Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
4 Domingo Cuaresma B (2006)
Textos de un Laico
24 marzo 2006
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera de las lecturas de este domingo (II Crónicas 36, 14-16.19-23) marra una situación que inicia con la siguiente situación, “En aquellos días, todos los sumos sacerdotes y el pueblo pecaron sin cesar, practicando las abominaciones idolátricas de las naciones y contaminando el templo que el Señor se había consagrado en Jerusalén. El Señor, Dios de sus antepasados, en su afán de salvar a su pueblo y a su templo, les envió continuos mensajeros. Pero se burlaron de ellos, menospreciaron sus palabras, y se mofaron de sus profetas, colmando así la ira del Señor contra su pueblo, hasta el punto que ya no hubo remedio”.

Se tienen, por tanto, circunstancias terribles. El pueblo envuelto en el pecado, cometiendo faltas contra los mandatos divinos. Pero Dios quiere salvar a su pueblo y envía mensajeros continuamente. El pueblo los rechaza, se mofa de ellos, “hasta el punto que ya no hubo remedio”.

Y entonces llega la destrucción, “El templo del Señor fue consumido por las llamas, las murallas fueron demolidas, los palacios incendiados y todos los objetos preciosos destruidos. Nabucodonosor deportó a Babilonia a los que habían escapado de la espada, los cuales pasaron a ser esclavos del rey y de sus hijos hasta que se estableció el imperio persa. Así se cumplió la palabra del Señor pronunciada por Jeremías:’La tierra descansará asolada durante setenta años hasta que recupere sus años de descanso sabático’”.

Transcurre el tiempo, hasta que “El año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la profecía de Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, que publicó de palabra y por escrito por todo su reino este edicto: ‘Así dice Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha encomendado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Los que de entre ustedes pertenezcan a su pueblo, que regresen, y que el Señor su Dios esté con ellos’”.

Si bien en la primera impresión, la destrucción y la esclavitud lo más llamativo como castigo, detrás de la narración el elemento más importante es la misericordia de Dios, su perdón, muy bien expresada en la idea de “La ira del Señor desterró a su pueblo; su misericordia lo liberó”. Es una historia de perdón, de misericordia y de amor.

• El salmo responsorial (136) incorpora un elemento adicional, el del arrepentimiento del pueblo. Ya esclavo, por sus faltas, el salmo canta, “Tu recuerdo, Señor, es mi alegría. Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos a llorar, acordándonos de Sión; en los sauces de la orilla colgábamos nuestras cítaras. Los que allí nos deportaron nos pedían canciones, y nuestros opresores, alegría… ¿Cómo cantar una canción al Señor en tierra extrajera?”

• En evangelio (Juan 3, 14-21) nos da palabras de Jesús que profundizan la narración del Antiguo Testamento. Dice Jesucristo, “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él”. Ahora el mensajero que viene a llamarnos no es otro profeta seleccionado por Dios. Es Dios mismo. Tanto es el amor que nos tiene, que viene a salvarnos.

Su mensaje es claro, “El que cree en él no será condenado; por el contrario, el que no cree en él ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios. El motivo de está condenación está en que la luz vino al mundo, pero los hombres prefirieron la oscuridad a la luz, porque su conducta era mala. Todo el que obra mal detesta la luz y la rehúye por medio a que su conducta quede descubierta. Sin embargo, aquel que actúa conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que toda su conducta está inspirada por Dios”.

De nuevo, la idea de una historia de misericordia y de amor de Dios por nosotros. Otra vez, la idea del llamado de Dios a su pueblo, a todos nosotros. El llamado para salir del mal e ir al bien, para salir de la oscuridad e ir a la luz.

• La segunda lectura, de San Pablo (Efesios 2, 4-10) reitera esa idea de amor de Dios por nosotros. Dice, “Dios, que es rico en misericordia y nos tiene un inmenso amor, aunque estábamos muertos por nuestros pecados, nos volvió a la vida junto con Cristo. Por la gracia, en efecto, han sido salvados mediante la fe; y esto no es algo que venga de ustedes, sino que es un don de Dios; no viene de las obras, para que nadie pueda enorgullecerse. Somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para realizar las buenas obras que Dios nos señaló de antemano como norma de conducta”.

Colocadas juntas, las lecturas de este domingo llevan al fondo de las celebraciones de estas fechas. La Cuaresma suele producir en nuestra primera reacción una sensación de pesadumbre y tristeza, comprensibles antes los sucesos que se recuerdan en la Semana Santa.

Y, sin embargo, la verdadera reacción que deben producir es la opuesta, la de una alegría que llega hasta el fondo de nuestros corazones: Dios nos ama, nos ama infinitamente. Desea salvarnos. Nos ha enviado mensajeros, incluyendo a su propio Hijo. con ese mensaje de misericordia y amor. Ha venido para salvarnos, para llevarnos a la vida eterna junto a Él. Y nos ama tanto que no nos fuerza a seguirle. Lo deja a nosotros para corresponder con nuestro propio amor hacia Dios.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

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Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé, Dame concentración, que me distraigo con facilidad, Dame luz para ver mis defectos, que los suelo ignorar. Dame humildad, que lo que quiero es santidad.

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé. Dame tu perdón, que estoy arrepentido. Dame virtud, que lo que quiero es imitarte. Dame gracia, que contigo quiero estar.

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé, Dame sufrimiento, que no quiero olvidarte. Dame alegrías, que quiero recordarte. Dame vida, que con ella quiero servirte

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé, Dame inteligencia, que quiero buscarte Dame fe, que quiero entenderte Dame firmeza, que quiero amarte

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé, Dame fuerza, que soy débil y temo perderte. Dame esperanza, que quiero conocerte. Dame ojos, que aún no puedo verte .

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé, Dame silencio, que quiero escucharte Dame razón, que lo que quiero es tener fe Dame palabras, que a otros quiero hablar de ti.

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé, Dame libertad, porque quiero ir a ti con voluntad. Dame el pan de cada día, que alimentar quiero mi alma. Dame tu bendición diaria, que sin ella no puedo vivir.





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