Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
América Latina Católica
Textos de un Laico
8 diciembre 2006
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
Catalogado en: , , ,


ContraPeso.info presenta un texto de Samuel Gregg, Director of Research en el Acton Institute y autor de “On Ordered Liberty” (2003), “A Theory of Corruption” (2004), y “Banking, Justice and the Common Good” (2005). Agradecemos al Acton Institute el gentil permiso de reproducción.

Pocos se dan cuenta, pero en mayo de 2007 podrá existir un momento decisivo para la América Latina Católica.

En medio de una región paralizada por crisis políticas y económicas sin fin, los obispos católicos de América Latina tendrán una reunión en Brasil para la quinta conferencia de Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) para considerar los profundos cambios que confronta la región. La importancia asignada a ese evento por todo el mundo católico es evidente ante el hecho de que el Papa Benedicto XVI asistirá a la reunión.

Algunas de los problemas por examinar en esta reunión del CELAM fueron definidos en el documento preparatorio del evento principal, elaborado por obispos clave de América Latina y publicado en septiembre de 2005.

Estos incluyen la formación religiosa inadecuada recibida por muchos católicos latinoamericanos, tendencias sincretistas en algunos católicos y el fracaso de algunos latinoamericanos para actuar de manera consistente con lo que ellos dicen creer como católicos.

El mismo documento también señala problemas particulares de las sociedades latinoamericanas. Se refiere a la corrupción como una enfermedad que virtualmente desfigura toda esfera de la vida de la región, especialmente de la política y del poder judicial. La franqueza con la que los obispos hablan de las malévolas causas de la corrupción y sus efectos catastróficos no tiene casi precedente en América Latina.

[“En efecto, la corrupción pública y privada se acrecentó de manera alarmante, afectando, por una parte, a las personas, a las organizaciones y a las clases dirigentes, y, por otra, favoreciendo la impunidad y el enriquecimiento ilícito, lo mismo que la falta de confianza en las instituciones políticas, en la administración de justicia, en la inversión pública y, en general, en quienes tienen poder y dinero. La corrupción frena el crédito, la inversión honesta y la ayuda internacional. Sus consecuencias recaen en los más pobres y desvalidos” (No. 135)].

Y también está la condenación de los obispos a una “una creciente tendencia a aplaudir el surgimiento de líderes mesiánicos o caudillos de corte populista”. Añaden los obispos que esos líderes “Prometen el paraíso: la igualdad, el empleo para todos, el término de la pobreza y de la corrupción. Suelen ser duros con sus adversarios políticos, e impresionan con medidas bien publicitadas y anunciadas como solución de éstos y otros problemas acuciantes de la sociedad, aun a costa del sacrificio de importantes derechos y libertades públicas. Contribuyen a este fenómeno los síntomas graves de ingobernabilidad en numerosos países. Constatamos una gran indolencia en reaccionar, y un profundo desinterés entre incontables jóvenes por asumir responsabilidades políticas y prepararse para ellas”(No. 131).

Aunque no se mencionan nombres, parece haber poca duda de que los obispos tienen en mente a figuras como los presidentes Chávez de Venezuela y Morales de Bolivia. Esos populistas han sutilmente —y a veces no tan sutilmente—atacado la presencia de la Iglesia en la región.

Dados los niveles de alta pobreza en América Latina, nadie debe sorprenderse que los obispos dediquen atención considerable al tema. Repetidamente ellos se refieren a las crecientes desigualdades económicas y niveles de vida decrecientes en el continente.

El texto indica que algunos de los obispos ven a la globalización en parte responsable de esos problemas. Esto es algo extraño, dado que es precisamente la falla de mucho de América Latina para integrarse al mercado global lo que ha contribuido significativamente a la persistente pobreza de la región.

Esto es más claro cuando consideramos el progreso de China e India en los pasados diez años. Mediante su asimilación continua en la economía global, millones de chinos e hindúes están escapando de la  pobreza. Desde luego, la pobreza aún infesta a estas naciones. Pero nadie cuestiona que la pobreza real está siendo consistentemente reducida en Asia, por medio de la adhesión de India y China al libre comercio y la liberalización económica. Lo mismo, por cierto, sucede en El Salvador y Chile.

La renuencia de algunos obispos de Latinoamérica a aceptar estas realidades puede reflejar la persistencia entre ellos de lo que algunos llaman mentalidad de “liberacionismo-suave”.

Como una fuerza intelectual seria, la teología de la liberación se encuentra ahora ampliamente descartada como altamente irrelevante en la región, una reliquia de los años 70. Sin embargo, sus efectos residuales pueden ser encontrados en algunos católicos latinoamericanos y su tendencia a culpar al resto del mundo por los problemas económicos del continente, en lugar de reconocer que sus problemas económicos provienen fundamentalmente de estructuras económicas mercantilistas y fallas básicas en el respeto a los derechos de propiedad y el respeto a la ley.

Si la reunión de los obispos en Brasil en Mayo de 2007 quiere ver disminuir a la pobreza a través de la región, ellos podrían considerar el subrayar el papel jugado por los “oligarcas de la derecha y de la izquierda” en la obstrucción de la integración de América Latina a la economía global.

Los oligarcas de la derecha incluyen a esos negocios latinoamericanos que presionan a los gobiernos para darles protección contra importaciones y beneficios fiscales especiales que los protegen de la competencia. Los oligarcas de la izquierda incluyen a los políticos populistas y líderes sindicales cuyas posiciones dependen del gran número de personas mantenidas en un estado de disatisfacción económica.

La libertad económica y el libre comercio es amenazada por el poder de los dos grupos. Esa libertad expone a los oligarcas de la derecha a la disciplina de la competencia y socava a los populistas y sindicalistas radicales al aliviar la pobreza de grandes segmentos de la población.

Comparado con el catolicismo de Europa Occidental —caracterizado por apostasía generalizada, a menudo obispos mediocres y vocaciones en declive— el catolicismo de América Latina esta en buena forma. Disfruta de amplias reservas de fe auténtica, un continuo ascenso de vocaciones diocesanas y un liderazgo fuerte y prudente de muchos obispos.

El CELAM de 2007 en Brasil representa una oportunidad única para la América Latina Católica para fortalecerse más liberándose del peso muerto del pensamiento económico falaz y de los sedimentos de una teología moribunda.

Por el bien de los pobres de América Latina esperamos que aprovechen esa oportunidad.


ContraPeso.info, un servicio con antecedentes desde 1995, funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras