Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
8 Domingo Ordinario B (2006)
Textos de un Laico
24 febrero 2006
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
Catalogado en:


• La primera lectura (Oseas 2, 16-17b.21-22) presenta una idea central, la de “Yo te desposaré conmigo para siempre”. Es Dios mismo quien nos promete eso, diciendo que “Te desposaré conmigo para siempre, te desposaré en justicia y en derecho, en amor y en ternura; te desposaré en fidelidad, y tú conocerás al Señor”.

La imagen del matrimonio es poderosa, al hablar de unión amorosa de afecto y ternura fiel, de Dios hacia nosotros. Son palabras dirigidas a nuestras almas y a las que ellas responden con las palabras del salmo responsorial: “Bendice al Señor, alma mía, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios… El Señor es clemente y compasivo, paciente y lleno de amor; no nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga de acuerdo con nuestras culpas.

El Señor es compasivo y misericordioso”. Colocando esos dos textos juntos, pueden verse como casi un diálogo de amor entre Dios y nuestras almas. Un diálogo de amor, de ternura, clemencia y compasión. Si en los domingos anteriores las lecturas enfatizaban el perdón de nuestras faltas, estas lecturas explican ese perdón que Dios nos da. Es por el amor que siente por nosotros

• Y es en el evangelio de este domingo (Marcos 2, 18-22) que esa idea retorna, pero ahora con una nueva luz. La situación narrada es impresionante. Era la de una situación de ayuno. Todos ayunan, los fariseos e incluso los discípulos de Juan el Bautista. Pero no lo hacen Jesús y los suyos, que es lo que ocasiona la pregunta natural, “¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan y en cambio los tuyos no?”, que es dirigida a Jesús. Viene entonces su respuesta “¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras el novio está con ellos no tiene sentido que ayunen.

legará el día en que el novio les será quitado. Entonces ayunarán”. De nuevo surge esa imagen del matrimonio, de los esponsales. Es la unión amorosa. ¿Cómo puede ayunarse en una situación así, en la que Jesús está presente? Al contrario. Es una ocasión de festejo y celebración. Pero Jesús añade algo más a su respuesta. Dice, “Nadie cose un remiendo de tela nueva a un vestido viejo, porque lo añadido hará encoger el vestido, lo nuevo hará encoger lo viejo, y el desgarrón se hará mayor. Y nadie guarda vino nuevo en odres viejos, porque el vino hará reventar los odres, y se perderán vino y odres. A vino nuevo, odres nuevos”. Jesús contrasta a lo nuevo con lo viejo y es que él es quien marca lo nuevo

• La segunda lectura, de San Pablo (II Corintios 3, 1b-6) nos habla de eso, de lo nuevo. Dice, “nuestra capacidad procede de Dios, el cual nos ha capacitado para ser ministros de una alianza nueva, basada no en la letra de la ley, sino en la fuerza del Espíritu; porque la letra mata, mientras que el Espíritu da vida”.

La presencia de Jesucristo entre nosotros, de Dios mismo, marca la alianza nueva, en la que ya no es la ley anterior la impuesta, sino algo diferente, el Espíritu que da vida. ¡Cómo no va a hacer nuevas las cosas la presencia de Jesucristo entre nosotros! Y añade otro contraste entre lo viejo y lo nuevo, “ustedes son una carta de Cristo redactada por ministerio nuestro y escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo y no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, es decir, en el corazón”. Ya no es tinta, ya no es piedra. Es Dios y es el corazón.

Reuniendo las lecturas tenemos una idea clara, la de Jesucristo estableciendo una nueva era, distinta a la anterior. Él hace las cosas nuevas. Su presencia entre nosotros lo ha cambiado todo y, sin embargo, al mismo tiempo se mantiene ese amor de Dios por nosotros, tan bellamente expresado en la imagen de los esponsales. No hay mayor expresión humana de amor que ésa, que es precisamente la que Dios usa con insistencia para hacernos comprender que somos sujetos de su infinito amor.

Tenemos pues la certeza de ser amados por Dios y eso coloca sobre nosotros el peso de la decisión de decidirnos y aceptar, de decir “sí” a ese ofrecimiento de unión amorosa que estamos recibiendo. Y quizá eso nos puede dar la idea de una oración personal, muy breve y sencilla, la de ponernos frente a Dios y decir desde el fondo de nuestro corazón “sí, acepto”.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras