Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Buen Punto de AMLO
Eduardo García Gaspar
28 noviembre 2006
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Realmente fuera de serie fue un comunicado de AMLO sobre su propuesta de ley para tener precios competitivos. La idea tiene, sin duda, grandes méritos y, además, es una enorme sorpresa. Veámosla paso a paso.

Primero, la razón de la ley, la existencia de precios elevados en ciertos sectores:

“… la familia mexicana paga más de 2 veces por el cemento que compra con respecto a lo que paga la familia de Estados Unidos. Paga casi tres veces por una línea de Internet de banda ancha. Paga más de tres veces por cada minuto en una llamada de teléfono celular. Paga más del doble por la electricidad. Y paga casi tres veces por la tasa de interés de las tarjetas de crédito”.

AMLO pone el dedo sobre un punto real. Es real la existencia de precios elevados en ciertos sectores, una de las quejas añejas de los liberales al reclamar la existencia de monopolios reales o disfrazados, que no están sujetos a competencia. Son las industrias o empresas con privilegios. Dice el comunicado que esa ley “permitiría de manera mucho más libre el sano equilibrio de la oferta y la demanda del mercado, buscando la oferta del exterior cuando la oferta interna resulte excesivamente costosa”.

Y añade que,

“Aunque en el pasado México se daba el lujo de mantener sectores protegidos los cuales podían vender a precios mayores a los internacionales. La mayor parte de esa protección fue eliminada a partir de los 80s [sic]; sin embargo, se mantuvo para sectores privilegiados”.

Un liberal como yo podía haber escrito eso fácilmente y argumentar que constituye una medida de beneficio general, pues la competencia tiende a reducir los precios lo que beneficia a las personas, especialmente a las de bajos ingresos.

¿Se volvió AMLO un partidario del libre mercado y la competencia? No lo creo. Se necesitaría una serie de evidencias muy numerosas. Pero tomando esto nada más, sin duda es una iniciativa con la que los liberales estarían de acuerdo en su objetivo. La gran queja liberal es que México no lo es, aún mantiene sectores públicos, privados y sociales con tratamientos preferenciales.

Hasta aquí, un aplauso por el objetivo de la iniciativa. A ella, sin embargo, hay que añadir un extra importante. Con el objetivo no hay problema. Nada tan aberrante para un liberal como la existencia de monopolios y privilegios económicos. Pero con los medios para lograrlo puede haber problemas.

Un socialista más o menos tradicional pediría ahora algo similar a un control de precios. Y un liberal, la apertura del mercado aceptando competencia sin preferencias.

En el comunicado de AMLO no hay muchos datos al respecto de los medios para lograr precios competitivos, pero sí hay una indicación en el sentido correcto: importar si los precios internos son elevados. Más Salinista no podía sonar AMLO.

Pero hay algo que preocupa en cuanto a los medios para lograr esos precios más bajos. Un ejemplo, el de las tasas de interés. Ellas son en pocas palabras el precio del dinero y son consecuencia de oferta y demanda. Poca oferta o mucha demanda mandan los precios hacia arriba, y viceversa. Manipular esos precios, o el resto, lleva a errores. Pero puede haber métodos indirectos y muy efectivos para lograrlo.

Uno de ellos es la competencia. Otro es la estabilidad política. Otro, la estabilidad económica. Es una cuestión de riesgos: a menores riesgos menores precios. ¿Quiere usted bajar los precios en México?

Un camino es el conocido, facilitar la inversión en mercados libres y sin privilegio alguno para nadie. El otro camino menos conocido es el de la estabilidad política, algo a lo que, por cierto, no ayuda la existencia de un presidente “legítimo”… ni las acciones de la APPO y el EZLN.

En fin, tenemos frente a nosotros una situación notable. AMLO pone con tino el dedo en una de las llagas económicas y coincide así con el descontento de los liberales: sectores privilegiados que derivan beneficios indebidos pagados por el ciudadano. Es uno de los problemas que Calderón sabe que tiene y que puede ser un principio de acuerdo entre legisladores para de una vez por todas retirar esos privilegios.

