Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tiempos de Fraude
Selección de ContraPeso.info
16 marzo 2005
Sección: ETICA, NEGOCIOS, Sección: Análisis
Catalogado en: ,


El tema de los fraudes corporativos es de especial interés en ContraPeso.info. El análisis del profesor Maximilian B. Torres hace contribuciones muy valiosas en este tema.

Se agradece la gentil cortesía del Acton Institute para traducir y reproducir en una sola entrega las tres partes del ensayo del profesor Torres, quien es Visiting Associate Professor of Law en la Ave Maria School of Law en Ann Arbor, Michigan.

I. La verdad: condición previa e indispensable de los negocios

“La libertad”, escribe Juan Pablo II en su encíclica de 1991, Centesimus annus, “alcanza su total desarrollo sólo al aceptar la verdad. En un mundo sin verdad, la libertad pierde su sustento y el hombre se expone a la violencia de la pasión y a la manipulación, abierta y oculta.”

El Capitalismo Democrático como sistema no está ni puede ser ordenado por la verdad como su más alta meta, porque su sistema moral-cultural es pluralista.

Como señala Michael Novak en El Espíritu del Capitalismo Democrático, el sistema está destinado a frustrar el impulso dictatorial; más bien, intenta crear un espacio moral abierto, en el que el individuo puede buscar la verdad de acuerdo con sus propias luces y predicar a la sociedad “sólo indirectamente, al inspirar a millones de individuos y mediante la competencia de ideas y símbolos en una mercado plural.”

Verdad y conciencia

Aún así, la persona individual busca axiomáticamente “verdad, belleza, virtud y significado”, según Novak. Y de esta manera, el desarrollo del personal centro “de la indispensable moralidad común… y del razonable nivel de bondad, decencia y compasión” en el que descansa el capitalismo democrático, depende a su vez de la búsqueda personal que cada persona realiza de la verdad y el respeto de sus acciones a esa verdad, según el discernimiento del juicio práctico de conciencia.

Juan Pablo II escribe en su carta encíclica Veritatis Splendor —la reflexión de la Iglesia acerca de la moralidad de los actos humanos— que “en el juicio práctico de conciencia, que impone en la persona la obligación de realizar un cierto acto, el enlace entre la libertad y la razón se hace manifiesto.”

La conciencia enlaza a la libertad con la verdad en acción, y por esta razón se dignifica y salvaguarda el capitalismo democrático de las intromisiones del estado unitario. Aparte de la importancia de la conciencia, señalada por su protección especial, “siempre es desde la verdad que la dignidad de la conciencia deriva.”

Y por eso, “La dignidad de este foro racional y la autoridad de su voz y juicios derivan de la verdad acerca del mal y del bien moral, que ella escucha y expresa.”

Verdad y ética de negocios

De los hombres y las mujeres de negocios, no menos que otros y quizá más que el resto, se espera que sean morales, que busquen y realicen la verdad en sus tareas de empresa. Esto es especialmente cierto porque sus actos son magnificados por medio de las grandes organizaciones, con consecuencias muy amplias en otros y en la sociedad. No es un asunto de responsabilidades sociales corporativas imaginarias.

Es una cuestión de responsabilidades reales para formar la conciencia propia y así hacer el bien y evitar el mal. Las personas de negocios son llamadas a ejercer control interior, o ética, en sus actividades profesionales bajo el riesgo de, en caso contrario, tener imposición de control exterior, o ley.

El azote de la ley Sarbanes-Oxley, aplicada con vigor, es el precio que los negocios pagan por no reconocer, en las acciones de algunos, demasiados, de sus practicantes, que “el ordenamiento racional de los actos humanos al bien en su verdad y el seguimiento voluntario de ese bien, conocido por la razón, constituyen la moralidad”, como señala Veritatis Splendor.

Lo anterior dará la apariencia de ser etéreo, sonar elevado y exageradamente ideal para alguien que simplemente trata de ganarse la vida administrando una empresa o trabajando en una. Aún así, lo que he dicho es más descriptivo que prescriptivo.

