Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
3 Ideas Falsas
Leonardo Girondella Mora
16 junio 2006
Sección: FALSEDADES, FAMOSOS, Sección: Listas
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El 2 de mayo pasado, David R. Henderson publicó en el Wall Street Journal una columna acerca de John Kenneth Galbraith, canadiense, fallecido unos días antes a los 97 años.

De seguro usted recuerda a Galbraith, uno de los economistas más populares cuya herencia neta parece ser la de haber dejado ideas que aún hoy son creídas a pesar de haber sido reconocidas al menos como exageradas por su mismo autor.

La idea central de Henderson es en realidad interesante. Muestra un caso real de ideas que aún hoy sostienen buena cantidad de gobernantes y que afectan a la actividad legislativa y de gobierno en general.

Si se habla del temor a las grandes empresas y de la creación de necesidades por parte de ellas, puede verse en Galbraith a uno de sus más grandes proponentes.

Henderson sostiene que Galbraith derivó su fama no de sus contribuciones ni de sus logros académicos, sino de su popularidad entre audiencias masivas —Galbraith escribió más de 30 libros mostrando una gran habilidad como escritor.

Insistiendo en su punto, Henderson señala que Galbraith y Milton Friedman son los economistas más famosos de los EEUU, pero que Friedman influyó en ambos, en la academia y en el público general. Galbraith sólo en el público, con escritos ingeniosos e insistencias fuertes —nada más.

El fenómeno señalado me llama poderosamente la atención: un autor de fama pública, cuyas ideas se popularizan, sin méritos académicos ni de disciplina científica, logrando que muchas personas tomen como verdad lo que en los círculos académicos es puesto en duda. Henderson da pruebas de esto en tres de sus grandes éxitos literarios.

1. En su libro American Capitalism: The Concept of Countervailing Power, de 1952, afirmó la preeminencia de las empresas grandes sobre las pequeñas, lo que invalidaba la idea de un sistema de competencia y creaba un poder grande que sería enfrentado por los sindicatos poderosos —es decir, el contrapeso de las empresas grandes era los sindicatos, cuya acción neta beneficiaría al consumidor.

Un par de años después, la tesis fue expuesta como falsa por parte de George Stigler demostrando la existencia de empresas pequeñas en lo que Galbraith había predicho lo contrario. Y en cuanto a los sindicatos balanceando el poder de las empresas en beneficio del consumidor, pues los sindicatos preferían tener precios altos.

2. En The Affluent Society, de 1958, el economista comparó la riqueza del sector privado y la pobreza del sector público, lo que le llevó a sostener que se le deben dar más recursos al gobierno. Dice Henderson que a la gente le agradó otra idea de ese libro, la de la afluencia o riqueza de las personas, similar a la idea de consumo conspicuo —de la que se derivaron pienso las ideas de consumismo y de creación de necesidades. Este libro fue seleccionado como el número 46 de los 100 mejores en inglés en la categoría de no-ficción (USAToday).

Pero surge Hayek y ataca esa idea: las necesidades básicas son muy pocas y las demás las desarrollamos naturalemente. No nacemos, por ejemplo, necesitando penicilina —ella tiene que descubrirse y se tiene ahora necesidad de ella. Lo mismo va para otros bienes, como la música. No hay creación de necesidades —no hay necesidad básica de leer El Quijote, nada de lo que llamamos cultura es necesario en el sentido de Galbraith.

Pero no importaron los argumentos en contra. Las ideas del economista aún ahora mismo son usadas como argumentos de crítica al sistema económico de mercado —sigue creyéndose que intencionalmente las empresas crean necesidades nuevas a las que los consumidores sucumben sin remedio. Y se mantiene vigente la idea del sector público que debe crecer y crecer, tomando recursos que ha creado el sector privado.

3. La obra magna de Galbraith es The New Industrial State de 1967 y en ella sostiene que las grandes empresas dominan a la economía norteamericana, siendo capaces de fijar los precios a los que venden y compran —incluso dijo que los diseños de autos de General Motors no reflejan las preferencias sino que son las preferencias de las personas. La realidad niega eso una y otra vez —preguntarle a Toyota podría ser suficiente evidencia.

Galbraith, dice Henderson, reconoció esas fallas. Sin embargo, creo, esas ideas siguen siendo repetidas como si fuesen verdades reveladas. Las ideas tuvieron consecuencias. Por ejemplo en la India, donde Galbraith fue embajador en los años 60, y donde dio conferencias que proponían alejarse del mercado libre por ser demasiado riesgoso —la India le hizo caso y elevó su pobreza hasta que en los 90 cambió de política a mejores resultados.

La columna de Henderson, quien es research fellow en la Hoover Institution y profesor de economía en la Naval Postgraduate School’s Graduate School of Business and Public Policy, es admirable —a pesar de no hacer tan obvio el punto que creo central en su escrito. Las ideas dejan consecuencias; las malas ideas dejan consecuencias malas.

Y la herencia de Galbraith en este sentido es altamente criticable.

Con frecuencia sus tesis suelen esgrimirse para proponer medidas sin cimientos. Quizá otro sería nuestro mundo si las obras de Mises, de Hayek y de otros hubieran tenido el atractivo masivo que tuvieron las del recién fallecido.

Escuchando las palabras de muchos gobernantes actuales pueden detectarse los ecos de las ideas de Galbraith —el temor a las grandes empresas, la necesidad de incrementar el tamaño del gobierno. Malas ideas, falsas, rebasadas, demostradas como erróneas, pero que por alguna razón siguen siendo tomadas como dogmas no sujetos a discusión.

Finalmente, se ha reportado que “In 1988, [Galbraith] and Soviet economist Stanislav Menshikov wrote ‘Capitalism, Communism and Coexistence: From the Bitter Past to a Better Prospect’”. Sí, en 1988 —un timing con buena dosis de burla.

Y en 1984 Galbraith  visitó la URSS sobre la que escribió

“… the Soviet economy has made great material progress in recent years is evident both from the statistics… and from the general urban scene… One sees it in the appearance of solid well-being of the people on the streets, the close-to-murderous traffic, the incredible exfoliation of apartment houses, and the general aspect of restaurants, theaters, and shops… Partly, the Russian system succeeds, because, in contrast with the Western industrial economies, it makes full use of its manpower.”

Es mi creencia que ideas como las de este recién fallecido economista son poderosas y tienen una extraordinaria fuerza —son tan falsas como fuertes y quedándose como parte de la popularización económica se convierten en tremendos obstáculos al desarrollo.

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