona ir a la oficina en días en los que no hay personas allí y, por eso, trabaja mejor, adelanta cosas, limpia el escritorio, o simplemente piensa.

Todos hemos pasado por esa experiencia, la de estar en la oficina un fin de semana, o durante vacaciones como las de diciembre, cuando nadie anda por allí.

Más aún, esas reflexiones son adicionadas con otra realidad, la de los teléfonos que no suenan. Y, como se cree que en esos días de vacaciones o de fin de semana nada de trabajo puede lograrse, la oportunidad la pintan ideal como para alejarse de la oficina… para encontrar carreteras atascadas desde el viernes hasta el domingo o centros vacacionales llenos.

Mi punto aquí es sencillo: el ambiente de oficina no es, demasiadas veces, el propicio para lograr las mejores potencialidades humanas.

Llamadas, reuniones, emergencias, correos, revisiones, pláticas innecesarias, esperas desesperantes, ruido, todo está en buena dosis cooperando para distraer la atención mental y hacer algo que es esencial, pensar. Conocí una empresa que se manejaba bajo el principio de “management by crisis.”

Es decir, nadie hacía cosas de fondo para remediar problemas ni para aprovechar oportunidades. Se dejaba todo como estaba hasta que la crisis explotaba y entonces se reaccionaba, sin haber hecho caso a las señales de la crisis que se avecinaba. Es un estilo de administración en el que el pensar no existe.

Allí, los asuntos triviales se atendían con prioridad y los importantes con lentitud. Lo que intento decir es que a los humanos nos caracteriza una cualidad, la de poder pensar, razonar y anticipar el futuro.

Cuando la agenda está llena, sucede eso, lo poco importante toma el lugar de lo muy importante porque la visión diaria se nubla: la siguiente llamada telefónica es todo en lo que se piensa. Una vez escuché decir que el tiempo de los ejecutivos es como el espacio disponible en los hoteles, a los que causa daño estar al 100 por ciento de ocupación. Supongo que con la agenda suceda lo mismo.

El 100 por ciento del tiempo ocupado es malo, pues no da tiempo para pensar y el pensar es parte de la responsabilidad ejecutiva. Recuerdo un alto ejecutivo que conocí un día, en cuya agenda no cabía un alfiler. Otra manera de ver esto es el ocio, un recurso en extremo necesario y valioso que permite “ver” con mayor profundidad la realidad.

Llamemos tiempo libre a ese recurso que es un lujo que debe fabricarse por obligación y como parte necesaria de la administración. Más o menos como las utilidades de las empresas, las que más que deseables son en verdad un costo necesario de subsistencia.

Y es que en esos tiempos libres, como los de esos días en los que la oficina está vacía, el ejecutivo puede concentrarse, analizar y ver más allá de su agenda. Son las horas en las que el nada que hacer se convierte en el algo mejor para hacer.

Por esto, me parece, que el ejecutivo de la agenda atascada es también en ejecutivo de una mentalidad tonta. Porque al final el darse el lujo de tiempo libre es algo difícil de entender. Las personas con facilidad verán desperdicio cuando lo único que está pasando es que las neuronas se mueven y las cuerdas vocales están en reposo.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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