Propongo que la actividad de negocios “es” y que debe ser considerada como ética o no ética de acuerdo con su conformidad o inconformidad a la verdad. Más aún, esa conformidad dispone quién y qué se convertirá uno en lo personal y profesionalmente por medio de la actividad.

Verdad y contabilidad

Considérese el testimonio del coronel Arthur A. Carter, un senior partner de Haskins and Sells, y cabeza de la Sociedad de Contadores Públicos Certificados de Nueva York, dado al senado de los EEUU durante el debate de la ley federal de valores, en 1933:

Senador Alben Barkley de Kentucky: ¿Existe alguna relación entre su organización de 2,000 miembros y la organización de contralores representada aquí ayer con 2,000 miembros?

Coronel Carter: Ninguna en absoluto. Nosotros auditamos a los contralores.

Senador Barkley: ¿Ustedes auditan a los contralores?

Coronel Carter: Sí; el contador público audita las cuentas del contralor.

Senador Barkley: ¿Quién los audita a ustedes?

Coronel Carter: Nuestra conciencia.

Considérense también las palabras del ex comisionado de la SEC, Arthur Levitt, quien en un discurso de 1996 al Financial Reporting Institute dijo, “[Los contadores] son profesionales altamente refinados y conocedores. Y ellos realizan una de las más valiosas funciones de una sociedad capitalista. Su material de trabajo no son los números, ni los lápices, ni las columnas, sino la verdad. Los contadores son las personas que protegen a la verdad.”

Estoy agudamente consciente del escepticismo con el que es recibida la sola mención de la verdad, y de las controversias filosóficas que rodean a esa noción. Sin embargo, no es pequeña la parte que hace a la ética de negocios un campo prometedor cuando allí con facilidad nadie parece confundido con lo que “es” al saberse que alguien “está arreglando los libros”; no hay aquí consideraciones meta-éticas, ni perplejidad ante la pregunta de Poncio Pilato, “¿Qué es la verdad?”

El público reconoce rápidamente lo malo y lo bueno, y actúa por medio de sus agentes para castigar a los perpetradores por no reconocer esa diferencia, como hemos visto en el caso de Arthur Andersen. La ironía es que los estados financieros no representan a la verdad. Más bien, ellos proveen una fotografía del devenir de los asuntos de una empresa en un punto arbitrario en el tiempo.

Tampoco los auditores garantizan la veracidad de los registros contables que auditan, ni de los estados contables que certifican para su uso público. Ese papel fue específicamente rechazado por esa profesión, la que cabildeó en contra de las provisiones de la ley de valores de 1933 y que hacía de la verdad un estándar de la ley.

Esa parte de la ley de 1933 fue cambiado en 1934 y hoy la certificación de un auditor expresa solamente una opinión educada de que los estados han sido preparados de acuerdo con los principios generalmente aceptados de contabilidad. Aún considerando los estándares legales, el público espera un alto nivel moral de los hombres de negocios y sus auditores; esto es, espera una habilidad demostrada y sin fallas para actuar de acuerdo a la verdad.

El público inversionista espera estados financieros que representen la salud financiera de los asuntos de la empresa, con toda la exactitud que se pueda tener debido a limitaciones estructurales como los precios cambiantes de inventarios y demás; no espera la habilidad de realizar trucos contables del CFO.

Demasiadas veces en el pasado reciente, el público ha pedido integridad y se le ha respondido con fraude. El funcionamiento saludable de un sistema capitalista democrático depende de la actividad de hombres y mujeres de negocios que hayan correctamente formado sus conciencias y que actúan de acuerdo con la verdad.

Nuestro sistema socioeconómico da espacio a la libertad y demanda que esa libertad sea usada con responsabilidad, esto es, en concordancia con lo que es.