El problema puede estar en la falta de sentido económico de AMLO y del por qué existen precios elevados. No siempre es por situaciones monopólicas. Distinguirlo es tan importante que significa el éxito o el fracaso de cualquier ley con ese objetivo.

POST SCRIPTUM

El siguiente es un comunicado de prensa del Banco Mundial y que trata el mismo tema. Las itálicas han sido añadidas por el Editor General de ContraPeso.info

World Bank Press Release No:2007/156/LAC

Ciudad de México, a 27 de noviembre de 2006.-   La interacción entre estructuras inequitativas e instituciones que no son capaces de contrarrestar la influencia de las elites interconectadas y de ciertos grupos corporativos organizados en el diseño de políticas y en los mercados, no sólo ha sido negativa para el combate a la pobreza sino que ha afectado la eficiencia en todo el país. Por ello, México debe enfrentar el vínculo que existe ente inequidad y competencia, dos de sus principales problemas, o de lo contrario no podrá resolver con éxito el reto del crecimiento.

Lo anterior se desprende de una tesis planteada en el Informe de Desarrollo Mundial 2006 del Banco Mundial y desarrollada ampliamente en La trampa de la desigualdad y su vínculo con el bajo crecimiento en México, estudio realizado por Isabel Guerrero, directora del Banco Mundial para México y Colombia, Michael Walton, académico de la Universidad de Harvard y Luis Felipe López Calva de la Universidad de Stanford, presentado hoy en la Conferencia Internacional “Equidad y Competencia para un Alto Desarrollo en México”, en donde expertos analizan el tema en esta capital.

De acuerdo con el documento, al afectar tanto a mercados como a políticas, la desigualdad en el ámbito de la influencia puede resultar en falta de competitividad. Las estructuras desiguales pueden generar ineficiencias en la forma en la que funcionan los mercados y otras instituciones, mediante la concentración del control corporativo y las influencias sindicales sobre los mercados financieros, laborales y de productos.

El texto se centra en la influencia de dos tipos de estructura desigual que reducen el crecimiento de México: la que se da por medio de la concentración de la riqueza y del poder monopólico en el sector empresarial, y la que se presenta como resultado de la existencia de sindicatos en sectores protegidos y organizaciones agrícolas, que tienen una relevancia especial para sentar las bases de las llamadas trampas de desigualdad, las cuales tienden a perpetuarse en el tiempo.

Plantea que las concentraciones de poder se pueden contrarrestar mediante instituciones sólidas, pero cuando éstas son “débiles”, unos cuantos grupos predominantes pueden generar efectos adversos en el funcionamiento del mercado y en el diseño de políticas en detrimento del interés de la sociedad en general y de las futuras generaciones. Los reguladores “débiles” pueden quedar capturados por las empresas a las que deben regular, de la misma manera en la que un sistema judicial débil se inclinará probablemente a atender los intereses de los más ricos y poderosos.

En países como México, que tiene una proporción de multimillonarios más alta que Brasil o Colombia y en donde éstos tienen un ingreso potencial de casi 14 mil veces el del promedio de la población, la concentración de la riqueza familiar puede llevar a concentraciones mayores de influencia corporativa por medio de estructuras piramidales de propiedad empresarial, en las cuales los patrones interconectados de propiedad corporativa implican que las familias controlan activos que son un múltiplo de su propiedad efectiva.

Por su parte, cuando se ejerce en sectores protegidos y por medio del proceso político, la influencia de los sindicatos también puede tener costos para la sociedad en general. Si bien estos grupos son mucho menos ricos que los multimillonarios, están en condiciones significativamente mejores que los ciudadanos promedio del país.

Las diferencias residen tanto en las ganancias monetarias como en las prestaciones que reciben los trabajadores de sectores corporativistas protegidos. La gran mayoría de los trabajadores en la industria petrolera y de los maestros sindicalizados son 25 por ciento más ricos que los trabadores en otros sectores con la misma calificación.

El estudio demuestra con una serie de ejemplos que, en muchos ámbitos, las instituciones económicas moldeadas por la influencia desigual se ubican en el centro del problema de crecimiento y competitividad que sufre México. Esta problemática abarca desde las condiciones anticompetitivas con concentración del poder de mercado, hasta la baja calidad de la educación.


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