Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
20 Domingo Ordinario B (2006)
Textos de un Laico
18 agosto 2006
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura (Proverbios: 9, 1-6) mantiene el gran tema del domingo pasado, el del alimento divino, ahora usando la imagen de un banquete: ha preparado un banquete, ha mezclado el vino y puesto la mesa. Ha enviado a sus criados para que, desde los puntos que dominan la ciudad, anuncien esto: “Si alguno es sencillo, que venga acá”. Y a los faltos de juicio les dice: “Vengan a comer de mi pan y a beber del vino que he preparado. Dejen su ignorancia y vivirán; avancen por el camino de la prudencia”.

Es la invitación a un banquete con Dios. Invitación a aceptar voluntariamente por medio de la sencillez, del buen juicio, de la prudencia, del buen camino.

• El evangelio de este domingo (san Juan: 6, 51-58) perfecciona el mismo gran tema, diciendo: En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida”. Son palabras extrañas y no sorprende que hayan causado una reacción: Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”.

Ante lo que Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por Él, así también el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este y pan vivirá para siempre”.

La imagen del banquete cobra ahora su significado total. Jesús es el pan que da vida. Es la vida misma, la existencia real, nuestra inmortalidad, el que resucita, el banquete eterno al que todos hemos sido invitados. Quizá podamos entender esto en nuestros términos humanos como la celebración de un festejo para el que se nos ha apuntado en la lista de invitados y recibimos la consecuente invitación formal. El anfitrión quiere que vayamos a él, pero nos deja en libertad de rechazar su invitación.

La responsabilidad última está en nosotros mismos, ir o no al banquete. La primera lectura nos da una pista de cómo aceptar esa invitación. Nos pide ser sencillos, prudentes, que es precisamente el tema de la segunda lectura.

•  La carta de San Pablo (efesios: 5, 15-20) es como una especie de manual que nos instruye sobre cómo hacer saber a Jesucristo que hemos aceptado su invitación: Tengan cuidado de portarse no como insensatos… No sean irreflexivos, antes bien, traten de entender cuál es la voluntad de Dios. No se embriaguen, porque el vino lleva al libertinaje. Llénense, más bien, del Espíritu Santo… Den continuamente gracias a Dios Padre por todas las cosas, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Son por tanto, nuestras acciones las que indican que hemos aceptado la invitación divina. Son nuestros actos los que dicen si a la exhortación a ir al banquete de Dios. Son los actos sensatos, prudentes, reflexivos, sencillos y que reconocen a Dios, los que nos llevarán a él. El salmo responsorial lo expresa con bellas palabras: Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo… Que amen al Señor todos sus fieles, pues nada faltará a los que lo aman. El rico empobrece y pasa hambre; a quien busca al Señor, nada le falta… Escúchame, hijo mío: voy a enseñarte cómo amar al Señor. ¿Quieres vivir y disfrutar la vida? Guarda del mal tu lengua y aleja de tus labios el engaño. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y ve tras ella.

Las tres lecturas puestas en conjunto nos hacen sujetos de una decisión libre y personal: hemos sido todos invitados a la vida eterna junto a Dios, todos sin excepción. Aceptar la invitación es una decisión personal manifestada mediante nuestras acciones, siendo la primera de ellas amar a Dios por encima del resto de las “invitaciones” que tenemos de otros en la tierra, para así lograr la vida eterna en la gloria de Dios, que el el mayor de nuestros bienes.

También las tres lecturas nos permiten entender a nuestra existencia como rodeada de “invitaciones” al libertinaje, a la codicia, al materialismo, a las riquezas. Entre todas ellas está la invitación de Jesús y nuestro dilema consiste en decidir cuál de todas ellas aceptamos.


La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.


Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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