Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Constitución Liberatoria?
Selección de ContraPeso.info
3 febrero 2006
Sección: LEYES, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de Ricardo Valenzuela a quien se agradece el amable permiso de publicación.

“La mejor manera de abolir una ley diabólica, es aplicándola de forma estricta”, afirmaba Abraham Lincoln. Con ello telegrafiaba cómo la elaboración y aplicación de leyes nefastas, provocan su propia muerte de la misma forma que Schumpeter describía que opera la creativa destrucción de los mercados.

Pero cuando tenemos una mala ley y se aplica a discreción de quienes han concentrado el poder, cocinamos ese venenoso potaje del que hablaba Bastiat: “La ley, ya corrupta, se convierte en lo diabólico que debe combatirse.”

Como cada año sucede, nos preparamos para celebrar algo que emerge como reflejo sin considerar sus implicaciones pasadas, presentes y futuras: La Constitución Mexicana. Si algún mapa ha señalado la ruta de países hacia éxitos o fracasos, son sus Constituciones políticas. Creo, es hora de llevar a cabo algunas reflexiones para entender la importancia de la carta de navegación utilizada, no siempre respetada pero sí modificada a capricho del rey en turno.

México, al lograr su independencia proclamaba su primer documento en 1813 conocido como la Constitución de Apatzingán. Sin embargo, partía enunciando la religión católica como única y obligatoria abriendo el zaguán de los conflictos, al imperio de Iturbide y, sobre todo, la emergencia de Santa Ana. En 1824, nacía la segunda versión la que reforzaba el concepto de república definiendo un gobierno federal acotado, lo cual, rompía con la autocracia herencia de corona española abrazando el liberalismo sajón.

Pero en 1833, Santa Ana ya propietario de la demandada silla en el castillo de Chapultepec, para consolidar su poder, la abolía creando sus propias “Siete Leyes” y de esa forma consolidaba su dictadura, militarizaba el gobierno federal, y se reservaba el derecho de emitir permisos para votar.

Luego de tres décadas de sangrientas luchas, en 1857, un grupo de liberales promulgaba la gran constitución reformadora. Esta nueva carta magna, era similar a la de 1824 pero con un claro matiz de liberalismo puro atacando la raíz de un gran problema. Suprimía fueros y privilegios de la iglesia y el ejército afirmando la igualdad de todos los ciudadanos, “ante la ley.” Declaraba, de forma contundente, la libertad de asociación, expresión, de educación, de religión, la libertad de (mercados) industria y comercio, libertad de trabajo.   I

ntroducía, también, las garantías individuales (vida, libertad, propiedad), abolía la esclavitud y restituía el congreso. El nuevo país, por primera vez respiraba el aire de la libertad y de la esperanza. Sin embargo, esta nueva constitución sería constantemente violada cuando, hasta el propio Juárez a través de sus reelecciones, buscara la perpetuación en el poder receta que sirviera bien a Porfirio Díaz, su propietario por más de tres décadas.

Durante la dictadura porfirista, la Constitución de 1857 sería la carta de navegación del país pero exhibiendo un nuevo ropaje; el liberalismo impregnado con la filosofía de Compte, el positivismo. Con ello, se declaraba a los mexicanos ineptos para manejar sus vidas por lo que, se acudía a la honorable dictadura dándole justificación científica, pero más importante, a las raíces del ogro benefactor que, con credenciales de legitimidad, nos ha devorado durante mas de ciento cincuenta años.

En 1910 explota la revolución liderada por Francisco I. Madero. El movimiento portaba una bandera de liberalismo moderno y de gran pureza, con lo que se pretendía terminar aquel estado de vasallaje creado por el porfirismo que se tradujera en una cruel diferencia de clases, para llevar justicia y oportunidad a todos los mexicanos. Pero cuando Madero asumía la Presidencia, ya se preparaban movimientos antiliberales inspirados en la novedosa moda del socialismo estilo Unión Soviética.

En Febrero 5 de 1917 se proclamaba la actual constitución la cual, ante la rabia de Obregón y sorpresa de Carranza, emanaba con un claro tinte socialista. Pero reflejando la capirotada ideológica de los participantes, el documento incluía una gran variedad de contradicciones; socialismo, mercantilismo, democracia liberal, corporativismo autoritario, y en especial, algo fatídico, la educación pública obligatoria, socialista y única, así como cantidad de provisiones sin implementar, para futuras reformas sociales ya con dedicatoria.

Pero la rebelión de los generales sonorenses en Abril de 1920, plasmada en el Plan de Agua Prieta, sería respuesta a la fisonomía socialista y autócrata de la carta magna cuando los “clubes liberales de Sonora” postulaban la candidatura de Obregón y, ante la represiva respuesta de Carranza contra Sonora, marchaban a la ciudad de México para defender sus postulados originales. La gesta, encabezada por Adolfo de la Huerta al frente del ejército “Liberal Constitucionalista,” marchaba para defender la primera violación de dos de sus principios fundamentales: la autonomía de los estados y el sufragio efectivo.

Obregón muere asesinado cuando, reelecto,  se proponía reorientarla y así, nos encadenaron al documento que le daba vida a ese fatal híbrido, “economía mixta.” Sin protección de los derechos de propiedad; a un estado como rector de la economía colectivizando el espíritu de los ciudadanos; la sobre protección de los trabajadores; un mercantilismo económico creando al empresario rentista; el ejido como el aborto revolucionario; el beneficio comunal sobre los intereses individuales asesinando la ambición, y muchos otros enunciados que han participado de forma intensa a mantener el país en el subdesarrollo.

En lugar de celebrar lo que nos ata a un pasado doloroso, es hora de modificarla acorde a los tiempos con un objetivo claro, la liberación del genio, la creatividad y la ambición de los mexicanos para, en la libertad, dibujar un campo parejo de oportunidades. Pues como afirma mi amiga liberal Marcela Ramonet: “igualdad de oportunidades es justicia, pero igualdad de resultados, represión.”   “Y será preciso reformar las leyes fundamentales de los pueblos:”

“No para aniquilar al individuo y a la sociedad dejándolos a merced de gobiernos dictatoriales, sino para reconocer y garantizar en perfecta armonía, los atributos esenciales de los seres humanos y los derechos básicos de la sociedad. Nunca para sancionar desigualdades ni reconocer privilegios, sino para ofrecer a los hombres las mismas oportunidades de progreso, sin mas diferencias que las que emanen de la virtud, el talento y el trabajo.” G.V. 1943


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