II. El escándalo de la anti-verdad: la era del fraude

De toda maldad que al odio el cielo excita la injuria es el fin, y todo tal propósito con fuerza o con fraude a otro contrista. Mas como defraudar es propio mal del hombre, más disgusta a Dios: por eso más abajo están los fraudulentos, y mayor dolor los acosa. ——–

Con el fraude, que a toda conciencia hiere, puede el hombre abusar de quien confía, y de quien a la confianza no da albergue. En este modo segundo, parece que aún mata el vínculo de amor que la naturaleza crea; por donde en el círculo segundo anida hipocresía, adulación y hechicería, falsedad, latrocinios, simonía, rufianes, truhanes y similares inmundicias.

En el primer modo, aquel amor se olvida que la natura crea, y lo que después se agrega, de lo cual la fe especial se cría: y así en el círculo menor, donde está el centro del universo, sobre el que se asienta Dite, todo traidor eternamente se consume. De La Divina Comedia, canto XI, Infierno.

Si los años 80 fueron la “década de la codicia” por los escándalos de acciones que abrumaron a Wall Street y terminaron con la caída de Drexel Burnham Lambert y el encarcelamiento de Michael Milken, estamos ahora viviendo una “era del fraude” por los análisis de investigación sospechosos y el derrumbamiento financiero que ha engullido a la completa comunidad financiera, resultando en la caída de Arthur Andersen y la condena de Frank Quattrone.

Incluso a pesar de la enorme cantidad de bienes que fluyen de los negocios y de comportamientos nobles bajo presión que realizan los empresarios, estos días, como los de los años 80, se han asociado con quienes se beneficiaron indebidamente dañando a otros por medios deshonestos.

De los elaborados engaños en Enron y Dynegy, a las deliberadas mentiras de WorldCom y Global Crossing, a las falsas aseveraciones de CitiGroup y Merrill Lynch, a los documentos destruidos de Andersen y CSFB, al ocultamiento de información de Merck, Pfizer y Shell Oil, el público ha sido inundado con muchas noticias de estratagemas para deformar u ocultar la verdad, realizadas por hombres y mujeres de negocios de escaso carácter que fueron colocados en posiciones difíciles.

Lo que pudo haber sido

El panorama habría sido distinto si esos líderes de negocios y compañías hubieran enfrentado a la verdad y actuado debidamente, en lugar de no hacerlo. Hay que imaginar por un momento que Andy Fastow, el CFO de Enron, no hubiera creado el laberinto de Entidades de Propósito Especial para hacer ver a Enron como lo que no era: una empresa altamente redituable sin pasivos en sus estados contables.

Bernie Ebbers y Scott Sullivan, en WorldCom, capitalizaron los costos de líneas —contratos de renta para usar las redes de otras empresas— y lograron así la dispersión de los costos en más largos períodos, en lugar de deducirlos como costo a las utilidades. El resultado fue tener beneficios más altos que los logrados en las operaciones reales.

También saquearon las reservas para elevar las utilidades trimestrales afectando períodos futuros. El efecto neto fue hacer ver a WorldCom como lo que no era: una empresa altamente redituable de telecomunicaciones capaz de resistir la caída que el resto de la industria experimentaba. El fraude de WorldCom es especialmente útil por las lecciones que da acerca de la importancia del carácter, cómo lograrlo y perderlo, y de los costos humanos cuando falla el vivir con la verdad.

Betty Vinson era una ejecutiva alta en la división de contabilidad corporativa de WorldCom; su cooperación era necesaria para realizar el fraude. Cuando su superior le instruyó realizar la primera transferencia cuestionable de reservas, ella protestó amenazando renunciar y no perder su integridad. Se le aseguró que era un asunto que no se repetiría y fue convencida, aunque eventualmente comenzó a preparar su curriculum vitae.

