Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Políticos y Rancheras
Eduardo García Gaspar
6 julio 2006
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La palabreja generalmente usada para expresar el estado político mexicano actual es “crispación”, equivalente más o menos a enfurecimiento, exasperación, irritación y el resto que nos podemos imaginar.

La causa de esta situación es múltiple, destacando como una de las causas el tono de las campañas políticas, llenas de ataques mutuos, incluso desde mucho antes que ellas empezaran.

Al tono de las campañas debemos añadir otra variable, una más profunda y que tiene que ver con el modo de ser mexicano. Aquí suelen tomarse las cosas muy personalmente y, además, no tenemos el hábito de negociar y ceder para todos ganar.

Esta manera de ser, me parece, fue muy bien expresada en una canción de J. A. Jiménez: “Con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley. No tengo trono ni reina ni nadie que me comprenda pero sigo siendo el rey”.

Combine usted lo anterior y verá un panorama poco apetecible para los ciudadanos mexicanos. En el gobierno, los partidos enfurecidos entre sí disputando por más poder después de lanzarse fuertes ataques.

¿Podrán llegar a acuerdos en la política? Deberían, pues su meta es el poner cimientos para la prosperidad. No creo que eso suceda. El poder de los partidos en el legislativo será usado para sabotear lo que hagan los partidos en los demás poderes.

El panorama futuro empeora, además, por los sucesos actuales, como sea que ellos al final se resuelvan. De los ataques durante la campaña ahora se ha pasado a las acusaciones posteriores sobre la validez de las elecciones. Peor aún, se ha pasado del uso de las autoridades como el IFE para arreglar desacuerdos, a la utilización de la opinión pública para exhibirlos. Hasta a las calles ha pasado la reacción de la lucha por el poder.

La crispación, por tanto, se trasmina a los ciudadanos y entre ellos se generan antipatías. La acción política que eso hace es la imprudencia personificada. Ahora, sea quien sea el que llegue a la presidencia, tomará posesión entre protestas y sospechas de irregularidades electorales.

El daño ha sido hecho y lastimará a todos durante años. Contrasta esto, por cierto, con la mucho más visionaria posición del PRI al reconocer su derrota y evitar ser factor de desestabilidad.

Recuerda esta situación las etapas mexicanas. Después de la independencia este país fue un desastre causado por desacuerdos políticos y luchas por el poder. Después de la dictadura de Díaz, de nuevo, otra etapa de calamidades provocadas por la misma causa, el ansia de poder y los desacuerdos.

Las situaciones de desorden fueron solucionadas con regímenes autoritarios, el de Porfirio Díaz y el del PRI. La situación actual se dirige a otro desastre con la misma solución autoritaria.

¿Es inevitable? No, si se hace lo correcto. Pero si se continúa por la misma vía de ansias de poder, ya sabemos lo que sucederá. Lo correcto es aceptar la decisión de las autoridades en las que se ha confiado y no pasar a los juicios populares, ni a las movilizaciones.

Vamos por buen camino. No es una ruta sencilla. Puede ser arruinada por anhelos de poder y volver al indeseable gobierno de personas, no de instituciones.

Recuerda esto otra letra de Jiménez, la que dice “Yo no se pedir perdón porque nunca he perdonado, pero me voy a morir si no vuelves a mi lado”.

La mentalidad es terrible. Hago lo que quiero, nunca he perdonado, mi palabra es la ley, no sé pedir perdón, nadie me comprende. Quizá nuestros gobernantes hayan sido afectados por esta manera tan tonta de pensar del compositor.

Del presente gobierno debimos haber aprendido que necesitamos acuerdos, que hay problemas urgentes, que de nada sirve seguir en campaña, que la oposición debe cambiarse a negociación, que podemos hacer elecciones satisfactorias, que las protestas callejeras son dañinas, que el país debe modernizarse y que la inacción política causada por anhelos de poder causa pobreza.

