Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Aznar y el Folclor
Eduardo García Gaspar
27 febrero 2006
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
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El asunto es elocuente, pintoresco, florido y tiene dos capítulos. El más antiguo de ellos es la Constitución Mexicana. Créalo o no, allí se establece que

“Son extranjeros, los que no posean las calidades determinadas en el artículo 30. Tienen derecho a las garantías que otorga el Capítulo I, Título Primero, de la presente Constitución…”

A lo que se añade de inmediato:

“pero el Ejecutivo de la Unión tendrá la facultad exclusiva de hacer abandonar el territorio nacional, inmediatamente y sin necesidad de juicio previo, a todo extranjero cuya permanencia juzgue inconveniente. Los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país”. (art. 33)

Tomado literalmente, eso significa que el presidente mexicano puede expulsar del país a un periódico extranjero en el que se haga un comentario no deseado, por el motivo que sea.

En la práctica, recientemente, eso tuvo una aplicación fascinante. Resulta que J. M. Aznar, el ex presidente del gobierno español, en el segundo capítulo, habló en un evento en la sede nacional del PAN. Y dijo allí que

“Deseo que Felipe Calderón sea el nuevo presidente de México, por el bien de todos los mexicanos… Ahora México debe elegir entre una garantía, como es Felipe Calderón y como es el PAN, y la incertidumbre; entre la estabilidad y la aventura; entre la serenidad política y la demagogia, y yo espero que los mexicanos acierten”.

Y en las neuronas de algunos, eso es equivalente a violar la constitución.

Veamos las cosas claras y nada para hacerlo, como una comparación. Digamos que una columna en un periódico publicado en Urbana, Illinois publica una columna en la que recomienda votar por un cierto candidato a los mexicanos y esa columna puede ser accedida en Internet incluso en Teocaltiche, Jalisco.

De acuerdo a la legislación, debe prohibirse que el comentario penetre en el territorio nacional. Es un extranjero metido en asuntos mexicanos.

Llega, por ejemplo, un conferencista a México, digamos de Burundi y habla de México, de su política. Si lo hace, resulta que la ley mexicana le pedirá salir del país. El resultado neto es uno muy sencillo, la libertad de expresión es un requisito único de los mexicanos.

Ningún extranjero que entre a estas tierras es libre de hablar diciendo lo que piensa. El asunto es tonto, tonto hasta lo ridículo. El Wall Street Journal no podría hablar de México si es que un mexicano llega a poder leer lo que dice.

La reacción mexicana, no de todos, es sublimemente absurda y tiene una cierta dosis de xenofobia florida. Los extranjeros no son personas, no pueden hablar de nosotros y si lo hacen es que se meten en terrenos ilegales. Cuando Hugo Chávez amenazó al presidente mexicano no se habló de la violación a la constitución mexicana, y eso era correcto. Que hablen, que digan todo lo que quieran, sea Aznar o Chávez, que todo eso ayuda.

Ayuda a tener información. Que Aznar apoye a Calderón, que Chávez tenga simpatías por el PRD, todo eso es información para el elector mexicano. Es una cuestión de madurez que no puede estar sujeta a una ley mal interpretada. Hablar y hacerlo abiertamente no puede ser visto como “inmiscuirse en los asuntos políticos del país”. Y sin embargo, eso fue lo que hicieron nuestros diputados, más uno que otro editorialista (véase abajo).

Fue reportado el día 22 (El Universal) que la junta de coordinación política de la Cámara de Diputados aprobó solicitar al secretario de Gobernación la expulsión de territorio nacional del ex presidente por considerar que el político español contravino el mandato constitucional al haberse inmiscuido en asuntos políticos que son propios y exclusivos de los mexicanos.

La decisión es kafkiana y recuerda lo sucedido a Mario Vargas Llosa, cuando habló del PRI.

Visto así, ningún periodista extranjero podría permanecer en el país, a menos que escribiera aquí artículos sobre Myanmar o Burkina Faso… porque después de todo, esos periodistas están hablando sobre México y su política y eso es ilegal de acuerdo a esa interpretación de la ley.

Vaya, ni a Kafka se le hubiera ocurrido esto. Al final, me quedo con una dos ideas, Primero, muchos de los personajes de la política mexicana son de chiste. Segundo, la inmadurez política es digna de un cuento nuevo surrealista, en el que los diputados y sus partidos son en realidad insectos que se creen humanos.

POST SCRIPTUM

Será más claro entender esto, que las decisiones de los diputados. La referencia de los insectos viene de Franz Kafka y su obra Die Verwandlung, de 1915 (Metamorfosis).

Un ejemplo de la reacción pintoresca de la que hablo es de un columnista, Dante Delgado (Grupo Reforma, 25 febrero), cuando dice,

“José María Aznar vino a agraviar por segunda ocasión a México… dejó ver que su afición por agraviar a México no tiene por límite el campo de la política exterior… El segundo agravio de Aznar estaba hecho y, consciente o no de ello, el español tomó el avión…”(Itálicas mías).

Vaya, no sólo se inmiscuyó en los asuntos mexicanos, sino que agravió a la nación. ¡Uf! El día 23 de febrero, Grupo Imagen reportó que

“La Secretaría de Gobernación hizo un llamado a José María Aznar, ex jefe del Gobierno español, para no inmiscuirse en asuntos internos del País cuando se encuentre en territorio nacional. En un comunicado, Gobernación indicó que el oficio fue entregado en la Embajada de España, pues Aznar ya había abandonado el País. También fue enviado un documento al Partido Acción Nacional, instituto que invitó al ex Mandatario, en el que también le recuerda la prohibición constitucional de que extranjeros intervengan en la vida interna de México”.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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