De nuevo al siguiente trimestre fue necesario que ella hiciera entradas contables falsas y así en los siguientes periodos, cada vez de manera más cuestionable y en complicidad; ella posfechó entradas y seleccionó cuentas para convertir en gastos de capital a los gastos operativos . Sus protestas se redujeron y cesaron; nada hizo para buscar un nuevo empleo al darse cuenta de su situación. Ella era el sostén principal de la familia; necesitaban su cobertura de seguros.

Su empleo le daba prestigio en su comunidad. Y el CFO de la empresa era elogiado públicamente como uno de los más brillantes y mejores ejecutivos de su especialidad. ¿Quién era ella para cuestionarlo? “Pensó” que ella no era nadie. Betty Vinson se declaró culpable de cargos por fraude de valores y conspiración el 10 de octubre de 2002 y acordó cooperar con los fiscales. Fue liberada con fianza (con garantía de su casa) y aún espera ser sentenciada, enfrentando hasta 15 años en prisión.

Ella ha preparado para esa posibilidad a su esposo y a su hija adolescente, quienes fueron de tanta consideración en sus pensamientos. Un contraste. Cynthia Cooper trabajó en WorldCom como vicepresidente de auditoría interna, especialmente dedicada a realizar auditorías de operación para vigilar el desempeño de la unidades de la empresa y asegurar controles apropiados de gasto.

Cuando se encontró, en una investigación de rutina, 500 millones de dólares de gastos no documentados de computadores, ella dio instrucciones de “seguir”; incluso si la auditoría financiera estuviese fuera de su campo.

Al mes siguiente, su equipo de personas “había descubierto gastos mal asignados y entradas contables falsas” (mayormente registradas por Betty Vinson y sus cooptados subordinados). Cuando hizo preguntas al respecto, Cooper fue ignorada por, primero, los auditores externos, Andersen, después por otros y eventualmente sacada de su investigación por un amenazador Scott Sullivan en persona.

Ella lo desafió. Trabajo hasta muy tarde en la investigación para completar sus tareas y evitar sospechas; eventualmente confrontó a Sullivan en el consejo con la evidencia que su personal había descubierto.

Los costos de su perseverancia y valor fueron altos, ya que como Betty Vinson tenía muchas razones para desear que WorldCom fuese exitosa. Sencillamente no estaba dispuesta a sacrificar la verdad para mantener una ilusión. No deseo señalar a un subordinado cómplice en lugar de sus más culpables superiores, ni disminuir la importancia de las diferentes responsabilidades de Vinson y Cooper.

Más bien, quiero contrastar la conducta de dos empleadas inmersas en una serie terrible de circunstancias que reclamaban el urgente uso de todas las virtudes, especialmente prudencia y valor. Me imagino que Betty Vinson sería la primera en reconocer que Cynthia Cooper tomó la mejor decisión.

Regulación de aficionados

Conforme creció la lista de actos corporativos delictivos, el sentimiento público se tornó amargo. La sección 404 de Sarbanes-Oxley sigue siendo la ley, a pesar, por ejemplo, de las obligaciones costosas y onerosas que impone en los directores ejecutivos y en los directores financieros para certificar la adecuación de los controles internos y verificarlo con una opinión externa.

Habría sido mejor para todos, incluyendo a los mismos negocios, que las personas ejercieran más control interno respetando la “verdad”, o la más razonable y cercana aproximación dentro de las limitaciones inherentes a la contabilidad.

Pero la aparentemente ilimitada lista de empresas que tuvieron que rehacer sus estados financieros de 2001 y 2002, como Sunbeam, Waste Management, Enron, Global Crossing, Adelphia, WorldCom, Qwest y otras, convenció a los reguladores que el control interior no provenía de la comunidad de negocios. Muchas de estas empresas están en bancarrota; todas sufrieron marcadas caídas en su capitalización de mercado y en su patrimonio accionario.

Toda empresa pública comparte ahora la carga de lo que un amigo en Wall Street llama “regulación de aficionados.” Considérese también el caso de Jamie Olis, un vicepresidente de impuestos en Dynegy, un trader de energía, y acusado sin historial criminal previo.

