Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Admirar al Dictador
Selección de ContraPeso.info
3 agosto 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de Ricardo M. Rojas. Agradecemos a CADAL el gentil permiso de reproducción. El autor es vicepresidente de la Fundación Friedrich A. von Hayek y autor de Los derechos fundamentales y el orden jurídico e institucional de Cuba. El tema es de sumo interés, después del reporte de Granma el pasado 1 de agosto:

Proclama del Comandante en Jefe al pueblo de Cuba

Con motivo del enorme esfuerzo realizado para visitar la ciudad argentina de Córdoba, participar en la Reunión del MERCOSUR, en la clausura de la Cumbre de los Pueblos en la histórica Universidad de Córdoba y en la visita a Altagracia, la ciudad donde vivió el Che en su infancia y unido a esto asistir de inmediato a la conmemoración del 53 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953, en las provincias de Granma y Holguín, días y noches de trabajo continuo sin apenas dormir dieron lugar a que mi salud, que ha resistido todas las pruebas, se sometiera a un estrés extremo y se quebrantara.
Esto me provocó una crisis intestinal aguda con sangramiento sostenido que me obligó a enfrentar una complicada operación quirúrgica. Todos los detalles de este accidente de salud constan en las radiografías, endoscopías y materiales filmados. La operación me obliga a permanecer varias semanas de reposo, alejado de mis responsabilidades y cargos.

La reciente cumbre del Mercosur en Córdoba pareció darle un aire revitalizador a un acuerdo regional bastante devaluado. Este nuevo estímulo viene de la mano de la incorporación de Venezuela al bloque, apuntalada ideológicamente por el gran dictador latinoamericano de estos tiempos: Fidel Castro.

La presencia de Castro en el país suscitó gran expectativa, como cuando visitó Buenos Aires hace tiempo y se le brindó una tribuna privilegiada para que pronunciara uno de sus histriónicos discursos y se lo presentó como un emblema de la identidad latinoamericana.

Si se hace un repaso fugaz de su historia, participó hace 48 años en una revolución contra otro dictador populista y corrupto que, habiendo llegado a la presidencia por elecciones democráticas, decidió eternizarse en el poder. Desde entonces, supo capitalizar la cercanía de los Estados Unidos para tratar de convencer al mundo de que aquella revolución contra un minúsculo y corrupto politicastro se había convertido en lucha permanente contra el país más poderoso del mundo.

Creó su propio folklore, mantuvo el uniforme de combate, se alineó de inmediato con uno de los regímenes totalitarios más sanguinarios del siglo XX, y al notar que quienes habían luchado codo a codo con él en Sierra Maestra exigían democracia y república en lugar de dictadura, inició una feroz persecución política que envió a los auténticos próceres de la revolución al paredón o a la cárcel durante décadas.

Mientras los estudiantes universitarios latinoamericanos compraban la romántica historia del Che y se deleitaban escuchando las baladas de los juglares del régimen, Castro no dejó detalle sin cuidar en su férreo control de la isla.

Como muestra reciente de su brutalidad, baste recordar la llamada Primavera de Cuba, cuyo punto culminante fue el 18 de marzo de 2003, cuando fueron detenidos 75 disidentes políticos, sometidos a juicios sumarios y condenados a penas de hasta 26 años de prisión. Otros disidentes intentaron escapar, lo que produjo al menos otros dos graves episodios: uno fue el intento de desviar un avión hacia Estados Unidos, que le valió a Leudis Arce Romero, José Angel Díaz Ortiz y Jorge Luis Pérez Puentes la condena a prisión perpetua.

El otro hecho, de mayor gravedad, ocurrió el 2 de abril de ese año, cuando un grupo de personas improvisó la toma de un transbordador en La Habana para irse hacia Miami. Fueron de inmediato detenidos, y tras un juicio sumario que con dos apelaciones incluidas duró ocho días, Bárbaro Sevilla García, Lorenzo Copello Castillo y Jorge Luis Martínez Isaac fueron condenados a muerte y fusilados. Esta orden fue confirmada por el propio Fidel Castro el 10 de abril como presidente del Consejo de Estado.

