Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Asteroides y Progreso
Leonardo Girondella Mora
7 agosto 2006
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Si llegase a anunciarse que un asteroide chocará contra la Tierra dentro de los siguientes 45 días terminando con toda la vida de este planeta o algo similar, uno de los efectos de la noticia es predecible —las personas dejaremos de trabajar, de hacer, de invertir, de construir, pues ya no tiene caso hacerlo.

Los frutos de todas esas actividades nunca se llegarían a disfrutar. Peor aún, terminaríamos con los recursos disponibles —¿para qué economizar?

El creer en un futuro razonablemente cierto de largo plazo es uno de los pilares que sostienen a la sociedad y su potencial de prosperidad —es la clave que mueve a estudiar durante años creyendo en la posibilidad de alcanzar una situación mejor a la actual; a ahorrar para disfrutar de ese capital muchos años después; a solicitar y dar créditos, a planear e invertir.

Creyendo que el futuro es estable y confiable es que mejoramos y ese futuro se hace en realidad mejor que el presente.

Lo opuesto sucede cuando se cree que el futuro es incierto e inestable, o bien negativo —el choque del asteroide, por ejemplo, destruye todo incentivo de ahorro y trabajo.

No tiene sentido el iniciar la construcción de una casa hoy, si dentro de unas semanas la Tierra será destruida, o si no estoy seguro de que la disfrutaré varios años. El efecto de la incertidumbre futura es igual: si no se posee esa confianza razonable en el futuro, la prosperidad disminuye sin mucho que puede hacerse para remediarlo.

La lección política es diáfana —las autoridades, de todo signo, tienen como objetivo central la creación de un ambiente de confianza y estabilidad, para que las personas tengan incentivos de trabajos y proyectos de largo plazo. La consecuencia, ceteris paribus, es un futuro mejor que el presente, mucho mejor.

Y lo peor que puede suceder es que las autoridades produzcan un ambiente de incertidumbre que anule los incentivos de proyectos y trabajos de largo plazo. Lo que la autoridad debe evitar es portarse como el asteroide que caerá sobre la Tierra —la sola sospecha de que lo hará, detendrá las acciones de las personas. No tiene caso sacrificarme hoy si no tengo una esperanza razonable en una autoridad estable.

La consecuencia práctica es también diáfana —los cambios de dirección en las políticas públicas deben evitar vaivenes y movimientos erráticos. La incertidumbre sobre posibles actos de autoridad provocarán incentivos negativos en las personas, las que pospondrán sus planes hasta percibir la certidumbre que se necesita. Nada tan negativo puede existir que un gobierno impredecible.

La incertidumbre de las acciones de un gobierno se combate con leyes, que son lo opuesto del personalismo gubernamental —bajo la ley, es posible predecir razonablemente el futuro, pero sin leyes, lo único que vale es la voluntad diaria de los gobernantes.

Es ésta la razón por la que es fácil predecir que un gobierno como el de Venezuela o el de Bolivia generarán una prosperidad inferior a la de Chile o Irlanda. La diferencia está en la certidumbre del futuro, mucho mayor en unos países que en otros.

Lo mismo puede decirse del efecto que tienen las acciones de uno de los partidos políticos mexicanos —el PRD ha producido una elevación de la incertidumbre del futuro del país y eso tiene las mismas consecuencias que la incertidumbre de la caída de un asteroide.

¿Para qué hacer algo ahora y recibir sus frutos en cinco años, si no se sabe qué sucederá con el gobierno mexicano mañana? Ha justificado ese partido sus acciones diciendo que es por el bien de México —cuando en realidad es lo opuesto, el bien del país sería fenomenal si se reconociesen los resultados electorales.

Otra forma de ver este asunto, el de la certidumbre del futuro, es la muy vieja frase de un país de instituciones y no de hombres —que se refiere a la estabilidad que producen organismos y leyes que son independientes de la volubilidad humana.

Confiar en las leyes produce un sentimiento de seguridad en las personas, mientras que atenerse a la voluntad del gobernante produce lo opuesto, un sentimiento de riesgo y debilidad. La diferencia que esos dos sentimientos crean es gigante.

El tema es ajeno a las preferencias ideológicas que puedan tenerse —de izquierda o de derecha, no importa, lo anterior apela al sentido común y es una consideración pragmática aplicable a todo régimen de cualquier signo. Un gobierno que se comporta como un asteroide producirá lo mismo que éste.


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