Se le sentenció en marzo a 24 años en prisión por su participación en un papel de escasa importancia en un plan para hacer que un préstamo de 300 millones fuera visto como flujo de efectivo y mejorar de esta manera la apariencia financiera de Dynegy. Los inversionistas defraudados perdieron 100 millones en capitalización de mercado; Olis está en la cárcel sin posibilidad de libertad.

Finalmente, considérese también a Martha Stewart, la reina de la decoración de casas, también en prisión, igual que el rey del boom de inversiones en las “dot-com.” Ambos fueron condenados por obstruir la justicia: no sólo negándose a reconocer la realidad, sino también por impedir que otros la descubrieran.

La cita de Dante al inicio de esta parte del ensayo lo dice, y la larga lista de ejecutivos condenados lo muestra de forma amarga, el fraude no es un crimen sin víctimas.

El fraude es una acción que daña profundamente, socialmente devastadora, que lastima a los involucrados, sean apresados o no, y a aquellos que confían en la representación de los fiduciarios. El fraude rasga las redes de confianza que unen a los negocios, sus operaciones financieras, con los inversionistas y los consumidores.

Los negocios son una vocación digna que acarrea grandes responsabilidades y la menor de ellas no es la obligación de respetar y hacer la verdad, aunque no haya otra razón para hacerlo que conservar la dignidad.

III. ¿Qué es lo que hemos aprendido?

Los escándalos de negocios de los últimos años no tienen sólo facetas negativas; ellos nos han dado una oportunidad de aprendizaje. Creo que hemos aprendido muchas cosas de los escándalos entre los que aún estamos buscando una salida. Una de las lecciones, provista por el asunto de WorldCom, es que el manejo por medio sólo de análisis financieros de organizaciones humanas produce peligros para la empresa y para su personal.

Las mediciones financieras son guías necesarias pero insuficientes para manejar a la actividad humana en las organizaciones. Ellas son medios y no fines. Usarlas como mediciones totales y únicas es equivalente a dejar que la cola mueva al perro. La obsesión de Scott Sullivan con mantener el costo de las líneas en 42% de los ingresos, por ejemplo, fue uno de los factores que le llevó a ser creativo en exceso y comenzar a capitalizar los contratos de renta.

Como un agregado, el New York Times publicó recientemente que las presiones en los CFOs para alcanzar metas irreales los está sacando de la profesión. Dijo uno de ellos que, “Me cansé de pasar años defendiendo estrategias que sabía que eran fallidas, de trabajar con valores que no eran los míos, de ser responsable ante directorios y CEOs que estaban bajo enorme presión de buenos resultados.”

Otro dijo, “Todo CFO ha sido obligado en ocasiones a tomar algo que era claramente blanco o negro, para darle un tono de gris.” La realidad financiera es solo una verdad en las organizaciones humanas y, al final, no la más importante.

Si las operaciones van bien y el mercado también, los buenos resultados seguirán. Uno no puede encontrar la verdad si está obsesionado con una realidad parcial, cuando uno sirve a los medios y no a los fines.

El mayor significado de la Ética

También hemos aprendido que la Ética no es únicamente otra variable para ser considerada en un análisis de costo-beneficio.

Dos autores, Elias y Dee escriben acerca de la “conformidad estratégica”, es decir, la creencia de “que los administradores de negocios deben medir el monto en el que la ley y la presión pública pueden entorpecer la consecución de los objetivos de la empresa y tratar a la conformidad con códigos morales, sociales y legales como una función de costos y beneficios.”

Aunque pocos lo reconocerían, la avalancha de estados financieros rehechos parece indicar que ese tipo de cosas está en la mente de muchos ejecutivos. Demasiadas correcciones de estados financieros parecen operaciones de “bombea y tira.” Los estados son exagerados mientras se necesita ejercer las opciones y capturar grandes utilidades al tirar acciones baratas al mercado a precios elevados.

