Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Consumos de Lujo
Eduardo García Gaspar
31 agosto 2006
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Cuando vemos algún consumo dispendioso, la reacción usual es la de la indignación. Lo reprobamos moralmente, creyendo que ese dinero gastado en banalidades debería ser mejor empleado en otros menesteres, como la ayuda a algún orfelinato. Es humano reaccionar así.

En una columna anterior traté el tema. Sostuve que ese consumo puede indignar, pero que esa reacción inicial es limitada. Desde luego, ese consumo beneficia a sus proveedores, como a los meseros de restaurantes de lujo. Además, si quiero ser libre no puedo hacer otra cosa que tolerar ese consumo odioso. Y, por si fuera poco, es atrevido emitir un juicio total sobre una persona que tiene un bolso de Vuitton o una corbata Hermes.

Esa opinión que escribí tuvo un par de reacciones. Un lector escribió cosas que no me atrevería a repetir: se dio su lujo, el de lanzarme insultos personales. Pero el otro lector envió comentarios que vale la pena señalar porque ellos aclaran las ideas sobre un tema que suele crear más emociones que análisis.

Me dijo el lector que el rico es personaje de mi devoción. No necesariamente. Si su riqueza fue lograda con trabajo y esfuerzo, sí lo es de mi admiración. Me alegra que exista gente exitosa, que haya logrado fortunas sustanciales con sus empresas y negocios.

Me recuerda, además, el amable lector lo que dije, que el consumo del rico genera empleos. Efectivamente los crea y más aún, cubre los altos precios de las innovaciones tecnológicas en sus inicios, las que después de vuelven productos generales, como los frenos ABS.

Me dice que planteo un problema filosófico, “¿es una pluma fuente de 500 dólares una compra inmoral? y agreg[o] con sarcasmo… ¿o tiene que rebasar los 750? Eduardo, siendo académico no puede determinar lo que es moral y lo que es inmoral. Es muy sencillo hacer el juicio, solo se necesita ser honrado”.

Inmoral, creo, sería robar una pluma, así sea de tres pesos. Comprar una del precio que sea no puede ser inmoral.

Pero el meollo de la carta es por demás interesante. Dice el lector que “Creo que la mayoría… tiene razón al decir que son inmorales y abyectos estos ricos o remedos de ricos”. Tremendo juicio en extremo atrevido el del lector que termina por reprobar al que ha logrado riqueza en alguna cantidad.

Por el hecho de haberlo logrado, ese rico es un inmoral. La verdad es otra muy distinta, que el mismo lector aclara.

Dice que es inmoral el “rico concesionario de gasolineras que vende litros adulterados y gasta $5,000 pesos en una comida… El periodista que usa mal su pluma fuente del precio que sea… El Presidente y su esposa con el gabinete que compran trajes, zapatos, corbatas, joyas, toallas, perfumes, carros, aviones… Un obispo que juega golf y tiene debilidad por la gula no genera empleos ni paga él…”.

Lo que esos ejemplos ilustran, especialmente el del gasolinero, es una conducta deshonesta o corrupta o indebida. Y el lector tiene razón, en este caso la riqueza de esas personas ha sido obtenida por medios cuestionables. Pero no son esos todos los casos.

Hay fortunas obtenidas por medios honestos y morales y son estos casos los que son dignos de admiración. No puedo calificar de inmorales a todos los ricos por el hecho de serlo, porque entre ellos hay muchos honestos y esforzados.

Dice el lector que él trabaja “12 horas pepenando reciclables y gano $100 pesos (a veces). Compro en la tienda del barrio, uso el camión, compro alcohol en la botica y aroma en la ferretera. Mis $100 pesos son honorables y gloriosos pues los gané sin robar a nadie, y además de esta manera coopero generosamente para mantener la cadena productiva del país”.

Maravilloso que eso suceda. Igual que es maravilloso otro caso, el de un doctor que al día gana varios miles de pesos, sin robar a nadie, honorablemente y con tiempo para periódicamente realizar operaciones gratuitas a personas sin recursos.

Me alegra que existan esos dos casos, el del lector y el del doctor. Ambos honestos y admirables. ¿Puedo criticar al doctor por ser rico? Desde luego que no. Al contrario, lo admiro y me da gusto verlo en su BMW.

Y me encantaría que este lector iniciara un negocio de reciclaje y tan honestamente como ahora se volviera millonario y se diera el lujo de comprar una pluma de mil dólares, si es que eso le agrada.

POST SCRIPTUM

• Creo que el problema de la condena moral de los ricos proviene de la concepción, errónea, de que toda fortuna es mal habida. Las riquezas obtenidas por medios indebidos son condenables desde luego. Pero no lo son las logradas por medio del trabajo, el ahorro y el esfuerzo. Si la riqueza es condenada indiscriminadamente, la resultante es temible: todos los pobres son por definición moralmente superiores a los de mayores ingresos. El buen samaritano sería un tipo inmoral a pesar de su conducta.


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