Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cuando se Decide
Eduardo García Gaspar
4 septiembre 2006
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Muchas son las veces en las que se duda. Un amigo, por ejemplo, el otro día estaba pensando si compraría o no un nuevo coche. El suyo ya tenía varios años y el ansiaba comprar un nuevo modelo que le agradaba mucho. Después de pensarlo, decidió no comprar el auto.

No sé si se daba cuenta él, pero se trataba de un caso claro de estudio de la Economía. Concretamente, mi amigo aplicó la idea del costo de oportunidad: lo que se pierde en caso de realizar un acto y no otros. Es obvio que al hacer algo dejamos de hacer otras cosas.

Lo que perdemos por dejar de hacerlas es eso, el costo de oportunidad. Si usted tiene alguna cantidad ahorrada puede hacer dos cosas, ahorrarla en un banco o invertirla en un negocio.

Si decide invertir en un negocio, el costo de oportunidad es la tasa de interés que usted hubiera ganado con sus ahorros. La deja de ganar pensando que el negocio le va a dejar un beneficio mayor. El costo de oportunidad es una noción económica básica y central, que sirve para evaluar la conveniencia de las decisiones que tomamos. Un caso muy específico y actual de costo de oportunidad es el de la publicidad gubernamental mexicana.

Es de sobra conocido que el gobierno mexicano dedica una enorme cantidad de recursos a la publicidad de sus instituciones. El costo de oportunidad que se presenta aquí es eso que se deja de hacer por dedicar recursos a la publicidad. Por ejemplo, un gobierno estatal hace publicidad turística para que la gente visite ese estado.

El costo de oportunidad es eso otro que se dejó de hacer y en lo que esos recursos podrían haber sido empleados, por ejemplo, obras de vialidad para mejorar el tránsito, o implantar un mejor sistema de policía para elevar la seguridad.

Supongo que uno de los clásicos casos de aplicación del costo de oportunidad sea el dinero dedicado por las autoridades a financiar al IMSS y el fondo de pensiones de sus empleados. Si con ese dinero pudiera haberse construido una presa o pagado becas escolares a las familias en pobreza extrema, ése es el costo de oportunidad que se tiene en ese caso.

El punto es reconocer que toda decisión implica una selección y al mismo tiempo una renuncia. Si se decide ir a Europa de vacaciones, ya no se podrá comprar el coche nuevo. Si se decide pagar subsidios a los agricultores ya no se podrá usar ese dinero para construir hospitales por ejemplo. La decisión correcta, desde luego, es la selección de la opción de mayores beneficios.

La idea del costo de oportunidad aplica también a cuestiones no económicas. Por ejemplo, el matrimonio implica la decisión de selección de una persona como cónyuge, rechazando a las demás como tales. Ése es el costo de oportunidad del matrimonio, o uno de tantos que esa decisión tiene (como el pago de colegiaturas de los hijos en lugar de algún carro de lujo).

No creo que haya decisión que no tenga un costo de oportunidad y un caso muy claro ahora mismo es el del PRD y su decisión de abandonar el camino de la legalidad tomando el de la violencia. En su cálculo, ese partido, ha preferido los beneficios de la ilegalidad a los de la legalidad.

El costo de oportunidad en ese caso es el de lo que hubiera podido lograr por la vía legal. Es el resultado de su decisión, lo que muestra también el efecto que tienen las decisiones políticas. En el caso del gobierno federal, sus gastos en publicidad tienen el costo de oportunidad de lo que se hubiera podido hacer, por ejemplo, en mejora de sistemas de policía y justicia con esos fondos.

En el caso del PRD, el optar por actuar fuera de la ley, también tiene efectos externos en la población y se conocen ya: toda la afectación al empleo en las zonas afectadas por sus plantones en la Ciudad de México… pero con una diferencia, ese costo no es pagado por el mismo PRD, sino por el resto de los ciudadanos y por eso no entra en los cálculos de pérdidas de ese partido. Los traslada a otros.

La Economía es una ciencia maravillosa, mientras no se le trate de usar como bola de cristal. Tiene el don de proveernos con explicaciones razonables de la conducta humana, aún en terrenos no estrictamente económicos y con eso nos permite saber más de nosotros mismos, como en los casos anteriores.


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