El precio de la acción baja y los inversionistas pierden mucho dinero con el siguiente estado financiero modificado, pero el “insider” ya está fuera con una gran ganancia. En un caso así, las ganancias personales producto “de la violación o el incumplimiento… exceden los costos sociales (reflejados en el castigo).”

Elias y Dees especulan que “la transformación a una sociedad en la que todos vieran a las penas legales y a las sanciones sociales como un sistema de precio, produciría más conductas reprobables y mayores costos de cumplimiento, más castigos que ya no concuerdan con el crimen.”

En otras palabras, si los ejecutivos se adhieren a la conformidad estratégica —es decir, adoptan una visión de estrategia y no una visión de honestidad con las normas morales y legales—, entonces la mejor opción para protegerse de la sociedad sería el de elevar los costos de la no conformidad.

Esta parece ser la única manera de interpretar la sentencia de 24 años dada a Jamie Olis y que ha causado perplejidad. así como también el encarcelamiento de Martha Stewart y Frank Quattrone. Vale también considerar esto en la perspectiva de las llamadas al sentenciado, despedido y caído en desgracia Sanjay Kumar —ex CEO y presidente del consejo de Computer Associates— más otras estrellas caídas de empresas quemadas que rehicieron estados financieros inflados para pagar bonos atrasados.

La única otra manera de poner en línea a los costos y beneficios entre sí, es recortar beneficios, retroactivamente si es necesario, cuando el estado contable corregido refleja cambios imprevistos en una presentación honesta de datos o exageración fraudulenta. Repitiendo, la comunidad entera de negocios desafortunadamente paga las consecuencias de la conducta de algunos administradores que no actúan en concordancia con la verdad.

Relacionado con lo que acabo de decir sobre la conformidad estratégica, pero a nivel más teórico, en lo general hemos aprendido que la teleología moderna es una ética insuficiente para alcanzar a la verdad en acción y por ello, inapropiada para la actividad de negocios.

Vivir por la verdad es a menudo costoso y no siempre va a beneficiar en términos monetarios. Sin embargo, los crudos proporcionalismos, tan propios de una concepción estrecha del interés propio, también tienen un costo.

Michael Novak señala que el interés propio correctamente entendido abarca a la virtud moral y a la red de personas con las que uno está conectado. “El interés real de los individuos… es rara vez meramente propio.” Para la gente en las empresas farmacéuticas, por ejemplo, por seleccionar una industria que en la actualidad pasa apuros bajo el escrutinio público, esa “red de conexiones” parecería que mínimamente incluye a la FDA que vigila sus productos, y a los pacientes que los usan.

El ejemplo de la industria farmacéutica

El modelo de negocios de la industria entera es tal que las utilidades de cada medicina exitosa compensan los gastos de las muy numerosas medicinas que no pasan de la muy costosa etapa de investigación y desarrollo.

Muy pocas medicinas como proporción de las investigadas salen al mercado y el costo de desarrollo de una medicina exitosa más el costo de llevarla al mercado puede ser de hasta 1,000 millones de dólares. Obviamente la presión para llevar medicinas exitosas al mercado es muy grande.

A pesar de eso, este modelo ha producido una plétora de medicinas maravillosas y yo al menos, junto con otros, no me metería a arreglarlo. De muchas maneras la industria farmacéutica es un paradigma de la feliz habilidad de la economía de mercado para satisfacer necesidades humanas —muy serias necesidades de salud— con productos y servicios ingeniosos.

Muchos reclaman ahora que ese modelo se ve amenazado por reguladores cautivos —igual que los auditores cautivos y los analistas financieros que llevaron a la ruina a los clientes a quienes “sirvieron” en el pasado reciente— y por una administración que es menos que honesta con la información y demasiado apresurada para encontrarse una salida cuando se le confronta con información que debe detenerla en seco por la violación de valores fundamentales, como la vida humana.

