Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Conveniencias Sociales
Eduardo García Gaspar
10 noviembre 2006
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
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Un tema de nueva actualidad es en este país el promovido por el PRD en la Ciudad de México para en esa ciudad decretar una ley para las sociedades de conveniencia, es decir, “un contrato entre dos personas del mismo o de diferente sexo, con o sin relación sexual para vivir juntas y tener ciertos privilegios equiparables a la institución del concubinato.”

Nunca antes había existido una petición para ese tipo de sociedades para, por ejemplo que dos ancianas viudas vivieran juntas. El tema se aclaró notablemente cuando en la radio escuché a miembros de ese partido apuntando que la nueva ley está dirigida a la “comunidad lésbico-gay”. Se había despejado la duda.

La ley del PRD para la capital mexicana está dedicada a ese grupo, lo que no deja de ser sorprendente, pues no es un grupo importante con gran peso electoral. Supongo sea más una parte de la agenda de moral progresista que tiene el PRD: están convencidos que debe hacerse y, de acuerdo a lo visto, pronto muy pronto.

Y esto me lleva al punto que quiero señalar. Es común escuchar reclamos del grupo homosexual en el sentido de querer que se reconozcan sus derechos, de tener derechos.

En algunas ocasiones se ha usado el símil de la lucha por los derechos de la comunidad negra en los EEUU. Esto, desde luego, supone dos cosas. Una que el color de la piel es igual a una conducta intencional y dos, que el segmento en cuestión carece de derechos.

No sé usted, pero que se conozca ninguna ley establece una separación de los homosexuales con respecto al resto. Al contrario, las leyes mexicanas dicen que nadie podrá ser discriminado y que todos serán tratados por igual. Consecuentemente, el reclamo de ese grupo tendrá que demostrar que las leyes mexicanas discriminan en su contra. Ninguna lo hace.

Para comprender mejor el tema, también conviene reconocer una realidad. La raza, por ejemplo, es algo involuntario en la persona, por lo que no puede compararse con la homosexualidad, que es una conducta seleccionada no inevitable. No se puede discriminar por motivos de raza, la ley lo señala, como tampoco por motivos religiosos, otra conducta intencional no inevitable.

Pero, a pesar de la ley, los humanos somos diferentes en muchas cosas adicionales y eso nos discrimina. Por ejemplo, dada mi estructura corporal no puedo jugar con los Osos de Chicago. Sería inútil argumentar discriminación por parte de ese equipo en mi contra, o por parte de La Scala de Milán si es que quiero cantar La Boheme allí.

Es el muy resuelto asunto de igualdad de dignidad, dentro de una realidad de diferencias en características personales. Poseemos amplias diferencias, algunas de ellas involuntarias, como mi imposibilidad de cantar, y otras decididas libremente, como el dedicarme a ciertas actividades o el pertenecer a una religión. Así es nuestro mundo y no hay mucho que hacer al respecto.

Poniendo todo lo anterior junto, tenemos algo muy claro a mi entender: esas sociedades de conveniencia son una iniciativa que persigue reconocer la existencia de uniones homosexuales en términos legales. Sólo esa comunidad ha reclamado la conveniencia de tal ley. El problema radica entonces en un asunto específico: ¿deben las uniones homosexuales tener ese reconocimiento?

Nada hay que los discrimine legalmente ni que les impida vivir juntos, ni que les prohiba heredarse entre sí. ¿Por qué buscar un reconocimiento especial?

Ellos seleccionaron un estilo de vida de tal naturaleza que les impide formar una familia, no diferente en ese sentido al del soltero empedernido. Pero, me parece que tal es el atractivo de la familia que desean ser elevados a ese nivel… lo que por una decisión propia no es posible. Fue una decisión propia, nadie la impuso excepto ellos a sí mismos.

Consecuentemente, el trasfondo del asunto es algo relativamente sencillo de establecer: esa comunidad intenta que su estilo de vida sea bien visto legalmente, que sea aprobado por el gobierno. La más poderosa manera de hacerlo es la de acercarse a la familia, núcleo de la sociedad. Por tanto, el tema es amplio realmente y se refiere a la moral más que a la ley.

¿Debe la ley dar aprobación a una conducta que se ha juzgado consistentemente contraria al deber ser? El asunto de fondo es éste y reconocerlo sería un adelanto.

POST SCRIPTUM

• El tema es realmente complejo, lo que me hace dudar de las bondades de la solución, la que sea, pues nuestros legisladores no tienen tal preparación, especialmente los del PRD.

• Una lectora de noticias de la radio argumentaba en defensa de esa comunidad que era bueno, pues reconocía lo que era una realidad innegable, la homosexualidad. El argumento es pueril, pues significaría que todo lo que es debería ser aprobado y eso mandaría a, por ejemplo, reconocer la violación como un derecho personal.

• Una forma de entender el problema es entender si existe neutralidad en la conducta homosexual: ¿constituye ella una conducta deseable en todos o es ella algo reprobable? Cualquiera que sea la respuesta, la condición legal para ella es la de no verla como un acto delictivo, pero de allí a reconocerla como un caso legal especial es algo muy distinto.

• Todo análisis del caso, sin embargo, deberá partir de la distinción entre la persona siempre merecedora de respeto y los actos que ella cometa, sabiendo que las críticas a esas acciones NO son actos de discriminación. Yo no podría argumentar que un lector me discrimina cuando escribe que está en desacuerdo conmigo.


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No hay comentarios en “Conveniencias Sociales”
  1. María Elena Rdz. Dijo:

    Eduardo: Tus comentarios me animan. Yo a veces me siento frustrada de ver tanto mugrero, de plano. Gracias y sigue escribiendo, please.





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