Debimos haber aprendido eso. Lo que está sucediendo señala que no lo aprendimos y es una lástima, porque las animosidades de hoy impedirán la unidad futura. Ya son comunes los reportes de un país dividido y eso, señores de la clase política, es causa de ustedes, de muchos de ustedes y sus deseos irrefrenables de poder a los que no pueden resistirse.

POST SCRIPTUM

• La idea de que la doctrina política mexicana está basada en la filosofía de algunas de las canciones de José Alfredo Jiménez es muy vieja y la he tratado a través de mis columnas durante muchos años.

Por ejemplo, el lector puede imaginar el manejo de un presupuesto público o de las reservas internacionales por parte de un gobernante inspirado en

He ganado dinero para comprar un mundo más bonito que el nuestro, pero todo lo aviento porque quiero morirme como muere mi pueblo. Yo no quiero saber que se siente tener millones y millones, si tuviera con qué compraría para mí otros dos corazones para hacerlos vibrar y llenar otra vez sus almas de ilusiones y poderles pagar que me quieran a mí y a todas mis canciones”.

Es el populismo llevado a la canción ranchera.

CRONOLOGIA

• 6 julio, 9:31 —Grupo Reforma reporta dos noticias:

- “Hasta las 8:35 horas, con el 99.41% de las actas computadas, Calderón supera a López Obrador por 0.39 puntos porcentuales, al tener 35.80% de votos a favor, contra 35.39 del perredista”.

- “El candidato de la coalición Por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, anunció hoy que acudirá al Tribunal Electoral para impugnar los resultados del conteo distrital del IFE y convocó a sus seguidores a una “asamblea informativa” el sábado en el Zócalo”.

• Es lo que se sabía desde el principio: el candidato del PRD está dispuesto a absolutamente todo.

• Abajo está la redacción original del escenario de “Derrape y caída” publicado en octubre de 2005. Excepto por algunos detalles, lo que estamos viviendo en México tiene un parecido escalofriante.


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Escenario uno

DERRAPE Y CAIDA

Este escenario inicia con una extremadamente elevada temperatura durante las campañas, tanta que polariza a

Escenario Derrape y Caida

Escenario Derrape y Caída

buena cantidad de la población. Espontáneamente los ciudadanos toman favoritos a los que consideran absolutamente necesarios para salvar al país; y lo opuesto, muchas personas consideran a alguno de los candidatos como un error monumental.

Las discusiones entre personas comunes se tornan amargas y duras al tratar el tema.

Las encuestas muestran cifras muy similares para todos los candidatos; algunas encuestas se contradicen entre sí.

Los medios en general ponen más atención a los chismes y revelaciones diarias de campaña que a los temas de las plataformas políticas; los puntos de campaña y propuestas ocupan lugares secundarios a los ataques y contraataques entre los candidatos, que los medios engrandecen.

No hay candidato con ventaja clara. Sindicatos e instituciones, que antes no lo habían hecho, revelan sus preferencias por alguno de los candidatos.

Se llega a hablar de un pacto de civilidad para reconocer las derrotas, pero no se llega a nada. La presión crece conforme se acerca el día de la elección y las expectativas son similares a las de un partido de futbol clásico entre rivales tradicionales con fanáticos de humor explosivo. No se han dado debates de propuestas e ideas, todo es ataques y contraataques.

La elección llega y el abstencionismo es muy alto, casi del 60%. Se reportan irregularidades importantes en varias partes, pero la atención está centrada en los resultados conforme llegan. La gente, hastiada y confundida, no fue a votar invalidando en mucho el resultado electoral.

Con esto, las cifras son muy similares y no hay ganador claro durante la noche. El anuncio del ganador a la presidencia se retrasa aún más y hay dudas sobre conteo de votos. Los votos de mexicanos en el extranjero, se afirma, pueden hacer una diferencia importante. Las cifras no permiten anticipar ganador.

Uno o más partidos hacen declaraciones adelantadas de victoria que son contestadas por el IFE como “sin base.” En varios lugares de la república se hacen marchas de protesta contra irregularidades y en otros se festejan victorias adelantadas. Los medios reportan confusiones y versiones encontradas. Varias marchas de simpatizantes de diversos partidos pelean entre sí en las calles.