La FDA está actualmente asediada por considerar con demasiada frecuencia “a la industria farmacéutica como un cliente, una fuente vital de fondos para sus actividades y no como un sector de la economía que tiene necesidad de fuerte regulación.”

Esto hace eco de expresiones similares de preocupaciones anteriores respecto a la profesión de los auditores, quienes llegaron a verse como proveedores de una herramienta administrativa en lugar de verse como un casi vigilante público.

Esta analogía en la era post Andersen/Sarbanes-Oxley debe servir de acicate a las empresas en general y a la industria farmacéutica en específico, para vigilarse a sí mismas más cercanamente y a las personas de negocios, especialmente en esa indusstria, para ejercer mayor control interior personal.

Subsecuente a la explosión de las punto com, que fue alimentada por análisis inflamables de complacientes analistas, es casi una verdad fundamental del mercado que la industria coopta a sus vigilantes y así se daña a sí misma. Si el vigilante se ha vuelto de alguna manera cautivo, entonces cada conciencia en la industria debe servir de vigilante, más que lo usual.

Debido a los limitados recursos de la FDA y debido a que hay siete veces más empleados trabajando solo en la aprobación de medicinas que que la seguridad posterior a su lanzamiento, la “FDA típicamente espera los estudios de los fabricantes para que lleguen de manera voluntaria”, según el Harvard Business Review.

Este inquietante hecho llama a la conducta impecable de la industria y a un esfuerzo especial de su parte para vivir con la verdad. Mientras que la evidencia es controvertida, parece que Merck sabía desde 2000 que Vioxx, su medicina contra el dolor que tiene ventas de 2,500 millones de dólares, y que fue aprobada por la FDA en 1999, estaba asociada con una elevación en la incidencia de riesgo cardiovascular.

En lugar de estudiar esa relación directamente, Merck —ampliamente reconocida como líder en ética y ejemplo de responsabilidad social corporativa por su esfuerzo “voluntario” para luchar contra la ceguera de río y SIDA en África— optó por seguir pruebas clínicas en las que Vioxx sería probada para otros usos.

A pesar de una cantidad creciente de evidencias estableciendo una asociación entre el consumo de Vioxx y la elevación de la probabilidad de sufrir un ataque de corazón y de pruebas preliminares que confirmaban esa evidencia en Noviembre de 2003, la compañía esperó 10 días después de recibir los pruebas definitivas en septiembre de 2004 para anunciar el retiro de la medicina.

Contra ejemplos

Debe contrastarse esa conducta con la anécdota narrada por James Burke, el célebre ex CEO y Presidente del Consejo en Johnson & Johnson. Bobby Johnson —el hijo del primer gran líder, Robert Johnson II y amigo de Burke— habían cobrado un gran interés en un proyecto que no podía fallar, “un bonito producto, bellamente empacado.” Poco antes de salir al mercado, los análisis clínicos indicaron “un bajo nivel de irritación en el 5% del los sujetos.”

La irritación sólo afectaba a sujetos con preexistencia de problemas de piel que usaron la loción para piel en “cantidades grandes.” A pesar de todo lo que él había invertido en el proyecto en términos de dinero, energía prestigio y esfuerzo, cortó el proyecto sin dudarlo. Burke recuerda a Bobby diciendo, “No vamos a seguir adelante. Echen el producto a la basura.”

No quería ser responsable de dañar siquiera a unos pocos consumidores, ni siquiera levemente, incluso a pesar de que el producto había “costado a la empresa un montón de dinero.”

La decisión tuvo un profundo impacto en Burke, quien progresó para convertirse en lo que muchas personas consideran un ejemplo moral de personas en la cumbre. “En ese tiempo pensé que éste era el tipo de cosa que hizo a Johnson & Johnson diferente y esa idea ha vuelto muchas veces a través de los años.”

Debe admitirse que los cosméticos y medicinas de venta libre son productos diferentes incluso si son producidos por las mismas empresas. Los asuntos no son siempre claros en una industria en la que “seguro” no significa “sin riesgo.”

