Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Contaminación Interior
Eduardo García Gaspar
21 diciembre 2006
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hay gente que colecciona mariposas, o sellos postales, o cucharitas de cuanto lugar visita. Por mi parte, tengo dos colecciones maravillosas. Una es la de las obras de Mozart. Todas ellas. Unos 200 discos con obras que he disfrutado durante décadas.

Pero también colecciono ideas. Algunas las subrayo en lo que leo. Otras las anoto en algún lugar. Y muchas de ellas me sirven para encontrar puntos de partida en estas columnas.

Recientemente escuché una que no es nueva, pero que vale la pena recordar y que está explicada en una paradoja, o mejor dicho una contradicción. Quien hablaba de ella la expuso más o menos de la manera siguiente.

Nuestros tiempos son de preocupación ambiental. Queremos evitar la contaminación, la suciedad en los ríos, la lluvia ácida. Queremos un ambiente limpio, aseado, puro. Son buenas intenciones referidas a nuestro mundo, a los deseos de tener un planeta sin contaminación o al menos con la mínima posible. Es positivo ambicionar esa pureza.

Pero no es positivo hacer eso al mismo tiempo que se pone de lado la limpieza interior de la persona. Vivir en un mundo puro de poco sirve, decía la persona, si estamos sucios por dentro. La pasión por una ecología sana es admirable, pero es incongruente tener a seres contaminados por dentro en ese mundo limpio en lo exterior.

La comparación ha sido hecha sin duda varias veces. No es nueva la idea, pero es conveniente retomarla. Se trata de una idea que habla de una discrepancia. Es como una desarmonía. Tiene un punto válido y que nos manda a terrenos resbalosos, los de nuestro interior. La persona que lo explicó mencionó el pasaje del evangelio, el que habla de que lo malo no existe fuera del hombre, sino que sale de él.

No está mal eso, porque después de todo la contaminación ambiental ha sido una consecuencia de las acciones humanas (y sus soluciones también). Si en nuestro interior está la fuente de la contaminación de seguro vale la pena preguntarse qué tan limpios andamos por dentro. La respuesta es la natural, no muy limpios, pero eso es consecuencia de nuestra imperfección. Sin embargo, dentro de esa imperfección hay niveles de limpieza que están bajo nuestro control.

Me cuesta trabajo pensar en la limpieza interior posible cuando veo que algunas revistas para jóvenes contienen artículos e ilustraciones sobre cómo hacer el amor dentro de un automóvil. Y en otras se habla del uso de las películas pornográficas para estimular a la pareja.

Me cuesta trabajo creer en la limpieza interior cuando hay canciones que hablan de asesinar y matar, o que cantan las proezas de delincuentes. Igual me cuesta cuando algún sediento de poder llama pacífica a la invasión de una estación de radio que hace llamados a la violencia.

Siento que hay contaminación interior cuando veo a fanáticos de algún deporte pelear entre sí, todo por ser rivales de una cosa tan sin importancia como un equipo de futbol. Realmente se tiene que carecer de toda capacidad para considerar que un equipo es el máximo valor personal. Hay suciedad interior en esos que quieren hacer renacer el odio racial y en antisemitismo. Y la hay en las películas sangrientas y en los escándalos de los célebres.

De entre las dos contaminaciones, la interior es la peor de todas. La ambiental la podemos solucionar y de hecho hemos avanzado mucho, como en la mejora de Londres y otras partes. Son cuestiones de tecnología. Pero la limpieza interna es una cuestión que no tiene esos remedios técnicos y que empieza por reconocer que nos hace falta una mayor limpieza interior. Con sólo darnos cuenta de ello tendremos un buen primer paso.

Decía esa persona que el origen de esa suciedad interior es una mala interpretación de la libertad. Se le ha visto sólo un lado, el de la posibilidad de hacer todo, ignorando el otro lado, el que dice que si se puede hacer todo, no todo debe hacerse. Y que el mérito de la libertad está en la selección de las opciones correctas, las congruentes con la dignidad propia.

No está nada mal eso, porque al fin, una persona que se presta a hacer todo tiene escaso valor, es como una mercancía barata. Pero una persona que sabe elegir sí lo tiene en cuanto a que se reconoce que su dignidad le impide prestarse a todo lo que la libertad le permitiría.


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No hay comentarios en “Contaminación Interior”
  1. Ramón Preciado Dijo:

    Excelente reflexión
    La envié a muchos amigos.Gracias y felicidades.
    Un abrazo





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