Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
AMLO, APPO, EZLN, iguales
Eduardo García Gaspar
21 noviembre 2006
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Se ha dicho que se lucha por causas populares, por reclamos sociales, por el bienestar nacional. Pamplinas. La realidad es que se lucha por el poder, por llegar a posiciones en las que por coerción puedan implantarse programas e ideas políticas. Si alguien cree que la APPO, el EZLN, el PRD de López Obrador y otras facciones políticas desean el bien de la sociedad, será mejor que despierte de su sueño.

El pasado fin de semana, por ejemplo, la APPO declaró que intenta que su movimiento se haga nacional para lo que crearán otra asociación, ahora llamada Asamblea de los Pueblos de México. Eso dijo Andrés Bolaños, uno de los miembros del esa facción. Su meta será la de oponerse al gobierno de Calderón y lo que ellos llaman el “proyecto neoliberal”, incluso contando con ayuda internacional.

También el fin de semana hubo otro evento con el mismo común denominador. El autodenominado subcomandante Marcos, el del EZLN, llamó a derrocar a los grandes empresarios porque son los que están detrás del gobierno. Igualmente, Marcos desea ir en contra del “proyecto neoliberal” de Calderón.

Y luego está el evento del PRD de AMLO, ése por el cual se constituye un gobierno “legítimo” opuesto al de Calderón. La intención de AMLO y sus seguidores es igual al de los anteriores, quitar el poder al gobierno nuevo para implantar el programa socialista de AMLO.

Los tres eventos tienen en común varias cosas. Desean derrocar al nuevo gobierno. Pelean por conseguir el poder para implantar sus propias ideas. Pero sobre todo y lo más interesante, es que los tres muestran su desprecio por la democracia. O quizá sea que no la conocen, ni entienden. Si quieren hacer política, que la hagan, pero bajo las reglas de la democracia: que formen sus partidos, seleccionen sus candidatos y se comprometan a respetar los resultados de las votaciones.

Que Marcos haga su partido, quizá llamado Partido Neo Zapatista, o como le quiera llamar y que haga sus campañas electorales cuando haya elecciones. Que la APPO forme su partido, como sea que le quiera llamar, y que también se ajuste al calendario de elecciones, igual que todos. Y que AMLO aguante los resultados de las elecciones: al participar en las elecciones aceptó sus reglas, a las que ahora rechaza.

Los tres eventos muestran lo mismo que se dio durante las épocas de la Independencia y de la Revolución: facciones en lucha por el poder y dispuestas a usar la violencia para lograrlo. En la APPO, en el EZLN y el el PRD de AMLO existen esos comunes denominadores, especialmente el desprecio por la democracia. No están dispuestos a ser sujetos del veredicto de los ciudadanos y es por ello que usan la violencia.

Por eso no es casualidad el aprecio mutuo que se tienen: persiguen llegar al poder y para eso necesitan derrocar al nuevo gobierno por medios violentos, no democráticos. Saben que de haber elecciones perderían y por eso prefieren los otros medios, los de la lucha armada, la protesta, los bloqueos, las bombas y todo lo que debilite al gobierno entrante.

La ascensión al poder tiene sólo dos caminos: el voto de los ciudadanos y la violencia. El camino seleccionado por la APPO, el EZLN y el PRD de AMLO es el de la violencia y de eso ya no puede haber dudas. Estas facciones están en plena lucha por el poder y sus reclamos de bienestar social son meros pretextos. Saber esto es ya un adelanto para encontrar soluciones.

Frente a esto, mucho me temo, todo es una cuestión de tomar posiciones claras, un deber en el que el político mexicano no se mueve bien. Acostumbrado a sobrevivir por medio de la hipocresía y el disimulo, los gobernantes mexicanos no son hombres de definiciones claras. Pero estos son los momentos en los que ellas se necesitan para enfrentar la situación. Un buen ejemplo de esta indefinición es el PRI y su mediocridad de posición ante lo que está sucediendo.

En fin, estamos frente al posible inicio de otra fase de caos en nuestra historia, la tercera de ellas. La Independencia y la Revolución representaron décadas de desperdicio y causa de pobreza. Todo por la sed de poder y el uso de la violencia. Las probabilidades de que esto se repita no son bajas.


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