Aún así, deben compararse la probidad de Johnson con revelaciones recientes en Washington. El doctor Girkurpal Singh, profesor adjunto en Stanford University, compareció ante el Comité de Finanzas del Senado en Noviembre pasado.

Testificó que después de hacer un llamado público sobre Vioxx, “fui prevenido de que si continuaba por ese camino habría consecuencias serias. Se me dijo que el doctos Louis Sherwood, un vicepresidente senior de Merck y ex jefe de medicina en una escuela médica, tenía grandes contactos con miembros de la academia y me podía hacer la vida muy difícil en Stanford y otras partes.”

El doctor David Graham, durante 20 años un revisor de medicinas en la oficina de Seguridad de Medicinas de la FDA, estima que entre 88,000 y 139,000 usuarios norteamericanos de Vioxx sufrieron un ataque al corazón o apoplejía como resultado de consumir el medicamento y que tantos como 55,000 fallecieron.

El doctor Graham es un personaje rodeado de controversia dentro de la organización; se le ha acusado de ser un reloj descompuesto que sólo acierta dos veces al día y de ser un proveedor de ciencia chatarra; de las doce medicinas para las que ha recomendado su retiro, diez de ellas ya no están a la venta. Dice el doctor Sidney Wolfe, director de investigación de salud de Public Citizen, que “a pesar de esfuerzos para callar al doctor Graham, el ha insistido. Y casi siempre está en lo correcto.”

Se reporta que él es un católico devoto y que tiene en su oficina un cuadro de “Jesús llamando a Pedro y Andrés a ser sus discípulos.” El New York Times señala que él lo mira durante el día y que “me recuerda por qué estoy aquí.” “Es él una de las joyas de la FDA… Es sólo un tipo muy moral que tiene mucho valor,” dice el epidemiologista Paul Stolley de la Universidad de Maryland.

El doctor Graham ha resistido las exhortaciones en la FDA de volverse “parte del equipo.” En su rechazo, él dice , “todos tenemos una responsabilidad de honrar a la verdad.”

A pesar de grandes presiones en su carrera y de sacrificio personal, el doctor Graham camina por donde quiere y no por donde lo llevan. Mi único deseo para él y quienes están cortados con el mismo molde, es que algún día trabaje en una empresa. Creo que él y muchos como él ya trabajan allí y que ellos son mejores defensores de la economía de mercado que algunos de quienes administran a las empresas.

En conclusión

Me he empeñado en demostrar que la verdad es un componente esencial del éxito y espero haber hecho una defensa razonable de esa propuesta. No creo que los escándalos recientes sean muestra de alguna deficiencia de la economía de negocios, sino de una temporal pérdida de visión.

Es mi creencia que esa pérdida será recuperada porque en los negocios siempre existe un precio que pagar por actuar sobre creencias incorrectas. En todo quizá he dado la impresión de que los negocios responden a un estándar moral mayor que el de otras esferas de la actividad humana. Lo creo y también que ese mayor estándar es bueno para los negocios.

En estos tiempos de un relativismo casi reflexivo y de una crónica inhabilidad para aceptar la responsabilidad de las acciones propias, el ser llevado a un estándar objetivo de verdad en un mundo que pretende no creer en esa cosa, es una distinción honorable.

Este orden de lo que es noble y verdadero también asegura que los negocios servirán como un faro y un agente civilizador en la línea de lo que visualiza Michael Novak.

Porque en un mundo de teoría nublada referente a la realidad objetiva, el sostener tan crucial componente de la sociedad como las empresas contra normas objetivas, es una señal que en la práctica muestra lo que la teoría oculta: que la verdad existe y que las personas están axiomática y naturalmente inclinadas a buscar y abrazar la verdad cuando la encuentra.

Si el público puede demandar que los administradores vivan y actúen en concordancia con la verdad, no tardará que las personas se pregunten lo mismo de ellas.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.




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