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3 ContraPedia: aburrial y otros
ContraPedia ContraPedia
17 febrero 2006
Sección: Sección: Listas, Y CONTRAPEDIA
Catalogado en:


Aburrial

Nombre que es dado a los artículos editoriales de periódicos y revistas que producen bostezos y curan los insomnios más obcecados. Son piezas de escritura consideradas como desganadas, cansadas y verdaderamente aburridas. Es una palabra muy necesaria y útil que merece la popularidad que no tiene.

Por ejemplo, con facilidad podría escucharse una conversación como la siguiente.

— ¿Ya leíste el artículo sobre los niños que mataron a sus papás? —interroga un amigo a otro.

— Sí, leí la noticia. Es impresionante lo que sucedió con los niños esos. Digo, tenían como doce años. Lo que no entendí nada fue el editorial sobre esa misma noticia. No sé qué tienen que ver Levi-Strauss y Chomsky en todo esto, ni que eso sean pruebas de que toda nuestra sociedad está viciada de origen —contesta el otro.

— Fue un editorial muy profundo, que yo creo que tiene razón, porque…— intenta decir el amigo sin éxito.

— ¿Acabaste de leer ese editorial? Yo no pude, me aburrió, como la inmensa mayoría de los editoriales, que no les entiendes y quieren pasarse de listos sacando teorías de que todo está descompuesto en la sociedad. ¿Qué tengo yo de descomposición social a cinco mil kilómetros de distancia del tipo que hace una idiotez? —comenta el otro.

— No lo acabé de leer, la verdad es que no le entendí nada con todas esas palabras de domingo —finaliza el amigo.

Conversaciones como ésa serían más breves al aceptarse el uso de aburrial. Las investigaciones de ContraPedia® revelaron la existencia de un libro clásico sobre el tema, El Editorial como Somnífero que no Produce Hábito, de John Chiles Ph.D., de la editorial Allílesvaeso, según la cual lo que podemos ahora llamar aburriales pueden ser divididos en diferentes categorías.

Los tipos de aburriales más representativos de este género literario son el aburrial trabucado , cuyo contenido contiene palabras comunes y conocidas, pero su entendimiento global es imposible; el aburrial fatuo es el que persigue colocar a su autor como un sabio conocedor sobre el tema que él trata por medio de afirmaciones que sólo él y sus amigos pueden entender; y el aburrial esdrújulo es el que usa palabras de ese tipo y de más de siete sílabas, cuyo significado es desconocido por la totalidad de los lectores.

La primera aparición de un concepto similar posiblemente se remonte a 1802, fecha de la publicación de un estudio inglés de un médico cuyo nombre desconocemos, en el Royal Journal of Frivolous Remedies, y que reporta los efectos en sus pacientes de la lectura de diferentes documentos. Quizá la más renombrada de las tablas comparativas de este experimento sea la siguiente.

• Documento con mención de Platón al principio: 80/100 dormidos a la media hora.

• Documento con mención de Platón y Eurípides al principio: 87/100 dormidos al cuarto de hora. Eurípides acelera sueño.

• Documento con cuento de Bocaccio: 1/100 dormidos a los tres días de lectura. Bocaccio produce insomnio.

• Documento “Principæ Mathematicæ” del primo de Newton: incluso yo he dormido durante la explicación del experimento. La familia Newton es muy aburrida.

Después de ese estudio, poca atención ha recibido el aburrial como sujeto de experimentos. Al parecer, el mero estudio del aburrial produce en sí mismo un profundo fastidio y si piensa que ésta es la razón principal de la falta de profundización en el tema. Incluso, la Universidad de Teocaltiche en el Campus Cacaxtla ha ofrecido becas para su estudio, durante cinco años, sin que haya existido solicitud alguna.

Dejapapeles

Llámanse así a las pilas y torres de papeles que con frecuencia se encuentran dentro de las oficinas de muchos altos ejecutivos, especialmente de aquellos que se empeñan en insistir que todo asunto, por pequeño que sea, debe pasar por su oficina.

Aunque desde luego, los dejapapeles causan una firme impresión de tratarse de un ejecutivo muy importante y ocupado, ha sido ampliamente documentado que se trata de sólo eso, una impresión detrás de la que se oculta un ejecutivo ineficiente que no delega en sus subalternos. Hay casos extremos de este fenómeno que conviene citar para aclarar este término.

Por ejemplo, el de un ejecutivo con tres dejapapeles que medían 33.45, 27.89 y 67.21 cm. de altura; entre ellos se encontraron autorizaciones de vacaciones con retrasos de cinco años de empleados que habían salido ya de la empresa por motivos de salud, documentos por pagar de proveedores que habían quebrado por falta de pago de sus clientes y la solicitud de compra de una computadora con Pentium I, por no mencionar trozos de un moho desconocido y el cultivo de un virus mutante que afortunadamente pudo ser erradicado a tiempo.

