Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Admirar u Odiar el Éxito Ajeno
Eduardo García Gaspar
30 junio 2006
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Digamos que usted o yo encontramos en la calle a una persona conduciendo un gran auto de lujo. O un cierto día pasamos frente a una casa de gran tamaño y opulencia. O bien leemos en un periódico de la fastuosa boda del hijo de alguien célebre, o de la compra de una empresa por parte de un célebre industrial de mucho éxito.

Ante esas situaciones de casi todos los días tenemos dos maneras esenciales de reacción.

Una de ellas es la de la admiración, o de algún otro sentimiento positivo que celebra el éxito de otros. Podemos pensar que es bueno que existan personas a las que les ha ido bien creyendo que eso es el efecto de su trabajo, esfuerzo y riesgos tomados. Los podemos ver así, con admiración o por lo menos con indiferencia positiva.

Pero hay otra manera de reaccionar, la de la envidia y el resentimiento. Son sentimientos negativos de recelo y sospecha. Nos enoja ver el éxito de otros. Lo vemos como inmerecido, especialmente porque no lo tenemos nosotros. Y hasta decimos que no es justo que esas situaciones se den. Incluso, quienes tienen esta reacción, llegan a elaborar explicaciones que sostienen que la riqueza de unos es causa de la pobreza de otros.

Vistas así, en general, las dos maneras de reaccionar ante el éxito ajeno permiten hacer un pronóstico: la sociedad en la que predomine la admiración del éxito progresará más que la sociedad en la que predomine el resentimiento hacia los exitosos. Esto ya fue escrito antes por Robert Sheaffer en 1988 en su libro. No tengo mucho que agregar al respecto.

Pero creo que sí puedo añadir un par de cosas acerca del porqué se crea la envidia del éxito ajeno. Una de ellas es la contaminación mental que producen las teorías económicas que explican a la riqueza como fija, imposible de crear, y a la sociedad como un campo de lucha por la posesión de esa riqueza. Me refiero al marxismo popular que sólo ve a ricos y pobres en conflicto.

Quien así ve el mundo sufre de una distorsión seria. Lo que bien vale una segunda opinión no es señalar esa distorsión, sino otra causa de la reacción de la envidia de la riqueza ajena, ésta sí justificada y real. Me refiero a la percepción del ciudadano común que a su alrededor ve fortunas inexplicables por el trabajo. Este ciudadano entenderá sin dificultad la fortuna derivada del éxito comercial de un empresario que ha crecido.

Nada injustificable se ve en eso. Pero no verá con los mismos ojos las situaciones de otro tipo, como las de gobernantes que después de tener puestos públicos llegan a mostrar fortunas cuantiosas, inexplicables por su nivel de sueldo. La sospecha de acciones indebidas está justificada y se torna en un resentimiento natural. No es el trabajo lo que explica la nueva fortuna, sino la corrupción.

La misma percepción se crea frente al empresario que gracias a sus contactos gubernamentales acumula una fortuna que no es explicable por su éxito comercial. Y el ciudadano razona pensando que no es debido al esfuerzo del empresario, sino a sus contactos en el gobierno, que han obstaculizado a la competencia, que lo han subsidiado.

Es entonces cuando al generalizarse esos casos de fortunas inexplicables por otra cosa que la corrupción y actos indebidos, el ciudadano comienza a pensar mal, sospechando de fortunas mal habidas por todas partes y poniendo en el mismo plano a todos los exitosos. Esas fortunas, piensa el ciudadano, no son productos del esfuerzo, sino de la ilegalidad y la inmoralidad, y por eso son fortunas que causan pobreza en los demás.

Es entonces que sí tienen razón: las fortunas de los corruptos son causa de la pobreza del resto, de todos, sean del nivel económico que sean. En lo que no tienen razón es en pensar mal de todos los exitosos, cuando las fortunas de estos han sido logradas de manera legal y moral, ofreciendo bienes aceptados y valuados.

Es decir, la generalización de la sospecha de fortunas mal habidas, producida por la existencia de fortunas inexplicables, lastima al legítimamente exitoso, poniéndolo en la misma categoría de los corruptos y creando por tanto la envidia del éxito, sea el que sea. Se termina así, envidiando él éxito, burlándose de él y creyendo que todo éxito, sin remedio, es causa del malestar del resto. Mal análisis, que lleva a malas políticas.

POST SCRIPTUM

• El libro al que me refiero es el de Sheaffer, Robert (1988). RESENTMENT AGAINST ACHIEVEMENT : UNDERSTANDING THE ASSAULT UPON ABILITY. Buffalo, N.Y. Prometheus Books. 0879754478. Véase Envidia y Resentimiento.

• Otro libro con tema relacionado es el de Folsom, Burton W (1987). ENTREPRENEURS VS. THE STATE. Reston, Va. Young America’s Foundation. 0895265737.

• Y supongo que el clásico del tema es la novela de Rand, Ayn (1992). ATLAS SHRUGGED. New York. Dutton. 0525934189.

• Mucho contribuye a la creación de recelo ante el éxito la visión marxista de la lucha de clases, que se sostiene en la teoría de la explotación del obrero basado en la teoría del valor-trabajo, que considera que el valor de los bienes es producido por la cantidad de trabajo contenida en él, ignorando la contribución de los demás insumos de producción. Tiempo después fue aceptada la idea del valor de los bienes como asignado por el comprador y realizado en un precio fruto del acuerdo mutuo entre vendedores y compradores.

• Quien posee la visión de la explotación del trabajador basada en esas premisas, jamás podrá aceptar que existen fortunas logradas legítimamente y de allí que fomentará la idea de la envidia ante toda forma de éxito personal.

ContraPeso.info, un servicio con antecedentes desde 1995, funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras