Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dando el Segundo Paso
Eduardo García Gaspar
12 septiembre 2006
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Estamos tan inmersos en los sucesos diarios que perdemos fácilmente la visión del conjunto y ese conjunto es una fascinante historia, cuyos antecedentes vienen de los años 70, con las primeras leyes electorales y que en 2000 tuvieron un resultado sorprendente: una transición democrática pacífica, sin aspavientos ni intranquilidades.

No pienso que aún entendamos qué grande fue eso que sucedió hace 6 años, cuando el PRI terminó su dominio y entró otro partido a la presidencia, culminando lo que había sucedido antes con los disputados y senadores. Fue ése el inicio, pero la consolidación vendría después, en las siguientes elecciones presidenciales, las pasadas. Prometieron ser cerradas y vaya que lo fueron.

Las encuestas conocidas indicaban preferencias iguales para los dos punteros en la carrera presidencial, señalando que no había nada para nadie y que una diferencia pequeña sería la que marcara la elección de uno sobre otro. Con los primeros resultados en mano la situación fue caliente, llena de protestas legales e ilegales, que terminaron hace unos días: Calderón fue declarado presidente electo.

La terminación, creo, debe llenarnos de orgullo a todos, pues estamos pasando la segunda prueba de la democratización y es una prueba ardua, más de lo que debiera ser por causa de las protestas del candidato perdedor y sus seguidores inmediatos.

Y esto es lo que estamos viviendo, el segundo paso de ese proceso. El primero fue la victoria de Fox y un gobierno con escaso talento político, más orientado a hacer publicidad de sí mismo que a crear acuerdos. Y con partidos más dedicados a campañas electorales que a lograr consensos.

Llegan las elecciones dentro de una situación económica estable y positiva, pero dentro de una situación política crispada por los sucesos de Oaxaca y la negativa del ex candidato del PRD a reconocer su derrota. Las elecciones, por el otro lado, fueron consideradas en extremo limpias por parte de observadores internacionales.

Y esto en conjunto es lo que muestra el segundo paso que debemos dar y que defino como la capacidad para reconocer la realidad más la habilidad de ser prudente.

Es un paso que está más en manos de los gobernantes que en manos de los ciudadanos. Y pide a la clase política esas dos cosas: que ellos vean la realidad y que sean prudentes. En otras palabras, que salgan de sus pequeños mundos partidistas con metas de corto plazo reducidas al objetivo de ganar elecciones. Y que tengan la habilidad de medir las consecuencias de sus actos en el país.

Porque en esto hay más de lo que aparenta. Un ejemplo: las acusaciones de miembros del PRD que afirman sin pruebas que las autoridades electorales son corruptas y fueron compradas por sus enemigos, son acusaciones profundamente miopes, que debilitan el suelo mismo en el que se sostienen quienes hacen tales acusaciones.

La negativa a aceptar su derrota, igualmente, lastima al país en el que ese candidato podría ganar legítimamente una posición futura. Y, globalmente, distrae la atención del gobierno para atender las disputas por el poder e ignorar las realidades y problemas del país.

Y ahora, la pelota está en manos de Calderón, de quien se espera que tenga más oficio político que su antecesor, lo que es seguro… casi cualquiera lo tiene. Pero Calderón, ahora, además de los problemas urgentes del país, que son grandes, tiene otro que funciona como la piedra en el zapato de un corredor.

El problema es de Calderón, sí, pero no únicamente de él, sino del resto de los gobernantes que tienen obligaciones de gobernar para el país no para sus partidos.

Es fascinante ser testigo de una historia tan intensa y fuerte, de este segundo paso de la democratización de un país que lleva décadas de tratar de ser un régimen libre, democrático, sin presidencialismo, con división de poderes, sin caciques, con instituciones eficientes.

Si logramos preservar la gobernabilidad daremos un gran paso, lo que la mayoría desea con fervor. Pero, debemos reconocerlo, hay pequeños grupos muy organizados que han hecho la apuesta contraria.

Quieren el poder a toda costa y por todos los medios para retirar libertades, para quitar la división del poder, para imponer sus sueños redentores de salvación social. Son los políticos convertidos en agitadores.


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