Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cristo Rey – B (2006)
Textos de un Laico
24 noviembre 2006
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura (Daniel 7, 13-14) inicia el gran tema de este domingo. Dice, “Yo, Daniel, en una visión nocturna, vi venir sobre las nubes del cielo alguien semejante a un hijo de hombre; avanzó hacia el anciano y fue introducido ante su presencia. Entonces recibió poder, gloria y reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo servían. Su poder es eterno, nunca acabará, y su reino jamás será destruido”.

Las palabras utilizadas denotan el mensaje central: venir sobre las nubes, poder, gloria, reino, eternidad. El salmo de este domingo enriquece el vocabulario.

Dice, “El Señor reina, vestido de esplendor. El Señor es rey; está vestido de esplendor; el Señor, está vestido y rodeado de poder. Firme e inconmovible está la tierra. Tu trono está firme desde siempre, tú existes desde la eternidad. Tus mandamientos son inmutables, Señor, la santidad adorna tu templo por años sin fin”.

• El evangelio (Juan 18, 33-37) narra el diálogo entre Jesús y Pilato. Dice, “En aquel tiempo preguntó Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?»  Jesús le contestó:

«¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»  Pilato le respondió: «¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?» Jesús le contestó: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis seguidores habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero no, mi Reino no es de aquí». Pilato le dijo: «Conque ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy Rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz».

La primera lectura y el salmo llegan a su perfección en las palabras de Jesús: “soy Rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.

• La segunda lectura (Apocalípsis 1, 5-8) reitera el tema al decir, “A Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos liberó de nuestros pecados con su propia sangre, al que nos ha constituido en reino y nos ha hecho sacerdotes para Dios, su Padre, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. ¡Miren! El viene entre las nubes. Todos lo verán, también los que lo traspasaron; todos los pueblos de la tierra harán duelo por su causa. Así será. Amén.

Dice Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que está apunto de llegar, el Todopoderoso»”.

Las tres lecturas reunidas celebran la fiesta de este domingo, Cristo Rey. El soberano que nos ama, el rey que ha dado su sangre por nosotros y que ahora se nos presenta vencedor, con dominio sobre todo y todos, el principio y el fin que llegará hasta nosotros como majestad altísima y eterna. Y, sobre todo, el que dice a Pilato, “escucha mi voz”. La voz del rey que nos creó y que quiere que regresemos a él, a su reino, uno que no es de este mundo. Se trata de una visión y una creencia sobre el final de los días, apropiada culminación de las lecturas del domingo anterior.

Dejan esas lecturas una impresión inicial de temor, que no deja de tener una dosis sana que propicia la revisión de nuestras vidas. Pero que al mismo tiempo, en su real significado, provoca un optimismo que jamás nunca nadie podrá crear. Estamos destinados a ir con Dios, con Jesucristo, la mayor de las majestades, nuestra defensa y soporte. El mayor de los reyes y de los poderes nos pide escucharle.

Curiosa situación ésa, la del rey todopoderoso que no ejerce su poder sobre sus creaciones. Lejos de eso, nos deja libres y nos permite incluso la posibilidad de ignorarlo. Nos invita solamente a escucharlo y por tanto a entenderlo como hoy nos lo dicen las lecturas, el Rey que nació y vino al mundo para ser testigo de la verdad, el Alfa y el Omega, el que vendrá reinante y poderoso.

Cristo Rey se nos presenta quizá como una brújula que guía nuestra vida, el destino final al que debemos ir: esplendoroso, regio, fastuoso, brillante, majestuoso. Saber que tenemos un destino así es ocasión de gozo y alegría sin fin. Quien, por tanto, escucha su voz, es alguien feliz pues ha aceptado su razón de ser, la eternidad junto a Jesucristo.


La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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