El calentamiento pre-electoral se ha hecho aún mayor después del día de la elección. Hay desacuerdos y confrontaciones entre partidos y candidatos. El TRIFE recibe quejas e impugnaciones de todos los partidos. El presidente Fox pide calma a los mexicanos en un programa de TV que interrumpe la programación de todos los canales.

Se hacen llamados de sensatez a los candidatos para que controlen a sus partidarios, pero las protestas y marchan rebasan la autoridad de los partidos y candidatos; uno o más de esos candidatos desoyen los llamados a la calma y emprenden giras nacionales para protestar contra la elección.

El conteo final de votos arroja un resultado y el IFE lo anuncia en un programa especial que pasa por todas las cadenas de televisión y radio. El resultado final es de inmediato festejado por el ganador con un discurso agresivo que habla de la implantación de un cambio de dirección ante el fracaso de todas las administraciones pasadas.

Es un discurso muy caliente, con argumentos de reivindicaciones sociales, cambios drásticos de política económica y confrontaciones de sectores —habla de pobres y ricos, de privilegiados y desprotegidos, culpando con desprecio a todos sus antecesores.

Por su parte, los perdedores no reconocen su derrota y declaran que consultarán a las bases de sus partidos para decidir si aceptan o no el resultado. Algunas instituciones declaran que la victoria debe reconocerse. Otras hablan de que es mejor hacer un nuevo recuento de votos. La situación se prolonga semanas sin que las derrotas se reconozcan y las marchas se acrecientan —hay cierres de carreteras en el centro y sur del país.

El ganador mantiene un tono explosivo y declara que “sólo los ciegos” no alcanzan a comprender su derrota. Crece de tal manera el ambiente de protestas que en algunos casos se aplica la fuerza del gobierno para reprimir actos de vandalismo. Las marchas se multiplican y la violencia es más la regla que la excepción; se habla de aplicar un “México Seguro” a la situación política.

En noviembre de 2006 la situación sigue confusa; el presidente Fox ha tratado de apaciguar los ánimos entre los partidos que no han reconocido su derrota. Se presentan evidencias nuevas de irregularidades electorales cometidas por los partidos, y se populariza la propuesta de un llamado a nuevas elecciones, que no encuentra eco en partidos que reclaman la victoria para sí.

La toma de posesión es realizada en medio de gritos, violencia y protestas que ya no son diferentes de la inseguridad criminal. El discurso de toma de posesión se suspende por amenazas. El nuevo presidente es llevado bajo protección especial a un otro recinto. Ese día en casi todas las ciudades hay protestas y marchas callejeras que llegan a la violencia y al vandalismo.

El nuevo gobierno empieza a funcionar con anuncios que intentan tranquilizar los ánimos, en un mensaje especial en todas las estaciones de radio y televisión, pero fracasa. Las protestas siguen cada vez más violentas y en ellas se declara que el nuevo gobierno es ilegítimo. Los ciudadanos mantienen su polarización, con opiniones opuestas y tercas.

La situación llega a extremos y se habla de una nueva revolución mexicana en los medios extranjeros. Se dan levantamientos armados en varias partes del país que declaran zonas con bajo el mando de otro presidente —elementos de la guerrilla no reconocen a las elecciones y realizan marchas hacia la capital mexicana.

La nación entera se conmueve ante estos sucesos y la desaparición de la autoridad; se dan retiros de los bancos —hay fuga de capitales y presión para una devaluación; algunas personas emigran al extranjero “mientras se aclaran las cosas.” Comienza a hablarse de la necesidad de un nuevo Porfirio Díaz que imponga la paz así sea por medio de la represión y de la posibilidad de aglutinar a todos los partidos en uno solo que comparta el poder durante un período extraordinario —una especie de junta de gobierno formada por los tres mayores partidos.

La inestabilidad política produce caídas sustanciales en las medidas de desempeño económico. Llega 2012 con un régimen en el poder que ha pacificado casi todas las zonas del país por la fuerza.

[El texto completo de los escenarios puede ser encontrado aquí]





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