Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Así no Funcionan Los Mercados
Textos de un Laico
20 febrero 2006
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de John Larrivee, assistant professor de economía en Mount St. Mary’s University en Emmitsburg, Maryland, EEUU. Agradecemos el gentil permiso del Acton Institue para traducir y publicar esta columna.

El tema es el de comercio justo o “fair trade”. Esta noción ha sido propuesta por personas preocupadas por los ingresos bajos de los exportadores de productos primarios de países en desarrollo y consiste en elevar artificialmente por arriba del precio natural de mercado el pago a esos productos. Se cree que haciendo eso se implanta un sistema de mercados más justos.

¿Por qué no hacer un fair trade a las cervezas y los pasteles?

Escuché la historia de nuevo hace justo unos días. Usted conoce el argumento básico: los productores pobres de café en el tercer mundo obtienen un dólar por bolsa de café, que luego Starbucks vende a 10 dólares la libra. La historia siempre concluye con una discusión acerca de las malévolas firmas involucradas y cómo los mercados hacen que las personas de mayores ingresos se vuelvan más ricas y los pobres sean engañados.

Al final, esta historia sobrevive solamente por la ignorancia acerca del funcionamiento de los mercados. Quiero ser claro: preocuparse por otros —y en particular por aquellos que son los más vulnerables y los más necesitados— es bueno. La caridad y la justicia demandan que actuemos ayudando a otros cuando podamos y que nunca participemos en acciones que los dañen.

El asunto aquí no es si no debemos preocuparnos por los cultivadores de café, sino si ese análisis común del problema es correcto y si el “comercio justo” es la mejor solución del problema.

Primero, determinemos el problema. ¿Es que la diferencia es muy grande entre lo que reciben los cafetaleros al inicio y lo que Starbucks recibe al final? ¿Qué los cafetaleros no reciban lo suficiente? ¿O que los cafetaleros mueren de hambre cuando Starbucks tiene utilidades? Un par de ejemplos ilustrarán la dificultad con la primera pregunta.

Un paquete de seis cervezas, por ejemplo, usa de 5 a 8 onzas de cebada (unos pocos centavos de dólar) y se vende entre 3 y 9 dólares. Esa diferencia es mayor que la de Starbucks. O los pasteles de boda. Uno barato puede costar cientos de dólares y pueden pagarse incluso miles si el pastel es hecho por un maestro chef que ha usado harina de 10 dólares.

La diferencia entre el precio de input y el precio de output no implica necesariamente una injusticia y el ejemplo de los pasteles es el más ilustrativo. El valor no viene de los ingredientes, sino de la habilidad requerida para hacer el pastel. La experiencia de cocinero y los poco usuales talentos del cervecero comprenden la gran mayoría del valor añadido a los granos originales.

Esto es de hecho lo típico de la mayoría de los productos actuales: la porción material de sus costos es pequeña. Por lo tanto, no es la diferencia entre lo que se paga a cada una de las partes en su producción, sino más bien quién añade valor, cuánto y dónde. ¿Y el argumento de que esos cafetaleros se mueren de hambre al mismo tiempo que Starbucks tienen beneficios?

Si la causa de pasar hambre es que el cafetalero gana poco y el vendedor final gana mucho, entonces, ¿no deberíamos estar preocupados también por la cerveza y los pasteles? Si la “caridad empieza por casa”, quizà deberíamos empezar el comercio justo de pasteles y de cerveza dentro de EEUU.

Mientras que ha habido alguna preocupación por la pérdida de tierras de cultivos pequeñas y familiares, no he visto mucho en programas que soliciten pagar más a los campesimos por el trigo al igual que se ha hecho con el café en otras partes. ¿Por qué no?

Sabemos que los granjeros norteamericanos no se están muriendo de hambre. Si las condiciones empeoran mucho, ellos pueden conseguir otro trabajo. No quiero tomar a la ligera el que alguien luche por conservar una granja, pero sí hacer notar la diferencia de estilo de vida entre este granjero y uno del tercer mundo, lo que apunta a la más fundamental causa del problema: baja productividad en los países en los que esos campesinos viven.

El problema verdadero es que dentro de un mercado con bajas barreras de entrada, como la agricultura, lo que muchas personas ganen depende de cómo la productividad de la sociedad entera afecte la calidad de las oportunidades externas. En los EEUU el estándar de vida de los granjeros es mayor porque si la diferencia entre lo que ellos ganan como granjeros y lo que ganarían en otra ocupación fuera grande, ellos optarían por otras alternativas.

En realidad, en este tipo de mercado con barreras reducidas de entrada, un programa como el de comercio justo no puede con efectividad elevar el bienestar de los cultivadores de café del tercer mundo aumentado sus precios. Al hacer eso, se elevarían los retornos de la producción de café relativos a otras actividades y se induciría a más cultivadores a producir café. Esto elevaría la oferta hasta que el precio de los cafetaleros cayese al nivel original de subsistencia.

La única manera de impedir que eso suceda sería prohibir a los campesinos del resto del mundo a entrar a producir más, o bien limitar a quienes reciben precios de comercio justo. Estas tácticas, de seleccionar arbitrariamente a los beneficiarios, serían injustas. En cuanto a las utilidades de Starbucks, hay que considerar a los cocineros.

Pueden ellos tener amplias brechas entre los precios de los insumos y el precio final, pero no tendemos a ver en ellos a futuros Rockefellers porque la competencia ha exprimido los beneficios hasta el nivel en el que hacer pasteles da oportunidades más o menos equivalentes a los de otras líneas de negocio.

Igualmente, Starbucks, como cualquier otro emprendedor, estará en su posición durante un cierto tiempo. Sus utilidades le dan recursos para invertir en más sucursales, pero también atraen a competidores. Otros pueden copiar el modelo y ya lo están haciendo.

Eventualmente, la competencia reducirá la diferencias entre lo que Starbucks paga y recibe por su café y las utilidades serán erosionadas. Mientras, la expansión de la demanda de café, parcialmente creada por el desarrollo de mejores cafés como los de Starbucks, se traducirá en más cantidad de café consumido y producido.

Al final esto ayudará a más campesinos en todo el mundo y podrá transferir más fondos a esos países que lo que habría sido logrado en caso del comercio justo. Esos fondos mejorarán gradualmente la productividad en eso países y lo harán de manera más efectiva y justa que cualquier programa de comercio justo.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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