Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Burócratas contra Empresarios
Eduardo García Gaspar
18 octubre 2006
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Si se quisiera dar una clase de economía, uno de los lugares que los alumnos deberían visitar es un aeropuerto en México y sacar conclusiones sobre la competencia y la no competencia.

Los alumnos, como primer paso, deberán examinar los precios de los boletos de avión en rutas dentro del país en las que existen varias aerolíneas compitiendo y compararlos contra los tiempos en los que esa competencia no existía.

Encontrarán que la competencia ha reducido los precios notablemente: no es infrecuente encontrarlos en la mitad de lo que antes costaban y menos. Y no sólo eso, hay promociones y mayor variedad de horarios. La competencia ha elevado el ingreso de los viajeros, reduciendo el costo que tenía el traslado aéreo. La competencia ha beneficiado a los consumidores.

Los mercados libres tienen ese efecto: colocan un incentivo en las empresas para que ellas reduzcan sus márgenes de ganancia y den mejores servicios. Si no lo hacen, corren el riesgos de fracasar, ellas y los trabajadores que tienen. No es algo demasiado complicado de entender. Cualquiera que haya tenido un negocio lo comprende.

Pero los aeropuertos mexicanos también son una lección opuesta, de carencia de competencia entre los servicios de transportación terrestre que tienen, los taxis. Son una especie de concesión monopólica: nadie más que ellos puede transportar pasajeros que llegan a la ciudad en cuestión.

Si usted toma un taxi normal para ir al aeropuerto, ese taxi se regresará sólo y tenderá a costar más por eso. Y no hay competencia de precios en los taxis que se usan al arribar por avión.

La lección en transporte aéreo no ha sido aprendida en transporte terrestre y la consecuencia es una calidad mala y un precio elevado. Pero no sólo los taxis de aeropuerto están regulados, sino todos en México. Requieren permisos de la autoridad para trabajar y ella les da las placas de taxi. Sin esas placas no puede trabajarse dentro de la ley. Los resultados son muy previsibles.

El más obvio es la corrupción: para conseguir el permiso debe darse una dádiva a alguien. La autoridad, más aún, suele usar esa capacidad para favorecer a sus amigos, generalmente gremios partidistas a quienes cobra favores por ese permiso, como asistir a mítines de apoyo y similares. No hay libertad económica en los taxis y por eso sucede lo puesto que con las aerolíneas: el usuario es dañado con precios altos y mal servicio.

Desde luego, si alguien quisiera retirar esa prebenda de los taxistas, ellos harían largas marchas de protesta con su consabido bloqueo de calles. Ellos saben que sin competencia podrán cobrar más y desean proteger su negocio, el que la autoridad les ha creado gracias a la idea de requerir esos permisos de taxi.

La lección es la obvia y de sentido común: cuando se ponen obstáculos para abrir negocios, cuando se requieren más trámites de los necesarios, cuando los burócratas creen que saben lo que los consumidores necesitan, entonces los usuarios terminan con bienes caros y malos. Todo eso impide la competencia o encarece la producción de bienes y eso empobrece a los consumidores.

Si alguien quiere arriesgar su dinero fundando una nueva aerolínea, que lo haga. Al fin el dinero es suyo y eso lo motivará a tratar de persuadir a los consumidores a comprar sus productos. Ese empresario necesariamente sabe más que el burócrata que da los permisos, quien no invierte ni arriesga su dinero en empresa alguna y que puede tener la motivación de cobrar un “extra” por su permiso.

La lección también es aprovechable a todas las industrias. Ponerlas en competencia es benéfico para el cliente. Imagine, por ejemplo, a las escuelas primarias en competencia por atraer alumnos. Así se resolvería uno de los problemas más serios de México, el de la pésima calidad de su educación… con una beneficio adicional, los maestros dejarían de hacer protestas y huelgas, y se pondrían a trabajar mejor.

El ejemplo de las líneas aéreas en México es igualmente posible de llevar a los servicios de salud pública. Las personas serían mejor tratadas, tendrían menores esperas, por el simple hecho de no ser monopolio. Cuando el consumidor puede seleccionar, suceden cosas maravillosas, los precios bajan, las calidades mejoran y se eleva el bienestar general.

Y, por último, en los aeropuertos queda otra lección, la del gremio de cargadores de maletas, que ha limitado el uso de carritos para el equipaje de manera que los viajeros se ven obligados a usarlos.


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