Es destacable que para aplicar la pena máxima se tuvo en cuenta el gran perjuicio económico, de alrededor de 2000 dólares, que había causado el remolque de la embarcación de regreso al puerto.

Entre los 75 condenados en el episodio del 18 de marzo se pueden recordar los casos de Alfredo Felipe Fuentes, condenado a 26 años de prisión por tener material “subversivo” que incluía 45 ejemplares de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de Manuel Ubals González y Juan Carlos Herrera Acosta, condenados a 20 años de prisión por poseer ejemplares de la misma declaración y otros tantos del Proyecto Varela, iniciativa tendiente a la apertura democrática de Cuba.

Blas Giraldo Rodríguez fue condenado a 25 años de prisión por protagonizar un acto “con el marcado interés de molestar la tranquilidad del pueblo revolucionario”, el 10 de diciembre de 2002, aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, día en que intentaron repartir entre los asistentes a una plaza pública ejemplares de la Declaración Universal.

Buena parte de los condenados en esa ocasión —Félix Navarro Rodríguez (25 años), Iván Hernández Carrillo (25 años), Blas Giraldo Reyes Rodríguez (25 años), Alexis Rodríguez Fernández (25 años), Ricardo Enrique Silva Gual (25 años), Pedro Argüelles Morán (20 años), Pablo Pacheco Avila (20 años), entre muchos otros— lo fueron por intentar enviar hacia el exterior artículos periodísticos con información sobre lo que ocurre en la isla.

Lo curioso es que en muchos casos las propias sentencias admiten que la información no era mentirosa, pero dicen que atentaba contra los intereses de la revolución. La persecución llega a un punto tal que la posesión de una tarjeta telefónica que permita hablar al exterior es prueba fundamental de actividad subversiva.

La Venezuela chavista, por su parte, aspira a tomar la posta totalitaria latinoamericana que Castro dejará algún día, aunque más no sea por obra de las leyes biológicas. La persecución a la oposición política, su prohibición de salir del país sin autorización estatal, el control férreo de la economía y la actividad política en todas sus áreas señalan el camino en un país que, a diferencia de la empobrecida Cuba, cuenta con recursos naturales muy valiosos para apuntalar el régimen.

No es curioso que allí también el tribunal supremo de justicia haya decidido que, no obstante lo que diga la Constitución, la soberanía está por encima de los derechos individuales garantizados en los pactos internacionales.

Una pregunta para sociólogos y psicólogos debería ser por qué miles de estudiantes universitarios que invocan sus derechos a la libertad de expresión hasta el punto de impedir por la fuerza decisiones institucionales tales como la elección de su rector caen embobados ante el discurso de un dictador bajo cuyo régimen, por hacer el diez por ciento de las cosas que aquí exigen como derechos inalienables, pasarían décadas en prisión o serían fusilados.

Tampoco se entiende bien a los profesores de derecho que diariamente detallan a sus alumnos una a una las garantías de las que gozan como ciudadanos, y luego van a alabar a quien no ha dejado derecho humano sin violar.

Pero además hay que preguntarse cuál será el destino del Mercosur. Nació como un mercado tendiente a facilitar el comercio entre los países miembros, eliminando trabas y barreras, según el recordado lema de Bastiat: “Dejad que entren las mercaderías porque, si no, lo harán los cañones”.

Sin embargo, poco a poco se está convirtiendo en un grupo de países gobernados por dictadores que han abolido internamente todo resquicio de libertad económica, competencia y derechos de propiedad. Pasa con el gas en Bolivia, con el petróleo en Venezuela, tal vez quiera pasar con la actividad agropecuaria en la Argentina. En todo caso, dejará de ser un mercado para que comercien las personas y pasará a ser un mercado para que comercien los gobernantes.

También hay que recordar que en los orígenes del Mercosur, en buena medida por insistencia del presidente Alfonsín, se pensó que esta integración económica fortalecería a las democracias representativas y republicanas de los países miembros, que venían de años de gobiernos autoritarios.

