Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Universitarios en Huelga
Santos Mercado Reyes
7 febrero 2005
Sección: ESCUELAS, Sección: Asuntos
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Todos los estudiantes saben que las huelgas universitarias son una verdadera calamidad. Les hacen perder el ritmo de estudio, prolongan innecesariamente el tiempo en que hacen una carrera, les dan pésima imagen cuando van a pedir trabajo, provocan gastos extraordinarios a los alumnos que vienen de provincia, etcétera.

Para los investigadores, las huelgas son un desastre pues sus proyectos se interrumpen, los laboratorios dejan de funcionar y con ello se pierden los procesos, los animales se mueren de hambre, los microbios se vuelven incontrolables, etcétera.

Los profesores y demás trabajadores pagan la huelga con la mitad de sus sueldos  pues al final se concede 50% de salarios caídos. No compensa lo ganado con lo perdido.

Los mismos sindicatos sufren con cada huelga que hacen, pues pierden credibilidad, confianza y liderazgo, porque terminan aceptando la misma oferta inicial o con ligeras variantes. El caso es que las huelgas universitarias se transforman en una batalla donde todos salen perdiendo, incluso los que aparentemente no están involucrados.

Por ejemplo, la sociedad pierde porque tiene que pagar por todos los días que dure la huelga, aunque nada se produzca; el país pierde porque da la imagen de ser una tierra conflictiva  cuyos profesores y alumnos se la pasan en huelga, etcétera.

Aún cuando una huelga universitaria tuviera éxito, por ejemplo, en obtener el 100% de aumento, el 100% de salarios caídos y otras demandas, de todas maneras los alumnos salen perdiendo pues el tiempo nadie se los recupera, la sociedad sale perdiendo porque ahora sus impuestos tienen que financiar los “logros” de la huelga y los investigadores no van a revivir sus “conejillos de indias”.

Así que las huelgas universitarias tienen la paradójica perversidad de que ganen o pierdan, hacen que los otros sectores de la sociedad salgan perjudicados de alguna forma. En la Universidad Autónoma Metropolitana de la Ciudad de México se cuenta casi una huelga por año, algunas de muy larga duración, y el balance es negativo en todos sus aspectos.

No pocos trabajadores han amenazado con quemar vivos a sus dirigentes si estallan la huelga. En la UNAM han tenido huelgas de casi un año y con ello arrojaron a la alcantarilla más de 15 mil millones de pesos y la sociedad se quedó con la idea de que no pasa nada si desapareciera esa institución.

En Chapingo, la UPN, Universidad de Sonora, de zacatecas, y otras universidades mexicanas han padecido huelgas cuyos resultados las transforman en chatarra de la educación. ¿Qué necesidad hay de estas huelgas? Creo que ninguna.

Sólo refleja la baja capacidad de los universitarios para pensar en otras formas de obtener los recursos para sus universidades. Se acostumbraron a vivir mantenidos por el gobierno, a vivir de impuestos, de las arcas de la nación.

Su visión marxista les hizo creer que el rector (que es un burócrata como cualquier otro) es “la patronal”, el explotador que exprime a sus esclavos los profesores y trabajadores y por tanto había que organizar la guerra para acabar con la explotación. Un trasnochado discurso marxista que se mantiene en la cabeza de los dirigentes sindicales.

Pero los sindicatos no tienen toda la culpa. El viejo sistema autoritario estableció el sistema de subsidio directo a las escuelas y universidades.  Por desgracia, padecemos de un  Congreso (diputados y senadores) que carece de visión para darse cuenta que todas esas huelgas se podrían evitar con otro esquema de financiamiento. Los diputados han preferido continuar y alimentar  la figura del señor feudal que generosamente le otorga recursos a sus súbditos.

De esta manera, hacen fila los rectores para implorar ante los legisladores que les den un centavo más para que su universidad no estalle la huelga. ¡Qué cuadro tan patético! Ahora que las universidades están amenazando con  estallar huelgas conjuntas, es una nueva oportunidad para que el gobierno corrija, de una vez por todas, el esquema de financiamiento.

Todo lo que tiene que hacer el Estado es otorgar el aumento solicitado  pero a cambio de introducir el sistema del voucher, es decir, del bono educativo o del subsidio directo al alumno, como quiera llamarlo. De tal suerte que los alumnos sean los receptores y que ellos lleven, con su propia mano, el cheque mensual a la institución donde estudian.

Una propuesta que ya ha abrazado, por suerte, Ricardo Salinas Pliego, dueño de TVAZTECA. Desde el momento en que la institución deja de recibir dinero de la mano del gobierno, y lo recibe de la mano del alumno, cambia radicalmente su actitud.

SE ACABAN LAS HUELGAS, pues las universidades (y sus sindicatos) se dan cuenta que si cierran las puertas, los alumnos buscarán otra institución donde no hagan huelgas. La solución es simple ¿Por qué no empezamos a  aplicarla, como ya lo hacen otros países?


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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