Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Agua y Precios
Eduardo García Gaspar
15 marzo 2006
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El cuarto foro internacional sobre el agua, realizándose en México, ha dado pie a lo obvio, algunas propuestas racionales y otras de fantasía. El asunto es realmente simple de plantear, comenzando por una realidad: el agua es un recurso escaso, igual que el resto y debe ser tratado con cuidado.

La perogrullada es enorme, pero parece que algunos no entienden eso.

Se dice que el agua es un recurso limitado, lo que es cierto, y que merece ser atendido, lo que también es cierto. Lo que agrego es que así es todo lo que tenemos en este mundo, limitado. Se oye la frase que dice que somos muchos miles de millones personas en el mundo y que siempre ha existido la misma cantidad de agua. Lo mismo es cierto para el resto de los recursos, tierras, metales, todo. Para cuidar el agua como recurso limitado, una de las propuestas es muy clara.

Dice que ella debe ser tratada como el resto de los recursos limitados, pagando un precio por ella. Las cifras publicadas al respecto dicen que en México se pagan dos pesos por cada mi litros de agua, pero que ello tiene un costo de cinco pesos (en promedio, supongo).

La conclusión es la natural, elevar el precio del agua al menos para recuperar sus costos y lograr que ella se economice. La otra posición es la opuesta: el agua no es un recurso limitado, sino un derecho. Es otro punto de vista, muy diferente del anterior. Es decir, estamos frente a dos propuestas para el manejo del agua y su cuidado.

Esta segunda propuesta es una muy vaga y su punto central es que el agua no debe ser un tratada como un recurso limitado que deba tener un precio. Es una propuesta de fantasía. Examinemos esta propuesta de ensoñación. Sus proponentes dicen que el agua que existe es la misma desde siempre y tienen razón.

Como dije antes, también existe la misma cantidad de tierra, de oro, de plata, de cobre. Dicen que hay agua, pero que ella no está distribuida igualmente en todo el mundo. No es nada que no sepamos. También hay una desigual distribución de climas, ríos, montañas. Dicen que el agua es fácilmente accesible excepto en países pobres. Tienen razón, hay países en los que los gobiernos han aplicado políticas que fomentan la pobreza y allí el agua es insalubre y fuente de enfermedades.

Eso es de sobra conocido. Afirman que el agua es desperdiciada en casi la mitad de su consumo, lo que no sé de donde viene, pero pueden tener razón: cuando los recursos no se pagan a su precio natural, ellos tienden a ser desperdiciados. Y aquí es donde la posición fantasiosa se vuelve contra sí misma. Afirma que el agua es un bien para todos, que no debe ser fuente de lucro, y que no debe tener precio, que no debe ser privatizada, que lo que debemos hacer es cuidarla y valorarla y toda la letanía soñadora del que no tiene idea qué debe hacerse.

Es ésa mentalidad del marxismo popular que se niega a reconocer la realidad. Para esas personas el que el agua tenga un precio es algo que no entienden y ello no sorprende, pues no saben de economía, ni de recursos limitados, ni del mundo real. Ellos se debaten con preguntas como “¿el agua es fuente de vida o fuente de lucro? ¿Es un bien natural, vital e insustituible o es un bien económico y una mercancía?”

Y se rehusan a aceptar que el agua, como el resto de los bienes de la tierra, es un recurso que es escaso y que por ello debe tener un precio, idealmente bajo. Su trastorno de pensamiento viene de un Marx popularizado que les hacen entender un mundo en blanco y negro, que en este caso les hace ver al lucro en el precio.

No tienen mucho remedio y convencerlos puede ser una misión imposible. Pero para el resto de los mortales, no afectados por ese trastorno mental, el asunto es más o menos claro y fue explicado hace muchas decenas de años: cuando el precio de los bienes es muy reducido el bien tiende a usarse en tareas menos prioritarias.

En las primeras clases de economía no marxista, se estudia la paradoja del valor del agua y de los diamantes, concluyendo que el precio de cada bien se debe a la cantidad disponible, no al uso que tiene.

Por consiguiente, si alguien con tres dedos de frente quiere cuidar el agua lo que tiene que hacer es ponerle el precio real que significa el recolectarla y llevarla a cada casa. Con el precio adecuado, las personas decidirán ellas mismas qué hacer con ella.

Si les cuesta más la usarán en fines más prioritarios que si les cuesta menos. No es gran ciencia la que se necesita para concluir eso. Y si ello no se hace, ésa es otra cuestión, en parte producto de esos que no saben de economía porque siguen con sus ideas de marxismo popularizado.

POST SCRIPTUM

Las preguntas citadas sobre el agua son literales y vienen de un columnista (El Norte, 10 marzo 2006) en una opinión titulada Fiebre del oro azul. Su autor dice allí que,

“La cultura del agua exige pensar más en la vida que en la ganancia. … El agua… tiene inmenso valor, pero no tiene precio. Si hay cuidado, sobrará el agua. Tener derecho a la vida implica tener derecho a agua… gratuita. Aunque cualquier privatizador… haga cuentas de la captación, el tratamiento, la distribución, el uso, el reuso y la conservación del agua, ésta debe ser garantizada para todos”.

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