Si se piensa en la incorporación de la Venezuela chavista, de los coqueteos con la Bolivia de Evo Morales que comienza a dar muestras de prácticas autoritarias en su país, y la bendición ideológica de Fidel Castro, es posible sostener que, lejos de un relanzamiento del Mercosur, lo que vivimos fue una confirmación de su muerte, al menos para los propósitos para los que fue pensado. De hecho, el propio Chávez anunció que su idea es que el Mercosur se convierta en un gran foro político para defender los intereses de los países de la región, lo que desnaturaliza totalmente su origen.

Es peligroso asociarse con regímenes autoritarios. Pero es sumamente curioso, al mismo tiempo, ver cómo América latina parece un ambiente propicio para que se desarrolle este tipo de regímenes y cómo los dictadores resultan tan populares y aclamados, a pesar de la contundencia de los hechos.

NOTA DEL EDITOR

• El Media Research Center de EEUU reportó en parte lo siguiente el 2 de julio,

Now that Fidel’s reign may have ended, the New York Times Web site included a sidebar “From the Archives,” with links to PDF versions of their own coverage of Castro\\’s rise to power in the late 1950s. At least one reflected an incredible pro-Castro bias, with the Times justifying Castro’s executions of political opponents, touting his genius and insisting that his new government wasn’t communist but “conservative.” In the 1959 “Week in Review” article, Herbert Matthews oozed: “Whatever one wants to think, everybody here seems agreed that Dr. Castro is one of the most extraordinary figures ever to appear on the Latin-American scene. He is by any standards a man of destiny. Cubans wish that the United States would realize he is the creature of his race, his history and his traditions, and above all of the horror and tyranny of the seven-year reign of Fulgencio Batista.

• Álvaro Vargas Llosa argumenta que el inicio de la transición en Cuba ha comenzado ya, fallezca o no Castro en estos días y que

This leaves two possible transitions. One would be “Fidelismo” without Fidel. In other words, a military dictatorship under Raul Castro — who at 75 is frail and suffers from cirrhosis due to alcoholism — until he passes away or becomes incapacitated himself, at which time the real transition process would begin. His regime would survive, much like Fidel Castro\\’s has survived in the new millennium, thanks to oil and cash from his pal, Hugo Chavez of Venezuela. The other, more likely, scenario is a power struggle among various factions.

• Un editorial del WSJ el 2 de Agosto comentó que

Fidel is not only the longest-reigning dictator in the history of the modern world; he is also the archetype of the paranoid communist micromanager. He is known to be ruthless, insecure and distrustful, to the point of executing ideological allies suspected of disloyalty. He has also been obsessed with anti-Americanism for more than a half-century. If Cubans are malnourished and the country resembles a rundown 1950s’ museum, so be it. Fidel has been more interested in his legacy as the revolutionary who stood up to the imperialists. The odd admiration for his handiwork among many on the U.S. left–he may be a dictator but the health care is good!–is a mystery of our time… And yet, despite this brutal past, Raúl is now widely thought to be the reformer.

Granma dice

Mensaje de Fidel al pueblo de Cuba y a losamigos del mundo. Yo no puedo inventar noticias buenas, porque no sería ético, y si las noticias fueran malas, el único que va a sacar provecho es el enemigo. En la situación específica de Cuba, debido a los planes del imperio, mi estado de salud se convierte en un secreto de estado que no puede estar divulgándose constantemente; y los compatriotas deben comprender eso. No puedo caer en el círculo vicioso de los parámetros de salud que constantemente, a lo largo del día, se mueven…. LOS trabajadores de la Asamblea Nacional del Poder Popular, de manera unánime y firme, respaldaron la Proclama del Comandante en Jefe Fidel Castro al pueblo cubano, “empinándonos para estar a la altura de este joven de 80 años que, convaleciente de una operación complicada, todavía se toma el empeño de adoptar las medidas para asegurar que seamos capaces de enfrentar cualquier agresión”, afirmó Ricardo Alarcón de Quesada.


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