Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Apertura Unilateral
Santos Mercado Reyes
5 enero 2006
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Poco a poco los gobiernos van  entendiendo que el comercio libre entre los individuos es la verdadera fuente de riqueza. Pero todavía hay una gran cantidad de países que detestan el comercio y no están dispuestos a abrir sus fronteras ni a permitir que sus ciudadanos comercien más allá de sus límites territoriales.

El caso más extremo es Corea del Norte. Por ejemplo, ningún mexicano, argentino, norteamericano o francés puede  ir a vender bicicletas o hamburguesas a los coreanos; seguramente el gobierno comunista de Kim Jong-il lo condenaría a cadena perpetua en la peor de las mazmorras… sólo por incurrir en el crimen de querer vender. Es inimaginable que un ciudadano de Corea del Norte  pretenda hacer zapatos en Pyongyang  y lleve su mercancía a Colombia.

Simplemente el gobierno les tiene prohibido a los habitantes dedicarse al comercio, es un delito catalogado más que criminal pues contradice al sistema comunista.   Fidel Castro nunca simpatizó con los globalifóbicos. Tiene muchos años rogando que le dejen comerciar libremente con todo el mundo. ¿Acaso abrazó las ideas liberales?

Nada de eso, Fidel quiere  tener el derecho de comprar alimentos, computadoras, automóviles, etc. en todo el mundo, pero quiere ese derecho sólo para Fidel Castro, no para los cubanos. Si usted cree que el cubanito de la esquina tiene derecho de exportar puros a Mongolia, se equivocó, pues eso sólo lo puede hacer Fidel.

George Bush  habla del Acuerdo de Libre Comercio de América (ALCA) de tal forma que no haya aranceles, impuesto, cupos o cualquier barrera que inhiba el comercio libre entre todos los países.  La idea es buena pero sólo Vicente Fox le apoyó abiertamente y por ello recibió expresiones groseras de Hugo Chávez (Venezuela) y Kirchner (Argentina).

Todo esto me hace pensar en la necesidad de replantear los Tratados y Acuerdos de Libre Comercio. No parecen ser la respuesta que se buscaba y seguramente Adam Smith se retuerce en su tumba de ver y oír lo que hoy se entiende por libre comercio.

Por eso me gusta mucho más la idea del Dr. Rigoberto Stewart quien afirma que lo malo de los tratados de libre comercio es que no promueven el comercio libre. ¿Qué paradoja, no le parece? Stewart dice que aquellos gobiernos que logran entender las bondades del comercio libre, todo lo que tienen que hacer es cortarse las manos, cerrar los ojos y taparse la boca para dejar que los individuos comercien sin la menor ingerencia del Estado.

En otras palabras, propone la idea de la apertura unilateral de las fronteras. Quiere decir que si Costa Rica quiere aprovechar las bondades del comercio libre, sólo tiene que anunciar que las puertas de Costa Rica están abiertas para todos los comerciantes, los empresarios y trabajadores que quieran ingresar.

No necesitan pedir permiso, ni visa de ningún tipo y pueden dedicarse a la actividad que quieran sin necesidad de autorización, siempre y cuando no dañen a nadie, es decir, respeten el principio de propiedad privada.

Igualmente para los hombres y las mujeres ticos que quieran ir a vender, invertir o trabajar a otro país, ningún obstáculo le pondrá el gobierno de Costa Rica. “Si no vendes porque los otros gobiernos no te lo permiten eso ya no es cosa mía”. Cada empresario debe buscar sus mercados sin necesidad del apoyo gubernamental.

Si un capitalista quiere llevar sus ganancias a otro país, es completamente libre de hacerlo, el gobierno no le estorbará ni le aplicará impuesto alguno. Tal es la idea de la “Apertura Unilateral al Libre Comercio” (AULC). ¿Es una idea utópica? Para nada, diría Stewart, es el ejemplo que dio Hong Kong al mundo y bastaría ser menos arrogante para entenderla y aplicarla.

Aquellos países que se decidan a aplicar la Apertura Unilateral al Comercio Libre serán los que capten la mayor inversión y alcanzarán las tasas más altas de crecimiento, con los mejores ingresos per cápita y con la mayor abundancia de productos disponibles.

Además, los países  ahorrarían millones de dólares ya que no tendrían la necesidad de enviar a burócratas para negociar cláusulas que no entienden o que nada tienen que ver con el comercio libre.

En fin, lo que ahora expresa el Dr. Rigoberto Stewart en su libro La Magia y el Misterio del Comercio parece ser una de las ideas más interesante que he leído y que supera con mucho las dificultades de los tratados y acuerdos de libre comercio.

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