Otro caso es el de un funcionario de muy alto nivel que acostumbraba el sistema de primeras entradas-primeras salidas en la atención de sus papeles, con el problema de tener un retraso de 15.98 meses, y que afortunadamente significó la victoria sobre su competidor que llevaba un retraso de 16.13 meses.

Sin embargo, el caso más sonado de todos fue el del descubrimiento de una obra desconocida de Johannes Troffen Bach dentro del dejapapeles de un ejecutivo en Kahakuloa, Hawai; ¿cómo llegó una obra del siglo XVI escrita al escritorio de esa persona y cómo permaneció sin ser descubierta durante al menos cincuenta años?

Eso es algo que aún tiene perplejos a los estudiosos de este curioso suceso. Los dejapapeles, por otro lado, poseen una cierta ventaja que administradores de alta experiencia aprovechan dejando de lado algunos de los papeles cuando ellos no tienen idea de la importancia de su contenido; la idea detrás de esta práctica de administración es que si en unas pocas semanas nadie se queja del retraso en la atención del asunto, eso significa que no era un asunto urgente, pero que lo más probable es que sí haya sido importante y vital, pues bien saben ellos que las cuestiones esenciales e imprescindibles son las que tienden a ser puestas de lado.

Errombres

El origen de esta palabra viene de las narraciones de eventos deportivos y se da a uno de los muchos errores que cometen los locutores.

Consiste en tener equivocaciones de nombres de los jugadores; por ejemplo, el locutor puede nombrar a Ze Rorro como el autor de un gol, cuando en realidad fue Ze Claudio el anotador.

Se cuenta que muchos narradores deportivos pueden darse cuenta del errombre, pero que por experiencia lo dejan sin corregir pensando que tampoco el televidente lo ha percibido.

Por extensión, el errombre rebasa el ámbito deportivo y se aplica a cualquier situación en las que las personas confunden nombres y dicen, por ejemplo, Vladimiro, cuando lo que quisieron decir es José. De hecho, existe una prueba con el nombre de Smirnov-Jack que mide el nivel de deterioro de la mente sobre la base de las distancias fonéticas de los errombres; hay mucha diferencia entre confundir Rigoberto con Roberto, y confundir Laura con Carmen.

La realidad es que las neuronas de muchas personas se niegan a registrar ciertos nombres, lo que hasta ahora tiene una explicación neuro-química solamente, y que hace prácticamente imposible dar una identificación correcta a ciertos nombres; tal es el caso estudiado por Sigfrido Freud, descendiente del distinguido psicoanalista, de una persona que nunca pudo llamarlo por su nombre correcto y usaba nombres como Wilfrido, Frido, Ludofredo, Pancho y otros más.

La conclusión de Freud fue la existencia del yo lateral, cuya función es dar a las personas los nombres que se piensa deben tener y no los que en realidad tienen.

Por otro lado, las encuestas del Instituto de Opiniones Públicas, Humor Involuntario y Similares de Teocaltiche, Campus Cacaxtla, por ejemplo, tiene pruebas contundentes sobre la imposibilidad de la mayoría de las personas para decirle por su nombre completo a bebés que se llaman Gregorio o Evaristo.

Dentro de este terreno, debe mencionarse que muchas veces son los nombres mismos los que causan la confusión, ya que demasiadas familias tienen la costumbres de dar nombres improbables a sus hijos. Nombres compuestos, como Federico Augusto, Linda Jacqueline, Abigail Scarleth, o Zoraida Alicia, son realmente poco memorables y demasiado rebuscados para esperar que personas normales los recuerden de manera exacta.

Este es precisamente uno de los puntos dogmáticos de la Iglesia Tercera Reformada y Corregida de los Santos Cielos, que prohibe a sus fieles la posesión de más de un nombre sencillo, claro y fácil de escribir, so pena de ser sujeto a burla pública cada vez que entra a uno de los dos templos que tiene en el continente americano.


ContraPedia tiene un antecedente en los 80, cuando fueron publicadas una serie de propuestas de palabras y personajes que no existían. Eran muy breves. Esta versión respeta la idea original, jamás publicada antes, con textos más amplios.



1 comentario en “3 ContraPedia: aburrial y otros”
  1. Celita Dijo:

    ¡Genial! Siempre refrescan la mente artículos como estos. Quienquiera que haya llegado a la puesta en marcha de Contrapedia, ¡lo felicito!





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