Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Crimen Racional
Eduardo García Gaspar
17 febrero 2006
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Si somos lógicos, entenderemos una realidad: las personas realizamos actos por una razón sencilla, nos conviene realizarlos. Los hacemos porque pensamos que esos actos terminaremos mejor que antes. Esta sencilla idea tiene repercusiones en el mayor problema mexicano de estos tiempos, la criminalidad.

El criminal comete un delito por la misma razón que usted y yo vamos al cine. Creemos que haciendo eso terminaremos mejor de lo que antes estábamos. Un criminal roba, secuestra, vende drogas porque le producirá un bien. Igual que cuando cualquier persona bebe un vaso de agua, o compra alimentos. ¿Suena tonto esto? Sí, pero sólo en la superficie.

En el fondo está la clave para atacar a la delincuencia creando las condiciones para que al criminal no le convenga cometer esas acciones. Esto equivale a elevar los costos de ser criminal y hacerlo de tal manera que los criminales dejen de comportarse como tales. La respuesta es directa.

La solución está en elevar las probabilidades de ser detenido y procesado. Si usted se ha decidido a asaltar un banco, su mayor preocupación será la de ser capturado y condenado.

Cuando las probabilidades son muy bajas, usted se animará a realizar el asalto… pero no sucederá lo mismo si las probabilidades de ser atrapado y condenado son altas. La criminalidad, por tanto, es más un problema de policía y juicios, que de grandes penas.

Sí, las penas importan, pero menos que esa probabilidad de ser atrapado y condenado. Un lector me comentó lo leído por él en un medio noticioso que reportaba eso mismo en un estudio de Guillermo Zepeda, “Crimen sin Castigo”, publicado por el FCE.

El objetivo del gobierno es, por tanto, hacer que la policía funcione. La razón de ser de un gobierno es la protección del ciudadano, su persona y sus bienes. Cuando un gobierno no hace eso, deja de cumplir con la esencia de su trabajo y se vuelve como un barredor que no barre, o un detergente que no limpia.

Y esto nos lleva a tratar una razón, quizá la principal, por la que el gobierno mexicano ha sido derrotado hasta ahora por la criminalidad.

El origen de esa derrota se remonta a tiempos de Lázaro Cárdenas, el sexenio que instauró la noción de un gobierno metido en todos los asuntos. A partir de los años 30 México ha tenido un gobierno amplio, involucrado en todo: educación, petróleo, energía, telecomunicaciones, salud, deportes, reforma agraria, comercialización, turismo y demás.

Es natural que con tan amplias funciones, ellas sean descuidadas. Dentro de ese cúmulo de funciones, la seguridad nunca fue una prioridad gubernamental y por ello no sorprende que la criminalidad florezca y el gobierno no sepa cómo combatirla.

Ese tipo de gobierno que no cumple con su responsabilidad central, ha creado mentalidades curiosas en la clase política. Tenemos, por ejemplo, gobernantes que creen que el crimen es producto de la pobreza, una tesis soñadora, que es negada por la evidencia, incluyendo la obra arriba citada. O que piensan que el asunto se arregla con castigos más serios.

O, peor aún, que no entienden que la criminalidad es la amenaza principal del país y que ella se puede atacar por medio de frases y palabras. La situación nacional es grave. El criminal es una persona que calcula beneficios y costos, uno de esos costos en la probabilidad de ser atrapado y condenado. La aprehensión de criminales es una labor de la policía y el procesamiento es de los jueces. Allí está la clave.

Y la policía actual, y los jueces, han sido puestos de lado porque las mentalidades de la clase política han distorsionado las funciones del gobierno. Nuestros políticos creen que el gobierno debe encargarse de todo, hasta de regalar artículos escolares. Es natural que descuiden funciones que les exigen trabajar.

Es más sencillo regalar pensiones alimenticias que atrapar delincuentes. Lo que en esta segunda opinión he hecho es agregar otra causa del auge del crimen en México. Sí, es un problema de detenciones y procesamientos. Pero también es un problema de gobernantes que tienen una idea errónea de lo que los gobiernos deben hacer. Es mucho más prioritaria la atención de la seguridad que cualquier otra. Es preferible tener el petróleo en manos privadas y una buena policía y jueces, que lo opuesto.

POST SCRIPTUM

El 5 de febrero, Luis Rubio publicó en Grupo Reforma, una columna en la que decía que,

“Los estudios más serios (en primer lugar, el más analítico de ellos, Crimen sin castigo, de Guillermo Zepeda, publicado por el FCE) demuestran fehacientemente que: a) la criminalidad no se origina por la pobreza o el desempleo; b) que el problema principal reside en la impunidad; c) que un delincuente, consciente de las pocas probabilidades de ser detenido y procesado, no va a ser disuadido por penas duras y prolongadas; y d) que la sociedad no percibe que exista una estructura policíaca o judicial confiable y legítima que pueda lidiar con el problema”.

Hay más material sobre el tema en ContraPeso.info: Crimen. En Crimen y Progreso se habla de los subsidios otorgados a los criminales, lo que xplica su proliferación. En El Sentido de las Penas Legales se resumen las famosas ideas de C. Beccaria. Y en Criminales Racionales hay una breve explicación del comportamiento lógico de los delincuentes.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



No hay comentarios en “Crimen Racional”
  1. H Bejar Dijo:

    Totalmente de acuerdo con su ensayo, me permitiria agregarle la otra cara de la moneda, es decir los beneficios de ser un hombre honrado, trabajador no se dan porque en nuestro Pais no hay una cultura de honor al merito, predomina el compadrazgo, recomendados , trafico de influencias etc. He visto muchos casos en que un empleo se le adjudica al hijo de la secretaria del jefe, que es amigo de…etc, desplazando a un recurso humano que podria hacer las cosas mejor. En un entorno como este se aprende que es mejor tener amigos que ser bueno en un area determinada de trabajo.





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