Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Crimen y Progreso
Eduardo García Gaspar
9 octubre 2006
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
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Unos dicen que se debe a una cosa, otros a otra y no hay acuerdos fáciles. Buscar las explicaciones es vital porque sobre eso dependerá la solución del problema. Se ha dicho que es causada por la falta de moral en la educación, por la desintegración familiar, por la brecha de ingresos, por disposición genética, por envidia y por muchas causas más.

Pero la criminalidad tiene otra explicación quizá más prometedora, la de los incentivos que se le han dado, por ejemplo, en México. El crimen es una “industria” altamente incentivada en el país y no extraña que con tanto apoyo que recibe, ella florezca. Esta explicación es más poderosa que la que cree que es la pobreza la que produce la criminalidad.

Si la pobreza causara la criminalidad, entonces dentro de México ella sería mucho más abundante que estados como Chiapas, Oaxaca y Guerrero, que en la Ciudad de México, que es mucho más rica. Una explicación mejor, no única, pero muy buena es la que establece una relación entre criminalidad y aplicación de la ley, una relación inversa.

A menor aplicación de la ley, mayor criminalidad. Cuando las probabilidades de denuncias de delitos, de aprehensión y de condena son muy bajas, la actividad criminal recibe un incentivo gubernamental de consideración, equivalente a un cuantioso subsidio. Pongámonos en la mente de un criminal y pensemos en los costos y beneficios que dedicarse a eso representa.

Los beneficios están dados por el botín logrado y algunas otras cosas, como tal vez la emoción de lograr salirse con las suyas o torturar a las personas víctimas del secuestro o robo. Los costos principales son el tiempo y equipo que se requiere, como armas, autos y herramientas. Sin embargo, el costo principal es el de la captura y condena: cuanto más altas sean las posibilidades de ser capturado y condenado, más costos tiene el criminal.

Y puede llegar un punto en el que los costos sean tan altos que la actividad criminal presente pérdidas, no diferentes a las de un negocio cualquiera que por eso mismo se vea obligado a cerrar sus puertas. Es por esto que el gobierno mexicano brinda incentivos al criminal y sus negocios se multiplican. No hay denuncias, no hay capturas y no hay condenas, y el criminal vive en un ambiente de apoyos y amparos gubernamentales.

Si los criminales hicieran un estado de resultados en las condiciones actuales, se vería muy claramente que los costos de su actividad son muy bajos y conviene por eso ser criminal. Cuando una industria es incentivada se multiplican los participantes en ella y es así que hay cada vez más criminales.

No es la única explicación, pues el problema es complejo, pero si es una explicación poderosa que da pie a una solución muy obvia: aplicar la ley, tener buena policía, leyes razonables y tribunales eficientes.

Pero hay algo más y de real fondo: los gobiernos tienen su razón de ser, la causa última por la que ellos existen. Esa razón de ser es la protección de los derechos de los ciudadanos que están bajo su autoridad. Es eso lo que los justifica y cimienta.

Cuando los gobiernos, como el mexicano, descuidan esa función de protección dejan de tener utilidad y la sociedad entera sufre las consecuencias puesto que a mayor criminalidad menor bienestar.

Los gobiernos como el mexicano, que han fracasado ya en su lucha contra el crimen, deben esa situación a la amplitud de sus funciones. Han querido abarcar tanto que terminan haciendo las cosas mal. En México, por ejemplo, el gobierno se hace cargo de la generación de electricidad, de la industria de petróleo, de la educación, de la salud, de la promoción del turismo y de muchas cosas más. No extraña que falle en ellas.

Y se da un fenómeno que no he visto mencionar con la amplitud que debiera: de todas las funciones que el gobernante tiene frente a si, seleccionará las más sencillas y fáciles de realizar, descuidando las complejas y riesgosas.

Es por esto que en México, por ejemplo, tenemos campañas publicitarias exaltando la labor de la presidencia y de los legisladores al mismo tiempo que la criminalidad avanza incontenible. Es más fácil hacer publicidad que castigar al criminal. Es más fácil defender los derechos humanos de los criminales que proteger a los ciudadanos de ellos.

POST SCRIPTUM

• No soy desde luego autor de la teoría de los incentivos dados a los criminales, una tesis que proviene de los terrenos económicos y que creo que Gary S. Becker ha promovido ampliamente.

• El criminal, además, se enfrenta a otra decisión de costos, la del costo de oportunidad: el precio que tiene que pagar por dejar su actividad presente para dedicarse a criminal.


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1 comentario en “Crimen y Progreso”
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